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El contexto histórico, social o geográfico, es relevante al momento de contar una historia. Pero cuando dicho relato está particularmente enfocado en la experiencia de sus personajes, la forma de aquella historia puede variar cuando su objetivo está puesto en su fondo. En ese sentido, el director alemán Christian Petzold ha trabajado en su filmografía historias centradas en la experiencia humana universal, puesta en personajes que se encuentran en medio de situaciones inesperadas. Luego de “Phoenix” (2014), su nueva cinta, “Transit” –basada en la novela del mismo nombre de Anna Seghers–, toma la idea de jugar con el contexto para plantear cómo la experiencia de sus personajes se superpone cuando estos desean encontrar su lugar en el mundo.

Georg (Franz Rogowski) busca refugio en Francia luego de arrancar de la Alemania Nazi. Al llegar a Marsella, su identidad será confundida con la de un escritor que ha muerto. Mientras espera en este lugar para ir a su verdadero destino, conoce a una misteriosa mujer que pondrá en duda sus planes y su propia identidad.

La historia original de Anna Seghers transcurre en 1942 en medio de la ocupación Nazi, sin embargo, la cinta de Petzold toma los eventos y personajes de aquella novela para situarlos en una época de características ambiguas, donde no queda claro si es en medio de esta década o en algún tiempo pasado. Lo anterior a causa de escenarios que corresponden a la Francia de la actualidad, pero muchos de los objetos, vestimentas y los mismos personajes pareciesen pertenecer a una era pasada, donde lo digital no era protagonista. Desde el primer minuto se establece esta dicotomía entre anticuado y moderno, pero la invitación para sumergirse en este experimento narrativo es concreta y, mientras se avanza con el protagonista, la ambigüedad temporal deja de importar, puesto que el relato es un estudio de personajes y las temáticas que se esconden en su texto.

La particular característica atemporal del relato es una evidente declaración frente a problemáticas que siguen vigentes, siendo la inmigración uno de sus ejes. Una vez que Georg llega a Francia, debe luchar no tan sólo con el proceso legal de su situación, sino también con el rechazo de la autoridad y de quienes tienen la nacionalidad francesa. Al mismo tiempo, y luego de huir, esconderse y ser marginalizado, se enfrenta en un encuentro forzado con quienes están pasando por la misma situación. Por lo tanto, la compañía en este viaje hará que se sienta menos solo en un lugar que luce un aspecto amigable, pero que les grita con desprecio a quienes no pertenecen. Esta aproximación a las políticas de inmigración y los efectos que estos movimientos causan en un país, es la clara propuesta narrativa y una crítica para hablar de una realidad que es evidente y contingente en todo el mundo.

Si bien, “Transit” es una cinta que destaca por su originalidad en su propuesta narrativa y discurso, se toma de aquellas propiedades para plasmar una historia de amor que a veces se carga al melodrama, encausa el relato y finalmente es lo que prevalece después de haber ahondado en sus personajes y sus historias. Cuando Georg conoce a Marie, la profundidad con la que es construido se deja sentir en su superficie y afloran los conflictos que le darán un ritmo mucho más rápido a un relato que se caracteriza por avanzar lentamente, pero que en ningún momento decae.

“Transit” propone, en sus casi cien minutos de metraje, una historia de amor cargada de drama, logrando traspasar el paso del tiempo y las distancias geográficas, pues su propuesta narrativa atemporal ayuda a que los personajes se vean desprovistos de características propias de una época en particular. La vigencia en sus temáticas invita a la reflexión frente al sentido de pertenencia a un lugar, y la conexión con las personas que lo habitan. Finalmente, la cinta se sostiene sobre la idea de que, independiente de la procedencia geográfica o incluso el contexto temporal, las experiencias humanas logran trascender a estos conceptos.


