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Una Vida Oculta Una Vida Oculta

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Una Vida Oculta

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La carrera de Terrence Malick se ha caracterizado por su trabajo autoral, en producciones que exploran en profundidad una búsqueda de sentido a través de reflexiones que invitan a tomar una pausa y observar el mundo alrededor. Luego de deambular y pasearse por la rapidez de la vida moderna, Malick vuelve a adentrarse en el pasado, buscando e indagando en ideas que hablan de la naturaleza humana y la vida como objeto de análisis.

Basada en hechos reales, “Una Vida Oculta” se centra en la vida de Franz Jägerstätter (August Diehl), quien se negó a luchar para los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndose en objetor de consciencia frente a un mundo donde el nacionalismo crecía con fuerza. Franz deberá enfrentar a quienes se rehúsan a su idea y contará sólo con el apoyo de su familia para seguir adelante con su cuestionada convicción.

Adentrarse en “Una Vida Oculta” no parece ser una tarea sencilla, ya que sus casi tres horas de duración invitan a comprometerse e iniciar un viaje a través de la firme y tortuosa decisión del protagonista, pero contrastando con los apacibles prados de un pueblo en Austria de 1939. Esta oposición crea la atmósfera necesaria para que la inmersión sea casi completa, donde la contemplación del diario vivir de sus pobladores y la inmensidad de la naturaleza capturan el alma de una cinta que se encuentra en un estado de constante reflexión.

El ya conocido sello de Malick está instalado con garras firmes y no cuestiona la decisión de utilizar planos extensos para retratar la calma, luego la tensión, y finalmente la desdicha de personajes que habitan los prados de un lugar que acepta la guerra como parte intrínseca de la vida. Esto debido a que, para quienes rodean al protagonista, la lucha por la patria es una cuestión de honor hacia el pueblo, pero también hacia sí mismos. La construcción de hombre está puesta en la valentía de enfrentarse en la batalla, incluso si esto puede causar la muerte, pues esta no fue en vano y nunca se flaqueo ante ella. Por lo tanto, se exploran las reacciones que los habitantes del pueblo tienen frente a la lucha interna que vive Franz y, de paso, cómo esta desaprobación queda en los hombros de su esposa.

La construcción de Franz Jägerstätter, desde la persona al personaje, está tratada para entender cómo alguien criado bajo doctrinas logra romper sus cadenas internas y ser capaz de pararse con firmeza frente a quienes van a castigar severamente su decisión. Franz logra verse como un hombre con una fuerte convicción y una resistente fuerza interior, que lo lleva a no rendirse hasta el final, casi recordando el retrato de los jesuitas apóstatas que Martin Scorsese plasmó en “Silence” (2016). La interpretación de August Diehl logra capturar con sensibilidad y precisión cada uno de los momentos por los que tiene que verse enjuiciado y, aun así, seguir adelante.

En este viaje de un drama con una tragedia inevitable, las pausas que el relato se toma para retratar la apacible vida que Franz llevaba con su esposa se vuelven absolutamente necesarias, dando un respiro al inminente conflicto externo que se vivía históricamente. Las imágenes de intimidad familiar llegan incluso a justificar los procesos internos de Franz, para así negarse a participar en un hecho que compromete la belleza y la pureza que ha encontrado en su propia vida y cómo el acto de matar a otro atenta en contra de su relación con el resto, aquella fraternidad que también ha encontrado en hombres que se encuentran en una situación similar a la de él.

La contemplación que ofrece la narración, acompañada de la música a cargo de James Newton Howard, logra la reflexión que Terrence Malick tanto anhela, apelando a la pausa frente a la vertiginosidad del mundo contemporáneo para buscar sentido en lo remoto. Las preguntas que nacen a partir de sus imágenes y voces en off logran ser mucho más concretas que en algunos de sus trabajos anteriores y, pese a parecer una reflexión profunda y extensa, esta se limita a ser explorada en la historia que quiere ser contada, sin adornos y siguiendo una línea narrativa mucho más clara que en sus últimos trabajos.

“Una Vida Oculta” se emparenta con su trabajo en “The Tree of Life” (2011) y, aunque parece una obra mayor, esta se encuentra en un terreno de mucho más fácil acceso, la que, exenta de artilugios innecesarios, logra capturar un relato introspectivo y cautivante al acercarse a la intimidad de su protagonista, en medio de un escenario que transita entre la serenidad del refugio familiar y la crueldad propia de la guerra.


