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Cine

El Contador

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La norma implícita en Hollywood es que un director que asesta un buen golpe no tarde mucho tiempo en ponerse detrás de otro proyecto, idealmente más grande, ojalá con más estrellas. Tal vez el caso de Gavin O’Connor sea uno de los más peculiares que se registren en el último tiempo. Se trata del tipo que hizo ese sólido drama pugilístico titulado “Warrior” (2011), y que tuvo como siguiente paso en términos de largometrajes hacerse cargo de un proyecto casi maldito, “Jane Got A Gun” (2016), un western con Natalie Portman que cambió de director y coprotagonistas en incontables ocasiones. En total, un lustro sin estrenar que tuvo como suceso más reluciente el haber dirigido el capítulo piloto de “The Americans”. Ficciones con fuerza, donde la violencia y los lazos de sangre están siempre presentes, que de todas maneras lo ponen como un cineasta a quien seguirle la pista.

the-accountant-01En su nueva cinta, la historia sigue a Christian Wolff (Ben Affleck), un genio de las matemáticas que maneja una oficina contable para cubrir su real oficio: ser el encargado de los números de organizaciones criminales. A él, un hombre parco y de distante vínculo con su entorno, su pasado por momentos lo abruma, al tiempo que llega a realizar una asesoría a una empresa especializada en robótica, donde conoce a la joven y entusiasta Dana  (Anna Kendrick), y desde el departamento del Tesoro de EE.UU. le siguen los pasos por razones difusas.

Ni de cerca se trata del mejor filme que se ha estrenado en los últimos meses, pero sí es uno de los más sugerentes, con su cruce del drama a lo “A Beautiful Mind” (2001) –lo menos– y el criminal a lo “Killing Them Softly” (2012) –lo más–. Reúne su fuerza en torno al personaje de Affleck, un hombre de dos vidas que transita imparable a través de la trama, pero no ejerce la posibilidad de evolución. A la larga, eso en este caso termina siendo poco relevante, porque es suficientemente potente lo ofrecido por lo ambiguo de su pasado y lo incierto de su devenir.

the-accountant-02Aunque hay mucho de enigma, permite generar de todos modos una conexión, ser alguien importante para quien observa. De modo rotundo, esta es una película de un personaje y todos los demás salen y entran de modo intermitente, y –aunque bien interpretados por un elenco impecable– gravitan poco, la verdad sea dicha. Por lo demás, es un protagónico hecho a la medida de Affleck, quien desde que se pasó a la dirección en 2007 con “Gone Baby Gone”, sólo ha mejorado su ojo para elegir proyectos, concentrando su carrera en papeles que lo llevan a registros más uniformes.

Si la cinta genera dudas no es por el desempeño del actor, claramente, sino por los yerros de un guion que intenta expandir sus alcances más allá de las capacidades y termina haciendo patinar al filme. Un ejemplo: el personaje de Anna Kendrick es innecesariamente instrumental y estereotipado, y si se fija la mirada sólo en él y su rol en el conjunto, se entiende de mejor manera los desbalances de la historia, que tiene adiciones que hacen más abrumada y menos fluida y consistente la película. Pasa también con la acción que contiene, que puede estar bien dirigida –bastante feroz, con un montaje inteligente y un sonido formidable–, pero que finalmente le quita armonía y no se condice para nada con las últimas vueltas que da la cinta. Es, tal vez, otro caso de filme en que primó el mercado y para hacerlo con ese presupuesto el componente de acción duro era indispensable que lo tuviera en grandes dosis, más allá de que fuera un lastre.

the-accountant-03No es tampoco una obra de un artista hecha bajo un estudio grande –como “Gone Girl” (2014)–, pero sus limitaciones trascienden eso. Hay mucho de fórmula a lo Hollywood, donde las obviedades, la superficialidad y los momentos Eureka tienen su espacio –además de un tratamiento agraciado y poco común del síndrome que padece Wolff–, mientras al medio reside algo que de todos modos es bien poco común de ver en estos días: un protagonista poderoso y misterioso. Sin embargo, la película se complica la vida y se enreda más allá de lo necesario.

Ante eso, uno tiende a pensar que en manos del mismo Affleck, que se sumergió de un modo distinto en lo criminal con “The Town” (2010), la cinta habría sido todo lo redonda que no es. Porque cuesta pensar que con él como director el filme tuviese las contradicciones que tiene, como que en la última media hora pareciese comenzar una nueva película, con un personaje inicialmente muy postergado ganando relevancia y firmando su propia historia. Inconsistencias que convierten “El Contador” más en un ejercicio interesante que en una cinta de alto vuelo, que deja algunas escenas intensas e imponentes, pero, en especial, la convicción de que todos los que participan han tenido mejores largometrajes.

Por Gonzalo Valdivia

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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