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Prometeo

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Preguntas como “¿de dónde venimos?” y “¿cómo llegamos aquí?”, han estado presentes desde que el ser humano tiene uso de la razón, y siguen obsesionándonos hasta el día de hoy. En “Prometheus” estas interrogantes siguen acosando a la población, a pesar de encontrarse a fines del siglo XXI.

La tecnología espacial y de investigación ha alcanzado niveles de perfeccionamiento muy elevados y es por eso que, apenas un par de exploradores descubren un mapa que contendría una clave que explicaría el origen del hombre, una compañía financia una expedición a un planeta lejano para develar el misterio.

No todos los miembros de la tripulación actúan por las mismas razones. Shaw (Noomi Rapace) y Holloway (Marshall-Green) son quizás los integrantes del equipo con las intenciones más nobles, un par de arqueólogos apoderados por una curiosidad real de entender los enigmas que la civilización posee y cómo ellos pueden resolver el secreto de la creación humana. También conformando la exploración, se encuentran el androide David (Fassbender) y Vickens (Theron), una coordinadora a cargo de monitorear la investigación, que tiene motivaciones que no son compartidas y que se van develando con el transcurso de la trama.

La comparación más obvia que puede hacerse de “Prometheus” es con “Alien” (1979), también dirigida por Ridley Scott. En ella, también una tripulación espacial llegaba a un planeta lejano en el cual se encontraban con amenazas desconocidas. En ambas, la paranoia se empieza a apoderar de la tripulación y el peligro pasa a estar tanto afuera como adentro de la nave.

Los paralelos no son necesariamente algo negativo, ya que –aunque previo al estreno de “Prometheus” los realizadores se hayan empeñado en negarlo- la cinta efectivamente podría tratarse de una precuela de “Alien” y tiene elementos que relacionan directamente a ambas. Por ejemplo, se insinúa que un lugar en que se lleva a cabo gran parte de la acción de “Prometheus” es un sitio clave en la cinta de 1979, y la estética de ambas películas –diseñadas por el pintor H.R. Giger- es peculiarmente parecida.

Es más, hasta la apariencia del personaje de Shaw, similar a la de la protagonista de “Alien”, Ripley, podría tratarse de un guiño. Pero Noomi Rapace no necesita hacer una imitación del personaje de Sigourney Weaver. La actriz sueca cumple efectivamente con lo que se le exige a una heroína de acción y logra tener a la audiencia de su lado en su primer protagónico hollywoodense.

Michael Fassbender, por otra parte, caracteriza de forma calma y contenida a David, un personaje que, aunque interesante, a ratos parece ser usado para hacer avanzar la historia haciendo progresos que sus contrapartes humanas serían incapaces de realizar. Charlize Theron es otro personaje femenino fuerte, pero el hecho de que lleguemos a empatizar con la fría y estricta Vickens, se debe más a la capacidad actoral de la intérprete que a la forma en que el personaje está escrito. Y es que en la película hay una intención de darle distintas facetas a los personajes, enfrentándolos con conflictos personales, como la contraposición ciencia/religión o la envidia de los logros familiares, pero estos carecen de la profundidad necesaria para hacer que sean significativos en el desarrollo de la historia.

Lo mismo sucede cuando la cinta ahonda en temas de carácter más global. Scott siente la necesidad de justificar la importancia de los contenidos que expone y de hacerle entender al público lo relevante de su trama, (como con la reiteración de las pregunta elemental “¿de donde venimos?”), pero termina tocando estos temas superficialmente y finalmente no ofrece respuestas interesantes sobre las cuales se pueda reflexionar. Sin embargo, estos aspectos no hacen decaer a la película por completo, ya que sí destaca donde debe hacerlo. Predeciblemente, “Prometheus” cuenta con un impresionante nivel técnico, haciendo buen uso de su elevado presupuesto. Si hay algo que reconocerle a Scott, es su destreza en cuanto a la composición de sus tomas. Aquí el director permite darle rienda suelta a su imaginación, creando una película que sobresale a nivel visual, complementándose con una fotografía que logra capturar el minucioso trabajo realizado tanto en el diseño de los amplios terrenos exteriores, como en el de los más claustrofóbicos espacios interiores, todos enfatizados por efectos especiales y prostéticos que jamás decepcionan.

