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El Botón de Nácar

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El estreno de “Nostalgia De La Luz” (2010), del documentalista Patricio Guzmán, marcó el inicio de un viaje a través de la memoria y la historia humana de un país. Conceptos que han sido abordados de distintas maneras en el cine chileno, pero que nunca han tenido la profundidad, belleza y trascendencia presentada por las obras de Guzmán, que en este caso retorna a sus tópicos esenciales para sumergirnos nuevamente en una perspectiva cósmica y trascendental. Esfuerzo que termina por entregarnos obras de una calidad muy por encima a lo que nos tiene acostumbrado la cartelera chilena, y que, sin duda alguna, carece de aquello que “El Botón De Nácar” nos otorga de manera magistral: cine con un mensaje profundo y cargado de un conocimiento acerca de nosotros mismos, en el que las heridas internas más profundas de nuestra cultura e historia son exhibidas e iluminadas.

EL BOTON DE NACAR 01En este nuevo documental, el relato se centrara en el agua y su relación con los indígenas de la Patagonia, como también con los desaparecidos y prisioneros de la dictadura que fueron arrojados al mar. La idea presentada es que el agua posee memoria y voz, iniciándose así un recorrido a través de distintos relatos, paisajes e historia de Chile. Al igual que en su anterior obra, Guzmán se vale de metáforas en relación a la naturaleza y sus principales figuras para lograr profundizar en eventos históricos. Dicho esto, si previamente desarrolló sus ideas en torno al desierto de Atacama, en esta nueva ocasión el foco lo poseen los océanos, ríos y glaciares, que desde su visión nos constituyen culturalmente, aludiendo a las potentes ideas en torno al agua, como también a  la intensa presencia geográfica de este recurso natural en nuestro país. En este sentido, y a medida que avanza el documental, se hace cada vez más explícita la intención de mostrarnos aquello que muchas veces se encuentra oscurecido, olvidado y omitido en nuestra historia, la que es marcada por una relación primigenia e intensa con el agua.

La misión es monumental, pero lograda maravillosamente por su ejecutor, quien personalmente usa su voz para  relatar esta relación entre los ingredientes de interés, algo no menor, puesto que de esta manera dota así al relato de un matiz semejante al de  una búsqueda personal e íntima, que anhela darle un sentido trascendental a aquellas atrocidades de la humanidad que más lo remueven dentro de sí. A partir de esta personalización, Guzmán se transforma en un representante de aquellas voces silenciadas, transmitiendo un dolor que se encuentra impregnado en el agua, fuente de la vida, pero que también es portadora de la memoria más brutal de un país.

EL BOTON DE NACAR 02A pesar de toda esta brutalidad, el documental fluye de una manera pausada, descriptiva y contemplativa, y no podía ser de otra manera, dada la temática tratada y el interés del director, que se posiciona en las antípodas de un cine comercial rápido e inmediato. En relación a esto, la  imagen y sonido de  la película dan cuenta de una intención por embellecer el mensaje de olvido y dolor que se nos transmite, esto por medio de paisajes naturales sobrecogedores que comunican por sí solos la magnitud del fenómeno cósmico observado por Guzmán, como también por secuencias en las que el uso del zoom nos acerca a realidades microscópicas que poseen una belleza muchas veces no percibida y que, a pesar de su pequeñez, trascienden en la pantalla grande. El sonido, por su parte, permite dotar al agua de un lenguaje propio, representado cinematográficamente a través de constantes sonidos acusmáticos, pudiendo entregar así un mensaje que respete su principal idea: el agua tiene voz y memoria.

A lo largo de la cinta recorremos el pasado, presente y futuro de una manera armónica e indiferenciada, en donde el relato indígena se puede relacionar de una manera abrumadora y directa con los sucesos de la dictadura. Todo por medio de un eje conductor  correspondiente al flujo constante del agua y su transformación, la cual, con su voz e imagen, genera vínculos hermosos a través de todo el documental. A partir de este fluir se construye una memoria cósmica que reside en nuestro interior, como también en todo lo que nos rodea. Esto nos permite acceder como espectadores a una posición de introspección, donde nuestras identidades y memorias se construyen a medida que avanza el metraje.

EL BOTON DE NACAR 03Lograr establecer una relación fuerte entre dos aspectos tales como el agua y la historia, es algo difícil de lograr. Más aún si esta relación se pretende desarrollar en los códigos cinematográficos. Pero Guzmán logra realizarlo de manera impresionante, logrando delicadeza, poesía y belleza, para finalmente trascender el mensaje inicial y llevarlo a dimensiones que sobrepasan lo local, encumbrándose así a fronteras mucho más lejanas y profundas de nuestra existencia como humanidad. El documental, finalmente, toma la forma de un rompecabezas con cada  pieza tratada de manera detallada, donde los conectores pueden ser artefactos tan sutiles como un botón o tan majestuosos como un océano, y que en conjunto dan forma a un todo superior.

En conclusión, “El Botón de Nácar” es poesía cinematográfica, donde la memoria, la historia y el agua fluyen de una manera conjunta y armónica, para dar forma a un relato cargado de identidad, que interpela al espectador a sumergirse en un viaje que parte en nuestro entorno, pero que termina en el interior de cada uno de nosotros, y así tener como fin último la transcendencia y el homenaje sin intereses políticos ni ideológicos a una memoria oscurecida, que durante lo que dura el documental, es brillante y bella.

