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Zack Snyder's Justice League Zack Snyder's Justice League

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Zack Snyder’s Justice League

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Todo comentario sobre “Zack Snyder’s Justice League” debería partir reconociendo que se trata de una película imposible de abarcar en su totalidad. Todo lo que rodea este improbable proyecto, desde la lucha por lograr que se concretara hasta su colosal duración final de cuatro horas, habla de una obra tan desproporcionada y excesiva, que no tiene punto de comparación con otras cintas del género.

“Zack Snyder’s Justice League” es una película tan desprovista de balances y de matices, que es entendible que muchos espectadores queden con sentimientos encontrados una vez que comienzan a correr los créditos finales. Por un lado, sus pretensiones son tan altas, que inevitablemente terminan por chocar contra los límites del formato y contra las capacidades del mismo director y, por el otro, todas sus escenas se sienten vitales y necesarias para la trama, por lo que es difícil encontrar elementos que puedan dejarse fuera del metraje sin afectar negativamente el conjunto. De todas maneras, pese a lo difícil que resulta poner sus cuatro horas en la balanza para realizar una evaluación que le haga justicia, sí existe una certeza respecto a “Zack Snyder’s Justice League”: es indudablemente superior a la versión lanzada en cines.

A diferencia de la película que vimos en 2017, esta versión comienza donde terminó “Batman v Superman: Dawn Of Justice” de 2016: el hombre de acero ha muerto y su grito de agonía alerta a criaturas de otros planetas y universos que la Tierra se encuentra desprotegida. Mientras el reino de Apokolips prepara la conquista de nuestro mundo, Batman intentará reunir un equipo de superhumanos para hacer frente a las fuerzas enemigas.

Es cierto que no era muy difícil superar a la amputada versión de 2017, pero sería injusto no reconocer la evidente evolución de Zack Snyder, quien demuestra haber aprendido de los errores argumentales que cometió en sus anteriores acercamientos al Universo DC. Donde Snyder vuelve a tropezar, sin embargo, es en la capacidad de síntesis, que sigue siendo su mayor problema como director. La superioridad de su versión de la Liga de la Justicia viene del hecho de que los villanos de la cinta al fin se corresponden con la escala épica que Snyder buscaba desde “Man Of Steel” (2013). Mientras que su intento de convertir “Batman v Superman: Dawn Of Justice” en una alegoría religiosa y filosófica fracasaba rotundamente debido a que Lex Luthor era un enemigo demasiado terrenal, la amenaza que representan Steppenwolf y Darkseid para el multiverso permite a Snyder dar rienda suelta de una vez por todas a su esteta interno. Sin embargo, precisamente porque Snyder está obsesionado en convertir cada escena en una pintura renacentista y cada diálogo en un pasaje bíblico, sus personajes carecen de naturalidad y las interacciones entre ellos se sienten acartonadas y mecánicas.

Tratándose de una cinta que debería descansar sobre la química de su equipo protagonista, esta artificiosidad lastra toda la primera mitad del metraje y no desaparece hasta bien entrada la segunda parte, cuando la acción hace que las conversaciones pasen a segundo plano. Además, Snyder no es reconocido por su sutileza. Si bien, su obsesión por la épica puede rendir frutos en las escenas de acción y en el arco general de la película, esto no se traspasa de igual manera a los diálogos, tan repletos de superficiales y descaradas alegorías religiosas, que a ratos resulta vergonzoso escuchar hablar a los personajes. En este sentido, Flash cumple un rol importantísimo para bajar un par de cambios a la excesiva grandilocuencia de la cinta. En un universo de dioses, ejércitos extraterrestres y guerreros mitológicos, el joven científico interpretado satisfactoriamente por Ezra Miller entrega dosis de humor que nos recuerdan que existe una dimensión humana en la guerra entre universos rivales.

Otro gran problema de la película es el exceso de cámara lenta en las escenas de acción, lo que también afecta la naturalidad que deberían tener ciertos momentos. La lucha inicial entre las amazonas y las fuerzas de Steppenwolf es el momento más bajo de la cinta, con movimientos tan pausados por parte de las guerreras, que la coreografía se hace notoria y casi puede apreciarse la pantalla verde detrás de los personajes.

A fin de cuentas, resulta difícil entregar un juicio definitivo sobre “Zack Snyder’s Justice League”. Es una película excesiva y ambiciosa, cuyos diálogos tienen la profundidad de un vaso de agua, pero la titánica escala de su trama y de sus escenas de acción se encuentran ampliamente justificadas por villanos amenazantes y un conflicto bien construido. La narrativa de las Mother Box está mucho mejor explicada que en la versión anterior y las conexiones entre atlantes, amazonas y humanos revelan un rico universo detrás de la historia principal.

Probablemente serán los fanáticos de los cómics quienes más disfrutarán con “Zack Snyder’s Justice League”. Después de todo, una cinta de cuatro horas de duración lanzada directamente al streaming está destinada a convertirse en una obra de nicho. ¿Vale la pena verla? Sí, aunque sólo sea por ese segundo acto que recompensa enormemente los defectos de la primera mitad, y por respeto a la visión original de un director que, a pesar de sus errores y excesos, logró imprimir su sello personal en una industria que se caracteriza por su temor al cine de autor.


