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Shame, sin reservas

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A primera vista, por el tráiler y las imágenes promocionales, es fácil pensar que “Shame” es la historia de un adicto al sexo y no más que eso. Luego de verla, esa conclusión termina siendo una verdad a medias. “Shame”, más que la historia de una adicción, es el profundo retrato de la vergüenza.


Brandon (Michael Fassbender) es un hombre atractivo, treintañero, soltero, con trabajo rentable, que al parecer tiene todo lo necesario para una existencia, si no feliz, al menos cercana a ello, y cuya particular rutina diaria se ve abruptamente modificada por la llegada de Sissy (Carey Mulligan), su problemática hermana menor. Hasta aquí, un drama como cualquier otro. La diferencia es que Brandon es un adicto y manejar su adicción se va a hacer cada vez más difícil.

Steve McQueen se reencuentra con Fassbender (antes lo dirigió en “Hunger”, su debut como director de largometrajes) a través de un personaje complejo, de cuyo pasado no se revelan más que fragmentos muy pequeños y que, pese a eso, transmite prácticamente sólo con su gestualidad, un mundo interior lleno de soledad y dolor. Mulligan, a su vez –con su característica expresión infantil-, funciona como catalizador. Es ella con su calma aparente quien da señales de un pasado no exento de malos recuerdos y desencuentros; es ella quien lo arrincona y descontrola. Al punto de generar más de una crisis con su sola presencia.

Los demás actores, en roles secundarios son más bien funcionales, sirven para que veamos qué pasa con Brandon, para hacer énfasis en su incapacidad de generar lazos y relaciones duraderas, en su clara renuencia al contacto que no derive en sexo. Y no precisamente sexo satisfactorio y placentero.

McQueen vuelve a los planos extensos  (en “Hunger” hay un plano secuencia de 15 minutos aproximadamente), que se van transformando en su sello característico y se vale de ellos para obligarnos a recorrer lugares y sensaciones que de otro modo sería difícil dimensionar. Esto, que en otras manos podría tornarse aburrido o hasta monótono, en las de McQueen no lo hace, él llena la pantalla de matices y quiebres que mantienen la atención del espectador.  Y cuenta además con una banda sonora que sirve de soporte. Ver a Sissy cantar “New York, New York” sin pausas, es un claro ejemplo de cómo la música transmite emociones casi como un personaje más de la historia.

La luz fría, que marca visualmente toda la película, no hace más que acentuar la imagen de un hombre que sufre profundamente, que siente culpa por no ser capaz de pasar un día, o mejor dicho, unas pocas horas sin ser manipulado por su adicción, y se encuentra en un minuto de casi aceptación de su realidad. Eso, hasta que se ve enfrentado a la presencia de su hermana, cuya vida va en picada y avanza directo a la total pérdida de control. Dos personajes atormentados que en conjunto no hacen más que exacerbar aquello que les consume.

La película no tiene como fin aleccionar o esperanzar a quien la vea, es calma y avanza a su propio ritmo. No abarca grandes extensiones de nada; ni de tiempo, ni de personajes, ni de espacios. Da la impresión de ser la consecuencia de algo que no vemos, pero que podemos adivinar. La idea, al parecer, es que acompañemos al protagonista en su accionar, que de una u otra manera podamos ver desde él.

“Shame” es una película para analizar y discutir. Es cruel y no redime de culpas. Mucho menos enjuicia. McQueen se limita a narrar una historia acotada a hechos concretos y al presente, lo demás queda en manos del espectador. Es él quien debe hacerse cargo de recrear aquello que no ve. Quien debe lidiar con lo que le provoca este hombre consumido por sus necesidades y profundamente avergonzado de ellas.

Por Lya Guerrero

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Lightyear

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Lightyear

“Lightyear” inicia con un pequeño título que dice que, en los años noventa, Andy, el personaje de la serie de “Toy Story”, recibió un juguete de su película favorita, y esta es esa película. Lo anterior podría llevar a imaginar que la cinta en cuestión tendría una estética noventera o tomaría elementos de películas de aventura de la época, de la misma manera que, por ejemplo, la serie “Stranger Things” se apoya en la estética y el estilo del terror de esa época, apropiándose de la narrativa y el estilo de esa década. Sin embargo, acá las referencias a la época comienzan y terminan con ese título inicial, y la obra rápidamente se transforma en otra simple película de aventura. Esto no es necesariamente malo, “Lightyear” es una película completamente funcional, entretenida y que, aunque a ratos se puede volver predecible, logra sorprender con algunos giros, pero esto genera que ese título inicial pierda sentido, y pone en cuestionamiento la razón de ser de esta película.

