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Ted Bundy: Durmiendo Con El Asesino

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Ted Bundy es, sin duda, una de las figuras más fascinantes en la cultura estadounidense. Uno de los asesinos seriales más infames de la historia de Estados Unidos y del mundo, la existencia de copioso material audiovisual de su juicio, además de entrevistas y testimonios de algunas de sus víctimas sobrevivientes, lo transforman en un personaje sumamente interesante. “Ted Bundy: Durmiendo Con El Asesino” intenta darle una nueva contextualización a esta historia, sin embargo, la falta de enfoque y punto de vista la transforman en una experiencia desabrida e irrelevante.

La película empieza cuando Liz Kendall (Lily Collins), madre soltera, conoce a un carismático y atractivo Ted Bundy (Zac Efron), y rápidamente comienzan una relación amorosa. Años después, Ted es acusado de intentar secuestrar a una joven en el estado Utah, y lentamente comienzan a acumularse contra él múltiples acusaciones de asesinato. Aunque alega inocencia, es llevado a prisión, y Liz, a pesar de creerle, lentamente comienza a distanciarse de él.

Es difícil hablar sobre la trama de esta película, ya que intenta contar dos historias paralelas sin profundizar en ninguna. Por un lado, seguimos a Liz a medida que aumentan las acusaciones en contra de Ted y cada vez parece más lejana la posibilidad de que salga en libertad. Por otro lado, seguimos a Ted, el atractivo y carismático estudiante de derecho que es acusado de asesinato en múltiples estados. Sin embargo, ninguna de las tramas desarrolla a sus personajes lo suficiente como para construir un relato que se sostenga.

Con Liz pareciera que el filme intenta hablar sobre el increíble atractivo y carisma de Ted Bundy, y cómo era capaz de prácticamente embrujar a sus parejas, pero su personaje y su relación con Ted nunca son profundizadas. A pesar de haber un claro cambio en ella al final de la película, no se entiende qué lo gatilla, ni qué es exactamente diferente en ella, ya que nunca tuvo un carácter bien definido.

Por otro lado, seguir a Ted Bundy a través de sus juicios y sus estadías en prisión resulta interesante, pero hasta cierto punto. Pese a ser un personaje sumamente atrayente, la falta de decisión y punto de vista de parte del director, Joe Berliner, hace que nada de lo que ocurre tenga real impacto en la forma de relacionarnos con él. Es un tratamiento puramente expositivo y no se alcanza a aborrecer ni empatizar con Ted, ya que nunca conocemos realmente su intimidad, sólo vemos la cara que muestra al público. Esto se siente como una oportunidad perdida, teniendo en cuenta que la película supuestamente trata sobre la relación de amor y odio que Liz tiene con él.

Visualmente la película es sumamente plana y no hay mucho que decir al respecto: la cámara simplemente muestra los hechos que ocurren, sin enfatizar ni enmarcar nada de ninguna forma interesante. Incluso el setting setentero no alcanza a sentirse importante, como en “Zodiac” (2007) de David Fincher o “American Hustle” (2013) de David O. Russell, en que los 70 de verdad brillan.

Por otro lado, las actuaciones tampoco sobresalen. Esto se debe probablemente a que los personajes no están lo suficientemente desarrollados para que sus actores tengan espacio para desenvolverse. Incluso Zac Efron, que hace un trabajo bastante correcto como Ted Bundy, nunca alcanza a salirse del mismo carisma y afabilidad constantes que el personaje muestra al mundo exterior, debido a que el filme nunca se aventura en su mundo interior. Esta es una decisión que corre tanto por guion como dirección, y que pudo haberle dado a Efron mucho más material para demostrar su capacidad actoral.

Los asesinos en serie son una temática compleja de tratar en cualquier tipo de ficción, ya que siempre se corre el riesgo de caer en la farandulización de estos personajes, olvidando que sus víctimas fueron reales. Esta película cae, sin embargo, en el otro extremo: la absoluta banalidad. Mucho se podría extrapolar sobre el fenómeno de Ted Bundy y lo horroroso y fascinante que resulta él como personaje hasta el día de hoy, pero “Ted Bundy: Durmiendo Con El Asesino” no se atreve a hacer más que relatar los hechos sin emitir comentario alguno.


Título Original: Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile

Director: Joe Berlinger

Duración: 110 minutos

Año: 2019

Reparto: Zac Efron, Lily Collins, John Malkovich, Angela Sarafyan, Kaya Scodelario, Jeffrey Donovan, James Hetfield, Grace Victoria Cox, Kevin McClatchy, Jim Parsons, Haley Joel Osment


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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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