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Cine

Corazones de Hierro

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Las revisiones históricas en el cine existen desde que este se creó, y una popular fuente dramática han sido las películas de guerra, tanto por la necesidad de mantener en la memoria momentos cruciales para cada nación, como por la emotividad que estas generan. Distintas culturas han contado su propia versión de los hechos, pero los norteamericanos siempre se han caracterizado por glorificar a los suyos obviando otras perspectivas. “Corazones de Hierro” es la última película en darle el tratamiento hollywoodense a la Segunda Guerra Mundial.

FURY 01La cinta sigue a un escuadrón de soldados norteamericanos hacia finales de la guerra, liderados por Don Collier (Brad Pitt). Tras la baja de uno de sus miembros, llega al grupo el joven e inexperto Norman Ellison (Logan Lerman), quien empieza a aprender los funcionamientos de la guerra a medida que la patrulla avanza en un tanque, llevando a cabo distintas misiones que los adentran en territorio enemigo, aún peligroso, a pesar de que la derrota alemana es inminente.

Es una grata sorpresa el notar cómo la atención de la cinta está situada en los personajes, dado que las cintas bélicas fácilmente pueden caer en la enumeración y chequeo de una larga lista de hitos mezclados con secuencias de acción. En “Corazones de Hierro”, al menos al principio, se privilegian aquellos pequeños momentos de intimidad de quienes están metidos en este caos: sollozos a escondidas, titubeos antes de disparar y el bromear como mecanismo de defensa para alivianar la tensión, toman lugar por sobre cualquier acción que pueda hacer avanzar la trama.

Es así como dicha trama no se siente particularmente fuerte, pero tampoco relevante, ya que se entiende que el foco no parece estar allí. Las misiones en las que se enfrasca la patrulla en las horas que encapsula la cinta son variadas, desde la toma de un pueblo hasta la vigilia de un cruce, pero sirven como herramienta para exponer a los personajes a los horrores de la situación. Aquí toma predominancia Norman, nuestro punto de entrada a este mundo, reacio en un inicio a ser parte de la matanza y aún sorprendido por los atentados cometidos por ambas partes en pugna. “Corazones de FURY 02Hierro” también cuenta con las necesarias escenas de batalla, los bombardeos y disparos que dotan de acción a la cinta cuando esta parece tener miedo de aburrir a la audiencia. Desde esta perspectiva, se aprecia que se mezclen elementos más propios del blockbuster, con una mirada más humana a los efectos que la guerra tiene en los involucrados, pero el problema está en que nada que revele esta introspección se siente muy novedoso o, en su defecto, interesante.

Cuando la cinta cae ante la necesidad de darle un clímax a la historia y evitar mantener durante sus dos horas de duración el estado contemplativo que llevaba en un principio, nos presenta una larga secuencia de un tiroteo rayando en el gore, en el que un pequeño puñado de estadounidenses se deshace de miles de anónimos soldados alemanes, y ahí es evidente que Hollywood lo hizo de nuevo y cayó en los peores vicios de aquellos realizadores que, bajo el alero del patriotismo, se convencen de que están haciendo lo correcto y de que su rol en las guerras no sólo no es cuestionable, sino que es necesario e importante.

FURY 03Con todo el cuidado que la cinta parecía tenerle a sus personajes, es mayormente reprochable el que nunca intente compartir esa empatía con la otra cara que formó parte de la guerra, quienes terminan por ser unos enemigos completamente genéricos y deshumanizados, cuya necesidad de ser asesinados por los americanos jamás es cuestionada. Que “Corazones de Hierro” no se libre de ser otra de las tantas producciones hollywoodenses que defienden y glorifican a los soldados norteamericanos es una lástima, ya que seguir haciendo películas de este tipo sin ofrecer una variante en su ideología o punto de vista, se siente inútil y redundante a estas alturas.

A pesar de estos defectos, no es una mala película. No es tan profunda ni reveladora como sus ambiciones indican, pero es lo suficientemente entretenida como para verla una tarde sin ánimos de cuestionarla. El problema es que juzgar a “Corazones de Hierro” en términos de calidad pasa a ser irrelevante, por lo innecesaria que se siente una producción como esta el día de hoy. Otro nombre más en la lista de películas norteamericanas empeñadas en contarnos la historia de manera exagerada y, en partes, inverosímil.

Por Ignacio Goldaracena

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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