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Scarface

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Luego del reestreno en salas de cine de grandes éxitos como “Back To the Future” (1985) o “The Godfather” (1972), resultaba fácil imaginar que era sólo cuestión de tiempo para que “Scarface” (1983), la obra maestra de Brian de Palma, llegara también a los circuitos cinematográficos nacionales. Y así fue, el pasado jueves, día en que algunos cines del país entregaron a esta cinta la oportunidad de irrumpir nuevamente con su magistral regreso.

Concebida como un remake de la clásica, aunque no tan conocida, “Scarface” (1932) de Howard Hawks, la versión de De Palma nos introduce en la historia criminal de Tony Montana (Al Pacino), un refugiado cubano en Estados Unidos, a la espera de una oportunidad que lo conduzca a la cima del mafioso mundo en el que se desenvuelve. Por este motivo, cuando el negocio de la cocaína toque a su puerta, Montana no dudará en involucrarse en dicho ámbito para llevar a cabo sus ambiciosos planes, dentro de los que se incluirán no sólo la obtención de grandes sumas de dinero, sino que también el derrocamiento del actual jefe de la pandilla y la eventual conquista de la mujer del mismo.

De este modo, el ascenso al poder de Tony Montana será retratado por el director de manera vertiginosa, mostrándonos cómo él mismo pasará de ser un desconocido lavador de platos inmigrante, a constituirse como una de las figuras más respetadas de la escena del narcotráfico. En la misma línea, será posible ver cómo las ansias de poder de este criminal son tales, que su concepto del éxito se encontrará firmemente ligado a la idea de poseer el mundo, un deseo que quedará de manifiesto cuando, casi al comienzo del relato y en respuesta a la consulta de su amigo Manny, Tony no dudará en afirmar que lo que merece para sí, es nada menos que “el mundo, chico, y todo lo que hay en él”, en una aseveración que será el anuncio anticipado de todo el caos y la codicia que se vendrán. A partir de esto, la frase “The world is yours” será algo que rondará no sólo en la cabeza del protagonista, sino que también se establecerá de modo simbólico en la cinta, al presentársenos de manera explícita cuando el poder irrumpa definitivamente en la vida del cubano y al instaurarse, más adelante, como el texto permanente de una escultura de mal gusto que él mismo instalará en su mansión.

A partir de esto, si hay algo que podemos afirmar acerca de “Scarface”, es que sin duda se constituye a sí misma como una explosiva oda al exceso. Su metraje, de más de dos horas de duración y la actuación exagerada, pero certera, de Al Pacino, no hacen más que complementar a la perfección toda la profunda exaltación a la violencia que esta cinta encierra. El exagerado kitsch en su ornamentación y la misma decisión de ambientar la historia en un mundo envuelto en pieles felinas y sábanas de seda, en tanto, responde a la necesidad de construir y transmitir, también de manera exagerada y con cada escena, la vulgar y desmedida ambición presentada de parte de los involucrados en el relato, especialmente en la ansiosa figura de Montana.

Sin embargo, si hay algo que diferencia al personaje de Al Pacino en esta cinta, y que puede también justificar el éxito que el mismo actor ha tenido a nivel de cultura popular (por encima, incluso, de su caracterización de Michael Corleone en “El Padrino”), es el hecho de que se trata de la historia de un hombre común y corriente, alcanzando la gloria y el poder, elementos con los que ha soñado toda su vida. De este modo, independiente de que su meta esté relacionada de manera directa con el crimen, la empatía que genera Tony Montana en pantalla es capaz de trascender a su posible maldad, producto de la representación que en el público genera la humanidad presente en su interpretación y no, como en el caso de otras películas, producto del glamour gangsteril o la superioridad jerárquica de su personaje.

En cuanto al resto de los roles, podemos ver cómo el correspondiente a Frank López (Robert Loggia) funcionará, de manera antagónica, como la figura opuesta al ascenso de Tony al poder, siendo sólo posible el triunfo de este último una vez que el primero desaparezca de escena. El imaginario de la mujer como un objeto trofeo, en tanto, se desarrollará a la perfección en la representación que Michelle Pfeiffer hace de Elena, la caprichosa y rubia debilidad de Montana, que no dudará en cambiar de dueño cuando la fortuna le indique que es necesario. Por otra parte, los personajes de Manolo y Gina (interpretados respectivamente por Steven Bauer y Mary Elisabeth Mastrantonio), se constituirán como la evidencia de que existe un lado sensible en Tony, al ser ambos quienes él considerará parte central de su vida, sin saber que, eventualmente, serán esta pareja uno de los elementos decisivos del quiebre del universo Montana.

A nivel visual, la saturación existente en la imagen, es más que un reflejo de la época en que se encuentra ambientado este relato. Los colores chillones y el uso de palmeras caribeñas, tanto en trajes como en los mismos muros, marcan una estética característica de esta cinta, que se encuentra plenamente identificada con el Miami latinizado que actualmente solemos tener en mente, pero que también fomenta todo el exceso referido anteriormente. La musicalización de la historia y el uso evidenciador de la cámara, por otra parte, fomentan también la idea setentera y saturada sobre la cual se plantea esta historia, con una gran presencia de la onda discotequera y una serie de dramáticos acercamientos a los rostros de los protagonistas, en los que se denota el uso recurrente de un recurso prácticamente olvidado en la actualidad.

