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Curvas de la Vida

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Clint Eastwood es en sí un capítulo aparte en la historia del cine. A sus 82 años carga con una extensa carrera como actor, representando a íconos de acción que ahora son revisitados a cada instante en el género: desde el personaje sin nombre, ni moral ni ética definida de los spaguetti western dirigidos por Sergio Leone, al violento y mal hablado Harry “Dirty” Callahan, siempre dispuesto a ensuciarse las manos para hacer cumplir la ley. Por otro lado, su veta de director lo tiene considerado como uno de los más respetables y sólidos de la industria actual, siendo sus títulos parte importante de las listas de nominados a premios Oscar cada vez que se sienta detrás de una cámara. Siendo antojadizos, hasta en esa faceta ha sido imitado, y actores/directores como George Clooney o Ben Affleck, nacidos y criados en Hollywood, parecen querer recorrer esos mismos derroteros. Luego de anunciar su retiro –y representarlo de forma magnífica dentro de la pantalla- de la actuación en “Gran Torino” (2008), lo que nota aparte le valió ser el realizador más longevo en ganar el premio de la Academia al mejor director, vuelve a encarnar al último de sus papeles icónicos: el de viejo cascarrabias, mal hablado, pero de gran corazón, en “Curvas de la Vida”.

Gus (Clint Eastwood) es un exitoso cazatalentos deportivo que ha dedicado su vida a recorrer canchas universitarias y amateur de pueblos interiores de EEUU, buscando a las futuras estrellas del béisbol. Ya viejo y a punto de la jubilación, descubre que su vista le falla, justo cuando se le encomienda decidir por el jugador de liga estatal que será promovido a las ligas mayores. Por esta razón, y a regañadientes, acepta la ayuda que le brinda su hija Mickey (Amy Adams), quien se convertirá en sus ojos, y en el entretanto reflotará heridas de niñez y se interesará en Johnny, ex jugador que fue descubierto por Gus y que, tras una lesión, intenta aprender el negocio.

Tal como si estuviera reflejando su vida en cada fotograma donde participa, “Curvas de la Vida” habla principalmente de la vejez, de esa que trastoca la existencia de Eastwood, que no puede entender, pero sabe muy bien cómo representar en la pantalla. El anciano mal hablado, obstinado, con la sabiduría que dan años de pura experiencia, debe lidiar con la tecnología, las nuevas costumbres, con los jóvenes que creen saberlo todo y desean desplazarlo por considerarlo una pieza de museo, que se vería mejor exhibida en una casa de reposo. Además, el deterioro de su cuerpo le juega en contra, ya no tiene ni la habilidad ni las ganas de aprender nuevos trucos, ya no está para adaptarse a los cambios que trajo a su negocio la era digital.

El problema, pese a la consistencia argumental, el desarrollo fluido de la trama, de los personajes y de la calidad actoral de un abanico de secundarios queribles, es que no estamos ante una película de Eastwood. Para que no queden dudas, el resultado es bastante bueno, una mezcla de melodrama familiar, épica deportiva, historia de redención, junto a pequeñas cuotas de humor y la siempre efectiva trama del “underdog”. Pero algo le falta. Más bien, como primera incursión de Robert Lorenz, quien fuera el director asistente en varios proyectos de Eastwood, el resultado deja la sensación de que el alumno todavía tiene cosas que aprender del maestro. La clave es el estilo. Mientras Eastwood ha sabido imprimir su firma en todos los géneros que ha visitado, acá todo parece demasiado igual a otras cintas, demasiado calcado a otros proyectos donde Lorenz apoyó al que ahora es su protagónico, sin esa chispa que marque la diferencia.

Dejando de lado la comparación, “Curvas de la Vida” es un buen comienzo, un punto de partida más que correcto para una carrera que intenta desprenderse de la gigantesca sombra de ser el asistente de un director de la talla de Clint Eastwood. Además, permite disfrutar nuevamente de una actuación del veterano, que siempre ha sabido impregnar de humor esos arrebatos de la edad, y construir con ello personajes con más de una lectura, desde el cazarrecompensas sin nombre al policía de San Francisco. Lo que sí, tal como se ve en la película, a veces es mejor seguir aprendiendo de los maestros, sin olvidar que llega el momento de cortar el cordón y separarse, con todos los riesgos que esto implica.

