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Cine

El Cazador

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El actor, director y guionista australiano, David Michôd, poco a poco ha ido ganando notoriedad en el mundo cinematográfico. Primero fue silenciosamente con el guión de la excelente “Hesher” (2010, co-escrita con Spencer Susser), y luego con su potente debut como director, “Animal Kingdom” (2010), cinta que narraba de manera brillante la turbia historia de una familia de criminales. Y ahora, con su segunda obra, Michôd entrega un filme mucho más íntimo y maduro que su ópera prima, con una firma más autoral y cercano al western, aunque no exento de algunas falencias.

THE ROVER 01En la Australia post colapso económico mundial (cualquiera, no uno en específico), una banda de criminales le roba el auto a Eric (Guy Pearce), un tipo hosco que no haya nada mejor que perseguirlos para recuperar su única posesión material. En el camino se encuentra con Rey (Robert Pattinson), integrante de la banda y hermano de uno de ellos, a quien abandonaron tras ser baleado. Así, Eric secuestra a Rey para dar con el paradero de los tipos que robaron su auto, en un viaje por una Australia desolada y devastada.

La película inicia de manera brillante, sólo valiéndose de escasos diálogos funcionales y dejando el resto a las imágenes y situaciones que son retratadas con maestría por Michôd, quien parece confiar absolutamente en la capacidad del espectador para captar todos los detalles que pone en encuadre, sin la necesidad de caer en la manoseada sobre explicación, defecto que suele darse comúnmente en cintas de esta categoría, donde su contexto debe ser explicado desde cero.

THE ROVER 02El mundo post apocalíptico propuesto por “El Cazador” es realmente desconcertante. Ni tan parafernálico como el que George Miller mostraba con “Mad Max” (1979), ni tan terminal como el de John Hillcoat en “The Road” (2009), sin embargo, coincide en la sensación imperante en estos dos: la desesperanza. Con la anarquía como ley y la violencia como respuesta a todo, Michôd va armando una inquietante road movie, que transita por los lados más oscuros del ser humano cuando este se ve apremiado por circunstancias que amenazan su supervivencia. Todo esto técnicamente acentuado por la música de Antony Partos, la que crea un suspenso permanente y por momentos aterrador, y la fotografía de la argentina Natasha Braier, quien apuesta por desérticos parajes y luz natural, lo que combinado al diseño de producción (mucha basura, mucho desorden, mucho caos visual) resulta en el escenario perfecto para la interacción de sus dos personajes protagónicos.

Y he aquí lo mejor de “El Cazador”, porque el despliegue escénico de Pearce y Pattinson es de tal nivel, que llega a ser abrumador. Guy Pearce deja atrás esos roles de hombre sufrido en las lides del amor y reposado en el drama, para dar rienda suelta a un tipo lleno de odio, tenso y pragmático, que no necesita de palabras para lo que puede transmitir con una sola mirada, mientras que Robert Pattinson sorprende en un papel nervioso, de mucha carne y hueso; un muchacho perdido, muy lejos de la brillantez intelectual y que actúa según sus instintos y corazonadas. Ambas personalidades combinadas en pantalla, da como resultado una química implosiva, bordeando lo enigmático.

THE ROVER 03Lamentablemente, dicha interacción entre personajes se da sólo a ratos, mermando el componente rítmico de “El Cazador”. Si bien sabemos que cada obra tiene su propio pulso y velocidad, acá el guión sacude a la narración en distintas cotas, muchas veces traicionando el tranco con el que se mueve entre secuencia y secuencia, lo que puede llevar a la impaciencia del espectador menos curtido en estructuras de cine no industrializado, por llamarlo de algún modo. Otra de las falencias de la película es la apatía que pueden generar sus personajes; acá el nihilismo se huele hasta en el polvo que envuelve al paisaje. La frialdad del protagónico a veces supera la supuesta amabilidad de su contraparte, lo que puede llevar a la poca empatía con ellos por parte de los que estamos al otro lado de la pantalla. No obstante, el visionado completo delata una humanidad oculta en estos, que si bien no justifica del todo el carácter medular del argumento, sí logra atar cabos que parecían sueltos.

Con “El Cazador” no estamos frente a una obra maestra, dado su grado de originalidad –que descansa en miles de otras obras- y las imperfecciones que alberga, sin embargo, es uno de los títulos valientes que ha pisado la cartelera durante este año, alcanzando con osadía aquellos niveles que muchas otras películas no se atreven siquiera a mirar de reojo. Bien por Pearce, bien por Pattinson y muy bien por David Michôd, que si sigue en esta senda, sin traicionar su visión y preceptos, probablemente no alcance la fama y la fortuna, pero de seguro generará aplausos y, más importante aún, trascendencia cinematográfica.

Por Claudio Tapia

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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