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Una Noche Para Sobrevivir Una Noche Para Sobrevivir

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Una Noche Para Sobrevivir

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Desde que llegara a la cúspide de Hollywood con el rol protagónico en “Schindler’s List” (1993), al mismo tiempo que aseguraba la rentabilidad de su nombre al aparecer en “Star Wars: Episode I – The Phantom Menace” (1999), Liam Neeson ha tenido una carrera próspera y elogiada, estableciéndose como uno de los principales actores duros de su generación, heredero natural de lo que alguna vez fue Steve McQueen o James Cagney. Esto mismo se ha visto recalcado más que nunca en los últimos años de su carrera, donde el irlandés se ha dedicado a encarnar un tipo de personaje duro, decidido y sin miedo a recurrir a medios violentos para lograr lo que desea, pero siempre apegado a un estricto código moral. Dentro de esto, el ejemplo más obvio ha sido “Taken” (2008) y sus dos secuelas. A pesar de no ser muy del gusto de la crítica, las tres cintas han sido rotundos éxitos de taquilla.

RUN ALL NIGHT 01Siguiendo con este vehículo que tan bien le ha funcionado en el tercer acto de su carrera (Neeson ya tiene más de 60 años), “Una Noche Para Sobrevivir” le da al actor una nueva oportunidad para disparar tiros y patear puertas en la piel de Jimmy Conlon, un retirado y desgastado sicario de la mafia de Brooklyn, que deberá retomar las andanzas de su pasado cuando su hijo Mike (Joel Kinnaman) se vea enfrentado accidentalmente a sus antiguos empleadores.

Jimmy Conlon es en esencia el mismo personaje que Neeson ya ha interpretado en años recientes: duro, extremadamente hábil con las armas, veloz para tomar decisiones, y enfrentado a un mal implacable, aunque él no lo haya buscado provocar. La diferencia más importante radica, en este caso, en los elementos externos a la acción propiamente tal. En este sentido, el gran mérito que ofrece “Una Noche Para Sobrevivir”, que es también lo que la diferencia positivamente de sus coetáneas, es que la línea que separa a los “buenos” de los “malos” es extremadamente difusa, incluso moldeándose a lo que va requiriendo el relato. Esto es logrado por medio de un trabajo tan básico como dotar a los personajes principales de más de una dimensión sicológica, algo de lo que suelen estar exentas las películas de acción.

RUN ALL NIGHT 02Así es como Jimmy Conlon actúa de manera correcta, priorizando siempre a su familia, pero de todas formas es un asesino despiadado, y a medida que van pasando los minutos, su pasado le comienza a pesar más de lo que parece capaz de soportar. Paradójicamente, esta definición también se ajusta a su contraparte, el jefe de la mafia, Shawn Maguire (Ed Harris). Quizás el único que es totalmente “bueno” es Mike Conlon, pero aun así las circunstancias extremas a las que se ve enfrentado lo llevan en más de una ocasión a coquetear con lo inmoral.

Dotada de esto, “Una Noche Para Sobrevivir” ya cuenta con unas fichas más fuertes que lo habitual con las que apostar. Esto eleva al resto del material, donde las secuencias de tiroteos, y especialmente las de combates mano a mano, están realizadas con precisión y filmadas de una manera clara y ágil que les saca el mejor provecho posible.

RUN ALL NIGHT 03Quizás el único gran problema de la película, y que la hace ceder al colocarla al lado de las mejores cintas de acción del último año, es que nunca logra abandonar el tono denso y tensionado. Esto no sería en absoluto un problema si es que la obra no lo intentara; de hecho, la premisa se sostendría sin mayores inconvenientes, pero son una serie de chistes forzados y fuera de lugar que incomodan más de lo que divierten, los que aparecen para desentonar con el resto.

Sin cambiar de género, Liam Neeson se anotó quizás su mejor película con “Una Noche Para Sobrevivir”, al menos desde que se parodiara a sí mismo en “The Lego Movie” (2014). Da para pensar de si el problema no eran en realidad los guiones que le entregaban, donde Luc Besson ha sido una constante. Cabe recordar que el director/guionista francés es famoso por armar películas de acción en torno a personajes simplísimos y poco interesantes, que sirven más como herramientas que como roles en sí mismos.

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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