Por Juan Pablo Bravo

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Star Wars: Los Últimos Jedi

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Star Wars: Los Últimos Jedi

Enfrentarse al desafío de continuar el legado de la magnánima franquicia de Star Wars, es un reto que no sólo debe tomarse con precaución, sino también con valentía. “Star Wars: Los Últimos Jedi” se posiciona en la cartelera con el camino bien pavimentado. Tras la sorpresiva aparición de “The Force Awakens” (2015) y el arrollador éxito de “Rogue One” (2016), el episodio ocho tiene por desafío mantener (y elevar) la barra de calidad que sus dos antecesoras han cimentado. Así como sus protagonistas tienen la responsabilidad de hacerse cargo del lado luminoso y oscuro de La Fuerza, esta película tiene como meta no sólo entretener y dar taquilla, sino cambiar el paradigma con el cual la saga se ha abordado en sus cuarenta años de historia.

La película retoma donde nos dejó el episodio VII. La primera orden ha destruido a la nueva República y, a pesar de haber perdido la base Starkiller, su superioridad militar respecto a la resistencia deja a los rebeldes al borde de la desaparición. Por otro lado, la chatarrera sensible a La Fuerza, Rey (Daisy Ridley), intenta traer de vuelta a la resistencia al legendario y deprimido Jedi, Luke Skywalker (Mark Hamill). La paz en la galaxia pende de un hilo y las fuerzas de ambos bandos se jugarán todas sus cartas en un choque inevitable, del cual uno de los dos no saldrá bien parado.

La trama de “Los Últimos Jedi” no deja espacios para respirar. Juega a tres bandas argumentales que consiguen conjugarse con la armoniosa astucia que sólo Disney parece conocer: la tensa acción, la sensible introspección y la rápida comedia. Porque sí, “Los Últimos Jedi” encaja perfectamente en la efectiva fórmula de las películas de Marvel; un equilibrio eficaz entre el vértigo, la intimidad y el cómodo drama, todo condimentado con amplias dosis de risas fáciles. Gracias a esto, la trama planteada por el director y guionista, Rian Johnson, consigue avanzar rápidamente y no deja muchos momentos para la discusión (aunque después del análisis ciertas cosas no cuadran mucho). Aun así, la historia se hilvana perfectamente con la línea editorial planteada en “The Force Awakens”, o más bien consigue madurar esas directrices y las empuja hacia los límites que su cinética narrativa permite. El guion avanza en tres líneas narrativas que progresan con una lógica aceptable y que consigue sumergirnos en el suspenso, la intriga y, sobre todo, la sobretonal emoción que la película pretende ostentar.

Los personajes se dividen en dos grupos claramente definidos: la nueva generación y las antiguas leyendas. Finn (John Boyega) y Poe Dameron (Oscar Isaac), rostros habituales, encabezan cada uno un arco argumental cargado de tensión y contratiempos. Finn juega un papel fundamental en el desarrollo de la trama entre la resistencia/primera orden y, aunque sus acciones se delimiten más por el azar que por mérito propio, consigue desarrollar una historia funcional y sin vueltas muy complejas. Dameron, por otro lado, finalmente protagoniza la trama que se le debía desde el episodio pasado y, como comandante de la resistencia, se enfrenta a decisiones morales que conllevan a enfrentar un tópico recurrente en el universo Star Wars: la impetuosa juventud versus la sabiduría que da la experiencia ¿Qué es más necesario, mártires o líderes? Una reflexión que la franquicia había obviado y que, por fin, se materializa con orgánica eficacia en la trama del piloto más hábil de la resistencia.

Pero todo esto no es más que un acompañamiento para lo realmente interesante, Rey y Kylo Ren (Adam Driver), quienes se roban toda la atención del filme al ser, quizás, los personajes de la franquicia fílmica que mayor conexión tienen con La Fuerza. En este punto, Johnson consigue un sorprendente manejo del suspenso y la inmersión. Nos mantiene capturados durante toda la película en espera a ver cómo se resuelven las dudas planteadas en el episodio anterior y consigue cosechar un crecimiento, si bien no sobresaliente, al menos creíble de sus nuevos héroes. El manejo del misterio y la intriga en la trama de los dos sensibles a La Fuerza es el punto más destacado de esta historia, la cual no termina por sorprender, pero si consigue coherencia y solidez respecto a los personajes que construye. Rey evoluciona, con sentido y razón, pero sigue siendo un personaje plano y bidimensional, mientras que Kylo Ren no hace más que avanzar, a veces desde la puberta hipérbole, como el gran protagonista de la nueva franquicia.  Ambos son los indiscutibles líderes de esta nueva camada de películas, quienes, en distinta medida, mantienen con vida la ambigüedad que implica La Fuerza, la luz y el lado oscuro; lo correcto y lo necesario.

