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Dunkirk Dunkirk

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Dunkerque

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La guerra, tanto las batallas como el antes y el después de los conflictos, ha sido siempre una fuente invaluable de historias para la televisión y el cine; es el drama humano, el dolor, la esperanza y el honor lo que nos mueve a contar una y otra vez estos sucesos desde cientos de miradas distintas y ángulos que ya han llegado a convertirse en clásicos de este género cinematográfico. Es por esto que plantear una nueva película basada en conflictos bélicos es siempre un desafío a la habilidad del equipo técnico para poder plasmar un hecho conocido desde una manera novedosa y, en mayor o menor medida, capaz de emocionar a la audiencia. La búsqueda de cómo encontrar esa originalidad y conexión con el público es la que lleva a una película como “Dunkerque” a poner especial énfasis en el ritmo con el que se cuenta una historia que, a diferencia de otras películas de rescates, como “Saving Private Ryan” (1998), centra su atención en el desarrollo psicológico de sus personajes más que en tomas de acción que retraten la crueldad de la guerra.

“Dunkerque” se posiciona, entonces, como una nueva entrega de Christopher Nolan, nombre mayormente conocido por su trabajo en la serie de películas que componen la saga de Batman (2005 – 2012), pero que ya posee una trayectoria y una filmografía sensible a los detalles y comprometida con el desarrollo de personajes que se remonta hasta “Following” (1998) y la inolvidable “Memento” (2000).

En esta historia seremos testigos del rescate de 400 mil soldados británicos de Dunkerque a través de los ojos de tres de sus protagonistas: Tommy (Fionn Whitehead), un soldado en búsqueda de volver a casa, un pescador británico (Mark Rylance) que se lanza al mar para ir a recoger a las tropas en la misma Dunkerque, y un piloto de la fuerza aérea británica (Tom Hardy) encargado de derribar a los bombarderos alemanes que evitan la evacuación. La multiplicidad de los puntos de vista genera una rítmica profundamente lograda a lo largo de los 106 minutos de película. Cada una de estas historias tiene un ritmo propio y reconocible, que interactúa con los otros relatos a través de saltos temporales y eventos cruzados que tejen la gran odisea del rescate de la playa de Dunkerque.

Una de las cosas que más destaca dentro de este planteamiento narrativo son los escasos diálogos presentes en el filme. Se esperaría, al tratarse de una película de rescate, encontrarse con un sinnúmero de interacciones verbales que sirvan para contextualizar y agregar tensión a la situación de los soldados, no obstante, estos diálogos no llegan a presentarse en el trabajo de Nolan, sino que son reemplazados por un rico lenguaje no verbal, un juego de cámara brillante y una banda sonora que entrega de manera sobrada la tensión argumental necesaria para que la película funcione sin necesidad de explicaciones, apostando a una inversión emocional que haga sentir la desolación y desesperanza de los soldados desde el silencio cansado que llevan a cuesta, y relegando los diálogos a unas pocas interacciones que articulan las distintas aristas argumentales presentes en cada una de las tres historias.

Desde ese trabajo de guion es que se plantea la sonoridad como esencial para sumergir al espectador en el clima de la película y hacerlo parte del relato. Sin embargo, este elemento no trabaja de manera independiente en forma de canciones envasadas, sino que se construye complementando plenamente la rítmica narrativa de la película, presentando violines y chelos eléctricos que conviven con el sonido de motores de aeronaves y disparos, hasta amalgamarse en una sinfonía que transporta al espectador de clímax en clímax a medida que la historia se mueve a través de las notas musicales y los juegos de cámara.

De igual manera, desde el punto de vista visual, el filme nos entrega una propuesta de encuadre impecable, que sabe utilizar ángulos y tomas centradas en los personajes principales sin caer en el error de sobreexplotar las caras conocidas de su elenco. Por el contrario, se dedica a insertar esos encuadres cercanos con tomas panorámicas que cambian rápidamente a medida que una historia se entrecruza con la siguiente. Del mismo modo, las decisiones de cambio entre los relatos se acompañan de una paleta de colores que caracteriza cada uno de estos momentos, mostrando un trabajo cuidado y decidido sobre la visualidad del filme.

En resumen, “Dunkerque” se presenta como una experiencia fílmica completa; un justo homenaje a los veteranos de la guerra y a los fanáticos del cine, capaz de arriesgarse y tomar su lugar como arte, es decir, hacernos sentir, soñar y emocionar a través de un trabajo consciente y maduro. Es claro que, más allá de lo experimentado de su director, esta película cuenta con una mirada fina de todo su equipo, y es muy difícil encontrarle fallas importantes e imperdonables que superen lo bien logrado de su composición.


Título Original: Dunkirk

Director: Christopher Nolan

Duración: 106 minutos

Año: 2017

Reparto: Fionn Whitehead, Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy, Cillian Murphy, Barry Keoghan, Harry Styles, Jack Lowden, Aneurin Barnard, James D’Arcy, Tom Glynn-Carney, Bradley Hall


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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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