Narrativamente, será sin duda la impactante escena final el cierre perfecto para toda la potente estructuración de violencia vivida a lo largo de la historia, constituyéndose la misma como el último eslabón necesario para un cierre meritorio de tan clásico relato, con una secuencia que servirá de referente para directores como, por ejemplo, Tarantino, y que será citada en múltiples ocasiones de la cultura pop, por medio de la reconocida expresión “Say hello to my little friend”, su más famosa frase.

Hoy en día, pese a que bastante fuerza ha tomado el rumor de una posible tercera versión de esta histórica pieza para el próximo año, queda la permanente duda acerca de quién podría actualmente alcanzar la maestría demostrada aquí por Al Pacino, en el que fuera su más sólido y recordado personaje. La oportunidad de verlo a él mismo en dicho rol, llega entonces de la mano de este reestreno: una película imperdible, no sólo para quienes no han tenido aún la experiencia de su visionado, sino que también para todos aquellos que disfrutamos con la posibilidad de poder revisitarla y para aquél que considere que, una creación de esta talla, merece aún más ser vista en la gran pantalla.

Por Macarena Bello

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Cine

Historias de Ultratumba

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Historias de Ultratumba

Andy Nyman y Jeremy Dyson se dieron a conocer en 2010 con su obra teatral “Ghost Stories”, la cual logró alta notoriedad en Inglaterra al ser una obra de horror que, según críticos y entendidos del género, era capaz de sorprender y sobresaltar al público con revelaciones orquestadas de manera chocante. Con tal augurio entre manos, ambos directores y escritores adaptaron el guion original con tal de llevar su horror a la pantalla grande. Hoy, con “Historias de Ultratumba” los creadores revelan un minucioso trabajo para turbar a la audiencia en un relato visual con más sustos de lo esperado, no obstante, su experimento está algo lejos de lograr el objetivo final.

El profesor Phillip Goodman (Andy Nyman), anfitrión de un programa televisivo que desenmascara supuestos encuentros con el más allá, comienza a investigar tres extraños casos todavía sin resolver. Involucrándose en las historias, Goodman irá descubriendo que muchas veces la lógica no es capaz de explicarlo todo.

Con la premisa de que “nuestro cerebro ve lo que quiere ver”, esta cinta que mezcla horror, suspenso y misterio en forma de un rompecabezas, avanza desde el primer momento manteniendo un enigma por la espalda, el que va creciendo acorde vamos conociendo más detalles guiados por el protagonista. Es este método algo detectivesco e intuitivo el que cobra relevancia a la hora de ir involucrándonos hacia la trama detrás de cada uno de los casos presentados, y el que logra mantener la atención en lo que, de otra manera, sería una nueva adición a las otras cientos de películas del mismo tipo.

Mas hay un gran detalle casi imposible de evadir: desde los primeros minutos existe un elemento perceptible y evidente que, de alguna manera, ensucia una de las grandes sorpresas que veremos ya avanzada la trama. Sea esto un recurso intencional o no, al menos hay otros tres giros tanto o más relevantes si entramos a comparar, pero este “percance” ciertamente no puede obviarse durante la mayor parte de la película y dificulta dirigir la atención hacia otros elementos de mayor peso circunstancial.

Cada historia que el personaje principal estudia –encarnado con bastante falta de carisma por uno de los directores– nos presenta una perspectiva sobre los clichés que por años han acompañado los relatos sobrenaturales, ofreciendo interesantes reveses en uno más que en otros. Las tres desde disposiciones masculinas –un vigilante nocturno, un adolescente inusual y un alto ejecutivo– se dejan caer en las tumultuosas aguas del efectismo simple e irremediable que inundan este tipo de filmes, las que por supuesto logran asustar momentáneamente, pero no alcanzan a interceder más allá de un simple movimiento ordinario del horror tradicional. Incluso con una vaga idea de lo que puede estar ocurriendo, la evidente falla en cuanto a efectos prácticos y un poco en post-producción profesan una obra visualmente frustrada, la cual es posible imaginar de mejor manera en teatro más de lo que finalmente se atestigua bajo el proyector.

Cuento aparte es la legendaria actuación del joven Alex Lawther, a quien hemos podido ver en producciones de streaming como “Black Mirror” (2011), “The End Of The F***ing World” (2018) o como el joven Turing en “The Imitation Game” (2014). Con su rostro particular y su enérgica vibra oscura, nuevamente nos sorprende con una interpretación al borde del trastorno físico y la locura mental.

Con más ruido que satisfacción, “Historias de Ultratumba” triunfa como una historia experimental en el género cinematográfico de horror, incluso con varios guiños hacia sus predecesoras de culto, pero se derrumba antes de ser una cinta para ser recordada o alabada por su inteligente o especial relato. Lo positivo es que más de algún vuelco en el argumento ayudará a que la hora y media avancen mucho más rápidamente de lo esperado.


Título Original: Ghost Stories

Director: Jeremy Dyson y Andy Nyman

Duración: 98 minutos

Año: 2017

Reparto: Martin Freeman, Alex Lawther, Jill Halfpenny, Andy Nyman, Paul Whitehouse, Nicholas Burns, Daniel Hill, Kobna Holdbrook-Smith, Jake Davies, Ryan Oliva, Derren Brown


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