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El Abrazo de la Serpiente

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El fácil destacar “El Abrazo de la Serpiente” como una película original desde su sinopsis hasta su estética. No es fácil recordar alguna cinta que haya causado impacto que estuviese situada en la selva colombiana y que, también, lidiara con el conflicto de las tribus originarias e invasores occidentales, pero esta además lo hace con maestría, seguridad y simpleza, encontrando belleza en el asunto sin desmerecer los temas que contiene, haciendo de esta una película única.

el-abrazo-de-la-serpiente-01Se trata de dos historias separadas en el tiempo, pero unidas por el mismo personaje. En una de ellas, el joven Karamakate (Nilbio Torres) se encuentra con un explorador blanco que se encuentra enfermo y que busca la yakruna, una planta sagrada que le promete la sanación. Karamakate, el último hombre de una tribu destruida, resiente al afuerino, pero se compromete a ayudarlo a cambio de la información del paradero de posibles sobrevivientes de su tribu. En la segunda historia, unos cuarenta años después, Karamakate (Antonio Bolívar) se encuentra con otro occidental, un investigador americano que está en búsqueda de la misma planta y con quien emprenden el mismo viaje, ahora bajo un motor diferente.

“El Abrazo de la Serpiente” es original tanto en su concepto como en su propuesta. Filmar una película en la selva amazónica y con no actores fueron desafíos que, a pesar de haber complicado la producción según los realizadores, jamás se apoderaron del contenido de una cinta tan prolija en su puesta en escena, que demuestra haberse llevado a cabo con el mayor de los controles. Abundan planos generales que muestran un Amazonas infinito e imponente, en un melancólico blanco y negro el-abrazo-de-la-serpiente-03que señala la tristeza con que se cuenta esta historia, producto de un contexto histórico irreversible.

Apartando su impecable acabado, el mayor valor de la película –más allá de lo que su existencia signifique para la concientización de esta realidad– radica en la decisión de contarla desde el punto de vista del último hombre perteneciente a una tribu y rehusándose a disparar acusaciones fáciles a los colonos occidentales. Aunque la película muestra y sugiere la imperdonable violencia hacia pueblos originarios, no le dedica mayor metraje, pues su foco está más allá de la simple asignación de culpas. Y hay valentía en estar por encima de atacar esta injusticia; en mostrar las consecuencias de ella, no con vergüenza, rabia o denuncia, sino que de forma melancólica, a veces solemne y a veces cómica.

El hombre blanco es culpable del exterminio de pueblos, plantas y tribus originarias, y la cinta lo deja en claro más de una vez, pero va más allá en lo que dichas matanzas significaron. La interacción de el-abrazo-de-la-serpiente-02Karamakate con un científico blanco la primera vez está basada en el interés y el beneficio mutuo, pero la segunda historia es algo más complejo que eso y la perspectiva del personaje ha cambiado. Las interacciones entre ambos son quizás la parte más rica de la cinta: lo sutil de las caracterizaciones, sus silencios, la sobriedad y complicidad, a pesar de lo que cada uno representa para el otro.

Lejos de ser una historia de perdón, esta es una historia que lleva a la comprensión de los daños de la ignorancia, que habla de la tristeza en la desaparición de la cultura y no reduce a ninguna de las partes involucradas. Hacia el final, cuando el objetivo de Karamakate y el explorador es común y comprenden sus motivos, va dilucidándose que lo que la película sugiere tiene más que ver con la cooperación, con que la vinculación desde lo humano quizás sea lo único que permita el bien mayor, la preservación de la memoria.

Por Ignacio Goldaracena

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David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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