Por Matías Ponce

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La Mirada Incendiada

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La Mirada Incendiada

Tiempos de dictadura, un hijo de exiliados políticos que vuelve a Chile por cuenta propia y un crimen de crueldad inconmensurable por parte de las fuerzas de orden. El tercer largometraje de ficción de la directora Tatiana Gaviola, “La Mirada Incendiada”, inicia con las palabras “Inspirada en un hecho real”, tomando como punto de partida el conocido Caso Quemados, atentado en el que Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri fueron víctimas de un ataque incendiario por parte de militares a plena luz del día en la vía pública.

Protagonizado por Juan Carlos Maldonado en el papel de Rodrigo, el filme prometía sin duda ser un aporte para la memoria de nuestro país, dada la historia en cuestión y su contexto, sin embargo, esta promesa metamorfoseó hasta convertirse no sólo en polémica, debido a la nula influencia que tuvo la familia de Rojas de Negri en materias de decisión cinematográfica, sino que también es una cinta que no cumple del todo con los objetivos que parece perseguir.

El inicio de la película muestra a Rodrigo volviendo a Chile con una cámara bajo el brazo y el propósito de desempeñarse cómo fotógrafo profesional. Tras andar un rato medio perdido, y luego de ser ayudado por una amiga vecina de su tía, logra llegar a la casa de esta y sus dos primas menores, quienes cariñosamente lo acogen a lo largo de la trama. Tras esto, se forjan lazos emotivos que dan cuenta de la personalidad dulce y templada del protagonista. De esta forma, se retrata claramente cómo Rodrigo influyó en la vida del resto de los personajes mediante escenas variadas, que muestran momentos íntimos en los que estos interactúan, desde conversaciones nocturnas y abrazos diurnos, hasta experiencias traumáticas que refuerzan vínculos.

A lo mencionado anteriormente, se suma la manera en que los personajes se comunican entre sí. Si bien, el guión resulta claro y conciso, los intercambios de palabras se articulan principalmente a través de diálogos medianamente breves y en ocasiones incluso un poco rígidos, cayendo en la sobre explicación del contexto dictatorial en el que ocurren los eventos una y otra vez, resultando en parte obvios. Además, el guión demuestra la clara intención de introducir gran variedad –y cantidad– de expresiones y/o dichos chilenos, dando así a entender una identidad lingüística acertada, que da cuenta de aspectos de nuestra cultura, pudiendo haber sido presentado de manera igualmente oportuna, pero a través de matices más sutiles.

Por otro lado, Rodrigo es retratado a través de conversaciones y acciones como un joven que no se encuentra realmente al tanto ni de la situación a nivel país, ni de las restricciones que esto implica, modificando el relato y añadiendo romanticismo mediante la presencia de un protagonista en parte inocente, que sueña con denunciar las injusticias del golpe sin pensar en repercusiones. En este sentido, resalta también el carácter poético que busca reflejar la voz en off de narradora de la historia –perteneciente al personaje de Carmen Gloria Quintana–, sugiriendo la existencia de una profunda relación previa al hecho incendiario entre Carmen Gloria y Rojas de Negri, interpelando acciones y decisiones tomadas por el protagonista. Esto agrega de manera similar un toque de romanticismo que resulta algo forzado y, sobre todo, algo lejano a la realidad de los hechos.

En cuanto a la atmósfera, la película logra reflejar el miedo colectivo y la tensión de la época, además de espacios y elementos característicos que resultan clave para retratar el período, tales como cacerolazos, protestas y allanamientos. Las escenas no son demasiado largas, por lo que hacen que la cinta sea dinámica y en su mayoría liviana, teniendo en consideración la carga del tema que trata. Sin embargo, esto mismo es lo que también genera que en algunas ocasiones se pierda un poco la continuidad entre una escena y la siguiente.

Por último, cabe destacar que, si bien las heridas dejadas por el flagelo dictatorial a lo largo y ancho de este territorio siguen estando cargadas de un rojo fresco y humeante, vale la pena que historias como estas vean a la luz en el formato cinematográfico, alimentando la memoria de nuestro país mediante expresiones artísticas cargadas de historia. Por desgracia, “La Mirada Incendiada” no cumple del todo con este objetivo, quedando al debe principalmente en temas de fidelidad con la memoria histórica nacional y la empatía hacia víctimas del caso, ya que, a pesar de que se deja en claro que el filme tan sólo se inspira en los hechos reales, este sin duda abre paso a preguntas que vale la pena hacerse. ¿Hasta qué punto es viable mezclar realidad y ficción? ¿De qué manera abordar temáticas delicadas de la manera más empática posible? Lamentablemente, en ese sentido “La Mirada Incendiada” desarrolla su narrativa omitiendo aquel elemento tan importante.


Título Original: La Mirada Incendiada

Director: Tatiana Gaviola

Duración: 102 minutos

Año: 2021

Reparto: Juan Carlos Maldonado, Catalina Saavedra, Gonzalo Robles, María Izquierdo, Cristina Aburto, Constanza Sepúlveda, Belén Herrera, Pascal Balart, Estrella Ortiz


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