Por otra parte, es imposible obviar a las leyendas Luke Skywalker y Leia Organa (Carrie Fisher). La princesa cumple su rol como general y personaje de apoyo, mientras que Luke, en esta faceta decaída y cabizbaja, entrega una interesante interpretación como último y decadente maestro Jedi. En este punto vale la pena detenerse, pues Disney parece no tener escrúpulos en volver evidente su divorcio con el legado de George Lucas y continuar con su insípido manejo de los personajes clásicos. Los hermanos Skywalker tienen limitados momentos propios a lo largo del filme, pero, por cómo se les aborda, pareciera que cuarenta años de legado súbitamente han desaparecido en provecho de los nuevos protagonistas. Asimismo, los secundarios “de antaño” han desparecido casi por completo y sus participaciones son limitadas a la comedia y los gags. Una lástima.

En lo técnico la película es un acierto en todas sus áreas. Fotográficamente, la madurez de la saga salta a la vista. Diversos fotogramas nos entregas variadas metáforas visuales que nos hablan del mundo interno de los personajes, como la frustración que siente Luke o la soledad que rodea a Rey y Kylo. La música, a cargo del maestro John Williams, se empareja con el montaje y levantan escenas enteras, entregándonos un espectáculo de vértigo, suspenso y emociones.

Visualmente el filme es un éxito en justa regla. La brutal pericia de la post producción demostrada por LucasFilm en las dos entregas anteriores alcanza su peak en este momento, dando vida a mundos llenos de detalles (el caso de los planetas) y dotando de espectacularidad toda la marcialidad de la Nueva Orden. En terrenos espaciales, las batallas están logradas bastante bien y, aunque limitadas, divierten dentro de lo posible. En general los combates, espaciales y terrestres, no son el plato fuerte del filme (en comparación con la suprema “Rogue One”), no así las coreografías e intrépidas batallas de sables láser y similares, las cuales deslumbran gratamente. Esta es una película que visualmente envejecerá muy bien y cuyos méritos en ese apartado no pasan solamente por la solidez de sus efectos especiales, sino también por la clara sensibilidad detrás de su visión fotográfica y su armado de montaje.

“Los Últimos Jedi” finalmente se libera de la mochila que implica cargar con ocho películas en su espalda y, a la velocidad de la luz, emprende vuelo propio en pos de la nueva generación, tanto de héroes como de espectadores. Los tiempos han cambiado y así mismo lo han hecho las audiencias y los realizadores, por lo que es obvio que la narrativa de Star Wars mute hacia la sintonía de Disney y sus otras patentes: comedia fácil, villanos planos y héroes bidimensionales que coexisten en una trama de manual escrita por talentosos guionistas. Si “The Force Awakens” fue un evidente tributo a la trilogía original, “Los Últimos Jedi” toma limitados y puntuales elementos de la saga, les da identidad propia y consigue entregarnos algo jamás visto, nuevo y propio. Quienes esperen revisionar “The Empire Strikes Back” (1980), acá no la van a encontrar. La saga ha tomado su propia ruta y, salvo puntuales momentos, delimita un nuevo camino por el que continuará la franquicia; no hay vuelta atrás. El filme es el heredero perfecto para la línea editorial planteada en el episodio VII, la hija prodigio de la space opera de J.J. Abrams. Sea esto bueno o malo, sólo el tiempo lo dirá.


Título Original: Star Wars: The Last Jedi

Director: Rian Johnson

Duración: 152 minutos

Año: 2017

Reparto: Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Óscar Isaac, Mark Hamill, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Benicio del Toro, Laura Dern, Gwendoline Christie, Kelly Marie Tran, Lupita Nyong’o, Anthony Daniels, Andy Serkis, Warwick Davis


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