Título Original: Transit

Director: Christian Petzold

Duración: 101 minutos

Año: 2018

Reparto: Franz Rogowski, Paula Beer, Godehard Giese, Lilien Batman, Maryam Zaree, Barbara Auer, Matthias Brandt, Sebastian Hülk, Emilie de Preissac, Antoine Oppenheim, Louison Tresallet, Àlex Brendemühl


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Mystify: Michael Hutchence

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Michael Hutchence

La mayor trampa de un documental musical es caer en el éxito objetivo más que en la potencia de los fracasos subjetivos. De hecho, cuando aquello ocurre, se olvida la fuerza de lo documental y se queda la predominancia de la música, de la figura, pero más allá de cualquier cosa, un hálito a discurso oficial que, pese a ciertos bemoles, no se advierte en “Mystify: Michael Hutchence”. Y eso es vital para que el trabajo evite quedarse a medio camino entre el brillo de una estrella de la música popular australiana y las tormentas que pueden aquejar a alguien que elige el aislamiento por sobre la petición de ayuda a los cercanos.

La historia de Michael Hutchence podría ser pensada como la del ascenso y caída de INXS, conjunto clave para el pop-rock australiano, con una influencia mundial que se desvaneció más rápido de lo debido. Pero lo cierto es que la vida de Hutchence, y todo lo que la rodeaba, exigía un trabajo puntilloso y bien hilvanado. Eso es lo que el director Richard Lowenstein comprendió a la perfección, desde el armado estructural de la trama hasta la sensible decisión de que el relato fuera coral, sin entrevistas en cámara, sólo material de archivo y entrevistas en off, lo que puede mostrar ciertas incongruencias a nivel de guion, pero sin duda que permite mirar con diferentes ángulos la vida de Michael.

En vez de mostrar los hitos de INXS, como haría un documental clásico, por ejemplo, “Queen: Days Of Our Lives” (2011), lo que se va construyendo en “Mystify: Michael Hutchence” es cada parte de la persona detrás de la carismática, sensual y misteriosa figura del vocalista de la banda. Sus relaciones sentimentales, incluyendo testimonios de parejas históricas, como Michelle Bennett, Kylie Minogue o Helena Christensen, van dando a conocer no sólo los detalles de esos pasajes de la vida de Hutchence, sino también construyendo las certezas y dudas que él tenía consigo mismo, generando un puente entre sus historias en el presente narrado y su pasado, sus raíces familiares, y también sus intereses más allá de la música.

Algo que llama la atención es el nivel de extensión del archivo propio que tenía Michael Hutchence, incluso en su adolescencia, con material en video que mostraba lo que había detrás de las imágenes ya conocidas, permitiendo así que el retrato sea aún más fidedigno porque no hay necesidad en rellenar el documental con registros en vivo o entrevistados en pantalla. En vez de ello, la presencia del cantante es intoxicante, con pocos respiros, en un cúmulo de información que aprieta el pecho y dificulta la respiración, entregando parte de la experiencia que implicaba para el protagonista ser parte de su propia historia.

El punto más cercano a la creación de una historia oficial sobre Hutchence puede ser la forma cándida en la que se habla de drogas en el documental, algo que puede llevar a equívocos respecto a la influencia de este tipo de sustancias en la historia general o en sucesos específicos. Pero, fuera de ello, los roces creativos, administrativos, sentimentales o familiares se exponen con la suficiente imparcialidad como para entender que había una acumulación de experiencias más allá de las drogas, y que tenerlas lejos de la mira no era un acto de saneamiento, sino que de perspectiva para comprender cómo una vida puede recibir tantos estímulos externos e internos, como para que las drogas no parecieran ser tan fuertes.

El mayor problema en este trabajo audiovisual –que en lo técnico está claramente pensado para una sala de cine, desde la mezcla de sonido hasta la disposición de textos en pantalla– está en el guion, que cae en las trampas del relato coral y deja cojas algunas patas de la historia. “Mystify: Michael Hutchence” es exigente porque la cantidad de información, descripción y emoción dispuesta en pantalla es grande, y puede ser un tanto desconcertante para quien no sea conocedor de la historia de INXS o de su protagonista, pero también es parte de la experiencia, que en este caso, tal como el título de la obra, intenta engañar a quienes creían conocer al artista sólo por la altura de su figura, dando cuenta de todo lo auténtico que en verdad tenía un creador cuya pérdida más terrible no es la musical, sino la humana.


Título Original: Mystify: Michael Hutchence

Director: Richard Lowenstein

Duración: 102 minutos

Año: 2019

Reparto: Michael Hutchence, Patricia Hutchence, Kylie Minogue, Helena Christensen, Bob Geldof, Paula Yates, Lesley Lewis


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