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Cine

El Año del Tigre

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Existe un punto en el cine chileno, entre tanto revisionismo de las últimas décadas y las aspiraciones por parecerse a una industria “americanizada”, donde es capaz de reflejar a la sociedad y momento en el que estamos viviendo. Sebastián Lelio, logra dar este paso con su tercer largometraje titulado “El Año Del Tigre”, gracias a un realismo que borda el documental y una historia que, aparte de tener connotaciones metafísicas y existencialistas, nos presenta una situación cotidiana en un escenario del que todos los chilenos fuimos parte, el terremoto del 27 de febrero de 2010.

La película nos narra la historia de Manuel (Luis Dubó), un convicto de una cárcel al sur del país, que en medio del pánico desatado por el terremoto, logra escapar de su presidio para encontrarse con un paisaje devastado. El maremoto arrasa con su hogar y familia, obligándolo a emprender un viaje sin rumbo entre las ruinas y la desolación.

Luis Dubó interpreta a un personaje enigmático, del que nunca sabemos mucho y carece de objetivos dramáticos que lo muevan por la historia, más allá de mantenerse alejado de las fuerzas policiales. Lo suyo es vagar por una zona devastada, tratando de encontrar alguna excusa que lo mantenga en movimiento. En ese sentido, la película se apoya en la creación de atmósferas y en las emociones que transmite al espectador, por sobre la construcción de una trama. El uso de la banda sonora y el fuera de campo, logran recrear de manera magistral un escenario que nunca vemos en su totalidad. Escenas como la del maremoto, donde un primer plano del personaje observando al horizonte, mientras el sonido nos describe el horror de la catástrofe, hacen de “El Año Del Tigre”, una lección cinematográfica de cómo mostrar mucho, sin mostrar nada.

En cuanto a la puesta en escena, la cinta aprovecha el uso de las locaciones reales donde ocurrieron los hechos. En su mayoría, casas y edificaciones que quedaron en el suelo después del desastre, y caminos del sur del país. La forma de filmar de Lelio, es muy cercana al concepto del neorrealismo italiano, utilizando de manera muy inteligente lo que tiene a mano, relegando el peso de la narración al personaje principal y a la forma cinematográfica. Un referente muy patente es el filme “El Chacal De Nahueltoro” (1970) de Miguel Littin, tanto en la configuración del personaje y en el tratamiento audiovisual.

Otro acierto de la película, es el tono y sutileza para tratar el contexto y estrato social de los personajes. Es típico del cine chileno, cuando busca retratar a las clases más humildes, caer en la caricatura del “flaite” medio mafioso -o muy noble- que está inmerso en un entorno hostil, donde la droga y el “lumpen” son dueños de la calle. Está bien, esa es una realidad que existe y es cotidiana, pero por alguna razón nuestro cine ha sido incapaz de dar una mirada mínimamente verosímil sobre ese mundo. “El Año Del Tigre” logra dar en el clavo, gracias a un guión que entrega lo justo y necesario para no caer en excesos, y la impecable actuación de Dubó, quien tiene carrete con este tipo de personajes, pero esta vez, logrando una naturalidad pocas veces vista, a pesar de la carencia emocional e introspección de su personaje. Como prueba de ello, se encuentra la secuencia que comparte junto a Sergio Hernández, visceral y misteriosa, demostrando que gran parte de la película es sostenida por la capacidad actoral.

“El Año Del Tigre” es un viaje metafórico, de un hombre en busca de una libertad que no existe.  En ella se suceden secuencias con un gran peso simbólico y poético, que van labrando el camino hacía una conclusión lógica, pero que personalmente no comparto, en cuanto al arco que recorre el personaje. Aun así, el filme se transforma en una experiencia que nos entrega algo más de lo que estamos acostumbrados a ver, sobre todo en nuestra “industria”. Sería fácil catalogarla como una película exclusivamente de festivales, dirigida a una “elite” de espectadores, pero a veces es bueno aventurarse y pagar una entrada para ver una película que da un paso más allá, para entregarnos un retrato crudo y directo de lo que somos.

Por Sebastián Zumelzu

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1 Comentario

1 Comentario

  1. roberto

    31-May-2012 en 12:42 pm

    Bella película , me encantó la conección,alusiones al antiguo testamento y el gran trabajo y narrativa de cámara que no para de buscar y encontrar siempre al personaje de Dubó.
    Felicitaciones a todos los que hicieron la Pelicula !

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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