Título Original: Zack Snyder’s Justice League

Director: Zack Snyder

Duración: 242 minutos

Año: 2021

Reparto: Ben Affleck, Gal Gadot, Ezra Miller, Jason Momoa, Ray Fisher, Henry Cavill, Amy Adams, Joe Morton, Jared Leto, Jesse Eisenberg, Jeremy Irons, Diane Lane, Willem Dafoe, Billy Crudup


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Minari

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Minari

“Minari” exhibe, a través de un relato sencillo, la historia de una familia coreana que llega a fines de los años ochenta a Arkansas, Estados Unidos, buscando la oportunidad de progresar a través del cultivo de vegetales coreanos, con el fin de venderlos a la creciente comunidad de dicho país. Desde que llegan al terreno donde se ubica la nueva casa familiar, el padre se ve obligado a contagiar de su propio optimismo al resto de la familia, en especial a su esposa, quien no puede evitar mencionar detalles que en un principio parecen anunciar la ruptura de la visión idílica del nuevo hogar.

Dentro de lo que parece ser una caravana sostenida sobre pilares y ruedas, se construye con resignación el nuevo hogar. Los niños parecen aceptarlo y adaptarse, pero la madre parece extrañar la ciudad desde un principio. La abuela llega de Corea con el propósito de acompañar a sus nietos, pero principalmente a su hija, a quien le cuesta lidiar con la soledad que provoca el aislado lugar.

En este punto la historia se convierte más que el sueño de una familia, en la concreción de los planes que el padre quiere cumplir para probarse a sí mismo de que es capaz de reescribir su historia, y eso resulta bastante original en la trama, ya que da espacio para que los demás personajes puedan abordar sus propias inquietudes en paralelo a algo común como el éxito de un proyecto que tiene el potencial de mejorar las condiciones de vida que afecta a la familia. También se percibe la necesidad de la madre no sólo de sacar adelante a sus hijos, sino que también de integrarse a una comunidad o, a lo menos, recuperar partes de su vida pasada, y con una poco convencional abuela ayudando a su nieto en la lucha silenciosa por superar sus propios límites.

El eje del conflicto de “Minari” se centra en la relación del matrimonio, que comienza a dar las primeras señales de un problema más profundo a través de los diálogos que se refieren a decisiones del pasado, cuyas consecuencias parecen situarse con más fuerza en el presente. Esto es justamente lo que coloca una mayor presión en el resultado de la cosecha, convirtiéndose en un acontecimiento decisivo, ya no sólo para mejorar las condiciones económicas de la familia, sino que también para evitar el desencanto definitivo de su mujer. Si bien, la premisa es bastante sencilla, la clave parece ser la naturalidad con la que transcurre la historia, y en este sentido no es necesario saturar al espectador de explicaciones o diálogos para imaginarse el camino por el que transitó la familia para llegar hasta ahí y lo que verdaderamente está en juego.

La película tiene varios elementos dramáticos, pero van develándose progresivamente, evitando la sensación de agobio que podría provocar este tipo de enfoque. En este sentido, aparte del conflicto principal constantemente presente, los acontecimientos cotidianos logran elaborar una construcción sólida de las características de los personajes y consiguen que el espectador empatice y, por momentos, se divierta con lo que sucede. El problema se presenta al mostrar las emociones de los personajes, ya que no se alcanza a profundizar en ellas, tornándose superficial a ratos en este aspecto. Esto lleva a que se vea un poco caricaturizada la figura de la abuela y que los sentimientos entre el matrimonio sólo se manifiesten en las partes en que discuten, mostrándose en las demás escenas su relación como en una especie de piloto automático. El intento de integración a la comunidad se anuncia como algo relevante, que termina por no tener ningún impacto, quedando como un antecedente más que hubiera sido interesante conocer.

En otras destacadas películas coreanas, el elemento metafórico también ha rodeado la trama, tal como se observa por medio de la piedra en “Parasite” (2019) y el palo de golf en Bin-Jip” (2004). En el caso de “Minari”, Lee Isaac Chung incorpora un vegetal que, según entienden los mismos protagonistas, renace aún más fuerte después de morir, lo que deja entrever una luz de esperanza, pese al último acontecimiento que golpea a la familia. La planta también crece y se afirma en un lugar improbable, reflejo de la fortaleza de la acción de emigrar a una cultura absolutamente diferente, que en esta historia se transmite por el esfuerzo culminante para lograr el anhelado sueño americano que parece acercarse y alejarse en distintas ocasiones.

En definitiva, el mérito de “Minari” no se encuentra en la temática de fondo porque no es novedosa; se han hecho numerosas películas sobre inmigración que incluso muestran un camino mucho más sufrido. Lo que sí es posible destacar es la forma en que se exhibe la historia, dando un espacio a todos los personajes y mezclado una situación que puede parecer desesperanzadora con situaciones cómicas, dando un respiro a la trama, y la aparición de la abuela es clave para este fin, convirtiéndose poco a poco en un personaje que posiblemente será capaz de quedar en la mente de los espectadores. Estos elementos compensan el hecho de que las emociones no alcancen a tocar del todo a los personajes y pone el foco en el curso de la historia, que se acelera de forma muy efectiva en el desenlace, terminando en un excelente final.


Título Original: Minari

Director: Lee Isaac Chung

Duración: 115 minutos

Año: 2020

Reparto: Steven Yeun, Han Ye-ri, Youn Yuh-jung, Alan S. Kim, Noel Cho, Will Patton, Scott Haze, Eric Starkey, Esther Moon, Tina Parker, Darryl Cox

 


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