Título Original: A Hidden Life

Director: Terrence Malick

Duración: 174 minutos

Año: 2019

Reparto: August Diehl, Matthias Schoenaerts, Valerie Pachner, Michael Nyqvist, Jürgen Prochnow, Bruno Ganz, Martin Wuttke, Karl Markovics, Franz Rogowski, Tobias Moretti, Florian Schwienbacher


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El Hombre del Norte

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El Hombre del Norte

Robert Eggers ha tenido una corta carrera en el mundo del cine, pero sus dos películas anteriores han resultado sumamente interesantes. Ambas de géneros radicalmente diferentes, “The VVitch: A New-England Folktale” (2016) y “The Lighthouse” (2018), sin embargo, comparten una sensibilidad estética y narrativa que parece más interesada en generar sensaciones y atmósferas que en contar una historia de forma lineal, particularmente en la de 2018. “El Hombre del Norte”, su tercer largometraje, a ratos parece querer mantener aquella línea, pero no siempre logra sostener su simple y predecible historia a través de su atmósfera e imaginería.

“El Hombre del Norte” cuenta la historia del joven príncipe Amleth (Alexander Skarsgard), cuyo padre es asesinado frente a sus ojos por su tío Fjölnir (Claes Bang), debiendo escapar y abandonar su hogar y a su madre (Nicole Kidman), jurando venganza. Luego de ser acogido por una brutal tribu de vikingos, y vivir y luchar junto a ellos por años, Amleth recibe una visión: debe volver a su hogar para recuperar su reino y vengar a su padre. Junto a Olga (Anya Taylor-Joy), una joven esclava con misteriosos poderes, Amleth emprende el camino de vuelta a su hogar para llevar a cabo su venganza.

Si esta historia resulta familiar, es porque es una reinterpretación de la leyenda de Amleth, relato que posteriormente inspiraría a William Shakespeare a escribir “Hamlet”. Si bien, esto hace que la historia se vuelva algo predecible, Robert Eggers logra introducir algunos pequeños giros y detalles estilísticos, lo suficientemente interesantes para que el guión no se vuelva tedioso. Dicho esto, la narración no tiene mayores complejidades y, más que a sus películas anteriores, “El Hombre del Norte” se acerca más a la seguidilla de películas de acción épicas que incorporaron diversas mitologías durante la primera mitad de la década de 2010, partiendo con el remake de “Clash Of The Titans” de Louis Leterrier.

Ahora bien, la mayoría de esas películas resultaron ser completamente olvidables e intrascendentes, y “El Hombre del Norte” logra destacar en el fuerte de Eggers: la visualidad y el estilo. La incorporación de elementos metafísicos y mitológicos a esta historia de venganza le vienen como anillo al dedo al director, quien logra representar estos elementos con originalidad y una visualidad muy especial y única. Precisamente estos son los momentos en que la película realmente brilla y se separa del resto de cintas de acción que han salido a lo largo de los años. Sin embargo, dichos momentos son menos recurrentes de lo que pudieron haber sido, y la película parece concentrarse más bien en las brutales secuencias de acción y combates cuerpo a cuerpo.

Estas escenas están muy bien coreografiadas y funcionan desde un lugar sumamente visceral; cada golpe se siente fuerte y doloroso. Sin embargo, la película falla en darle peso emocional a tales secuencias porque los personajes parecen más bien piezas en un juego de mesa que personas de verdad. Las luchas, por entretenidas y brutales que sean, no se sienten peligrosas, ya que, como espectador, no importa tanto quién gane o pierda porque no se logra generar una conexión con los personajes que batallan por sus vidas. Y esto es algo que recorre la transversalidad de la película, y se siente particularmente con la relación entre Amleth y Olga, que inician un romance que se siente forzado y poco significativo.

Visualmente la película es un triunfo. Tanto la cámara como la dirección de arte nos transportan a un mundo frío y violento, haciendo un especial hincapié en la brutalidad y bestialidad de la masculinidad de este mundo, con largos planos secuencias retratando la violencia y la agresión con la que estos hombres rigen sus vidas. Desde esta perspectiva, la película parece tener cierto interés antropológico en el mundo que retrata, poniendo tanto énfasis en las batallas como en los rituales nórdicos que realizan los diferentes personajes, pero no alcanza a profundizar mucho más, dándole preferencia al ritmo de la historia y principalmente la acción.

Esta decisión podría ser cuestionable, ya que “El Hombre del Norte” no llega a ser mucho más que una sólida película de acción, con una gran puesta en escena y un fuerte sentido de estilo y estética. Y, si bien, es discutible si esta película debió haber sido algo más teniendo tantos elementos que podrían haber sido profundizados para construir una experiencia mucho más única, lo cierto es que Robert Eggers logra realizar una épica mitológica que se sostiene visual y estilísticamente, y quizás eso es más que suficiente.


Título Original: The Northman

Director: Robert Eggers

Duración: 136 minutos

Año: 2022

Reparto: Alexander Skarsgård, Nicole Kidman, Anya Taylor-Joy, Willem Dafoe, Ethan Hawke, Björk, Claes Bang, Ralph Ineson, Kate Dickie, Murray McArthur, Ian Gerard Whyte, Hafþór Júlíus Björnsson


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