La historia comienza cuando, luego de quedar varados en un planeta hostil, Buzz Lightyear junto a su compañera Alisha hacen lo posible por llevar a la tripulación de vuelta a casa. Con la ayuda de científicos logran desarrollar un combustible experimental que podría salvarlos, pero durante los experimentos descubren que Buzz Lightyear, piloteando la nave de prueba, experimenta el tiempo de manera diferente: lo que en esa nave son minutos, en la superficie del planeta son años. Sin embargo, Buzz es incapaz de rendirse, y lo sigue intentando durante años y años, durante los cuales sus amigos y colegas envejecen mientras él se mantiene de la misma edad. Todo cambia cuando, al volver de uno de estos ensayos, descubre que algo ha cambiado: el planeta ha sido invadido por robots alienígenas. Con la ayuda de Izzy, nieta de su compañera, Lightyear deberá enfrentarse a estos robots para salvar al planeta y tener una oportunidad para volver a casa.

La de “Lightyear” es una trama que, a pesar de tocar temáticas interesantes sobre el paso del tiempo y la culpa, a ratos se siente muy complicada, ya que pasa mucho antes de que la trama principal siquiera comience. Esto hace que los tópicos que la película tratará a lo largo de su conflicto principal queden un tanto sobreexplicadas durante la primera media hora, lo que genera una desconexión entre lo que los personajes experimentan versus lo que los espectadores entendemos. Cuando Buzz se da cuenta de qué es lo que debe aprender para resolver el conflicto, es algo que se ve venir desde el principio de la historia.

Si bien, esto puede hacer que la película se sienta algo predecible desde un punto de vista temático, desde una perspectiva narrativa funciona bastante bien como cinta de acción y aventura. El universo que construye es visualmente rico y bastante especial, y se beneficia de diversas ideas sobre física cuántica que han sido exploradas en gran cantidad por películas de ciencia ficción, particularmente desde el aspecto de viajes en el tiempo.

Es interesante además que, a diferencia de muchos otros productos de nostalgia actuales, “Lightyear” se ve obligada a construir un universo completamente nuevo, puesto que las referencias que existen en las películas de “Toy Story” son sumamente vagas y genéricas, y es un desafío que el equipo tras esta película logra cumplir de forma satisfactoria. Buzz Lightyear, como personaje, es complejo e interesante, alejándose lo suficiente del juguete de sus películas madre para sostenerse como protagonista, pero logrando mantener suficientes elementos para sentirse familiar. Después de todo, el juguete supuestamente está basado en este personaje.

Por cierto, es difícil alejarse de las películas de “Toy Story”, no sólo porque “Lightyear” sea supuestamente el origen del juguete, sino porque está llena de referencias a la saga. La sombra de la tetralogía lo toca todo, tanto así, que a ratos pareciera que esta película es más una historia fan-made sobre el juguete que el verdadero origen del personaje. Y esto se debe a que no se siente como un producto de la época que supuestamente existe junto a los juguetes en el universo de “Toy Story”, sino que, en muchos sentidos, se percibe supeditada a los juguetes, tanto en sus referencias como en, incluso, un giro cerca del final de la historia.

Lo que queda es una sensación algo agridulce, ya que, cuando se concentra en ser sólo una película de aventuras, “Lightyear” funciona bastante bien, con un universo interesante, personajes coloridos y tensas secuencias de acción, incluso si no llega a los niveles de profundidad temática y madurez emocional de otras películas de Pixar. Lo anterior hace que se sienta como una oportunidad perdida porque como referencia a “Toy Story” no funciona tan bien como parecían ser sus intenciones, pero cuando se aleja de ella la historia marcha mucho mejor y queda la sensación de que hubiera sido aún mejor sin ninguna referencia, sólo existiendo por sí misma.


Título Original: Lightyear

Director: Angus MacLane

Duración: 100 minutos

Año: 2022

Reparto: (voces) Chris Evans, Keke Palmer, Peter Sohn, Taika Waititi, Dale Soules, James Brolin, Uzo Aduba, Mary McDonald-Lewis, Isiah Whitlock Jr., Angus MacLane, Bill Hader


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