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Todo el Dinero del Mundo Todo el Dinero del Mundo

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Todo el Dinero del Mundo

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La reciente visibilidad en los medios sobre los casos de abusos y acoso sexual en Hollywood fue la razón por la que “Todo el Dinero del Mundo” explotó en popularidad. Esta atención indeseada no tiene que ver con la temática del filme, más que en la poca humanidad que uno de los protagonistas comparte con los acusados. El actor original de aquel rol, Kevin Spacey, fue uno de los más recientes involucrados, por lo que Ridley Scott decidió reemplazarlo a semanas del estreno, cuidando su producción, pero también sentando el precedente que estas conductas ya no quedan impunes en las carreras de los atacantes, sean o no grandes figuras o millonarios de la industria.

Durante los años 70, Paul (Charlie Plummer), nieto del hombre más rico de la historia hasta ese momento, el magnate del petróleo John Paul Getty (Christopher Plummer), es secuestrado en Italia. Gail (Michelle Williams), madre del adolescente, suplica al millonario que pague el rescate de 17 millones de dólares pedido por los secuestradores, pero este se niega y ella debe luchar en dos frentes: los captores de su hijo, cada vez más peligrosos y el al avaro Getty, un hombre al que sólo le preocupa el poder.

Dirigida por Ridley Scott, “Todo el Dinero del Mundo” resulta un thriller de ritmo lento, inquietante y visualmente envolvente en sus planos y ángulos. Cada diálogo e imagen está cuidadosamente construida y coloreada para enfatizar lo que representan los personajes, desde la secuencia inicial, caracterizando claramente al adolescente Paul en una larga toma por las calles de Roma y su vida nocturna, hasta las apariciones del octogenario Getty, rodeado de obras de arte, colores oscuros y bajo contraste.

Si bien, la caracterización está lograda casi a la perfección, resulta difícil encontrar un protagonista en esta historia, sobre todo al inicio, ya que su construcción es tan pausada y ocasionalmente dispersa, que incluso la temática resulta perjudicada. Las grandes fuerzas son Gail y John Paul Getty, pero su confrontación es escasa. Scott decide pasar más tiempo con los secuestradores, quienes resultan poco amenazantes y no generan un sentido de urgencia mientras Gail trata con ellos, todo mediante un teléfono, perdiendo escenas que pudieron ser recordables con personajes más fuertes en pugna.

Michelle Williams entrega una sutileza en su interpretación que resulta mucho más creíble que lo exagerado de otras actuaciones similares, en cambio, elige pequeños gestos e inflexiones en su voz para dejar claro el momento que vive y la personalidad de Gail, la que resulta ser el centro moral del filme. Charlie Plummer (sin ninguna relación a Christopher Plummer) en el papel del joven Paul tiene un encanto particular y sutil, que lo hace llamativo durante el tiempo que se encuentra en pantalla, muy diferente a Mark Wahlberg, que, aunque no da una mala interpretación, parece no calzar bien en el rol de un calmado y retirado agente de la CIA.

Destacando entre todos ellos está Chistopher Plummer en el rol del millonario y avaro John Paul Getty. Tiene la presencia siniestra de un hombre despiadado que no cree serlo, le importa más su legado que la posible muerte de su nieto y posee una desconexión con la humanidad, entregada sólo por la perspectiva que le ha dado esa cantidad inconmensurable de dinero. Plummer deja que sus acciones hablen lo suficiente; es sutil, sin exageraciones dramáticas al interpretar a este hombre, para quien, más que tener como motor el acumular dinero, es motivado por la posibilidad de poder que este le entrega, siendo un complemento perfecto a lo interpretado por Williams.

Resultó un acierto que Plummer reemplaza a Kevin Spacey, quien aparece en la filmación original no sólo por la polémica de acoso sexual, sino también por el enfoque que entrega al personaje. Si bien, no veremos la versión de Spacey más que en el trailer inicial, se conoce el tipo de villanos que interpreta. Lo de Plummer es ser un hombre práctico, entregando una carga expresiva distinta, probablemente más cercana al hombre real y a los villanos que Ridley Scott suele retratar, como lo fueron Eldon Tyrell en “Blade Runner” (1982) o Commodus en “Gladiator” (2000).

Scott logra un thriller eficiente, pero algo disperso. Explora la idea de la violencia en actos y palabras, la avaricia, pero también la idea del legado y lo que significa para alguien como John Paul Getty. Este hombre resulta lo más interesante del filme; su obsesión con el poder y el sentido de propiedad que le entrega –algo que incluso se extiende a sus nietos, a quienes transforma en una inversión a largo plazo– crea un contraste que choca con la visión propia de humanidad. Es en esta exploración donde “Todo el Dinero del Mundo” brilla más, ya que lo construido en torno a los secuestradores se vuelve monótono con facilidad, no por su ritmo, sino por su falta de consecuencias.


Título Original: All the Money in the World

Director: Ridley Scott

Duración: 132 minutos

Año: 2017

Reparto: Michelle Williams, Mark Wahlberg, Christopher Plummer, Timothy Hutton, Romain Duris, Charlie Shotwell, Charlie Plummer, Andrea Piedimonte, Marco Leonardi, Roy McCrerey, Kit Cranston


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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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