El espectáculo visual que ofrece “Prometheus” va acompañado de un activo ritmo que no hace que la cinta se sienta larga, intercalando escenas de acción con otras de exposición para crear un balance efectivo que mantiene al espectador interesado. Pero la maestría técnica que está en exhibición aquí, no opaca otros aspectos positivos de la película. La presentación detallada de las criaturas, así como las escenas explícitas y de gore son pocas, pero bienvenidas, ya que animan y resaltan de forma, a veces inesperada, los sucesos que están siendo mostrados en pantalla.

La publicidad y atención por está película han provocado una anticipación extrema y ha causado que haya muchos en espera de una obra maestra, pero la verdad es que ninguna película merece que su público llegue a la sala de cine con expectativas ridículas e injustamente altas. Puede que, a diferencia de sus anteriores incursiones en la ciencia ficción, Ridley Scott no haya logrado un clásico con “Prometheus”, pero sí creó una película entretenida, interesante, estimulante y que va a tener a más de uno al borde de su asiento.

Por Ignacio Goldaracena

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La Mirada Incendiada

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La Mirada Incendiada

Tiempos de dictadura, un hijo de exiliados políticos que vuelve a Chile por cuenta propia y un crimen de crueldad inconmensurable por parte de las fuerzas de orden. El tercer largometraje de ficción de la directora Tatiana Gaviola, “La Mirada Incendiada”, inicia con las palabras “Inspirada en un hecho real”, tomando como punto de partida el conocido Caso Quemados, atentado en el que Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri fueron víctimas de un ataque incendiario por parte de militares a plena luz del día en la vía pública.

Protagonizado por Juan Carlos Maldonado en el papel de Rodrigo, el filme prometía sin duda ser un aporte para la memoria de nuestro país, dada la historia en cuestión y su contexto, sin embargo, esta promesa metamorfoseó hasta convertirse no sólo en polémica, debido a la nula influencia que tuvo la familia de Rojas de Negri en materias de decisión cinematográfica, sino que también es una cinta que no cumple del todo con los objetivos que parece perseguir.

El inicio de la película muestra a Rodrigo volviendo a Chile con una cámara bajo el brazo y el propósito de desempeñarse cómo fotógrafo profesional. Tras andar un rato medio perdido, y luego de ser ayudado por una amiga vecina de su tía, logra llegar a la casa de esta y sus dos primas menores, quienes cariñosamente lo acogen a lo largo de la trama. Tras esto, se forjan lazos emotivos que dan cuenta de la personalidad dulce y templada del protagonista. De esta forma, se retrata claramente cómo Rodrigo influyó en la vida del resto de los personajes mediante escenas variadas, que muestran momentos íntimos en los que estos interactúan, desde conversaciones nocturnas y abrazos diurnos, hasta experiencias traumáticas que refuerzan vínculos.

A lo mencionado anteriormente, se suma la manera en que los personajes se comunican entre sí. Si bien, el guión resulta claro y conciso, los intercambios de palabras se articulan principalmente a través de diálogos medianamente breves y en ocasiones incluso un poco rígidos, cayendo en la sobre explicación del contexto dictatorial en el que ocurren los eventos una y otra vez, resultando en parte obvios. Además, el guión demuestra la clara intención de introducir gran variedad –y cantidad– de expresiones y/o dichos chilenos, dando así a entender una identidad lingüística acertada, que da cuenta de aspectos de nuestra cultura, pudiendo haber sido presentado de manera igualmente oportuna, pero a través de matices más sutiles.

Por otro lado, Rodrigo es retratado a través de conversaciones y acciones como un joven que no se encuentra realmente al tanto ni de la situación a nivel país, ni de las restricciones que esto implica, modificando el relato y añadiendo romanticismo mediante la presencia de un protagonista en parte inocente, que sueña con denunciar las injusticias del golpe sin pensar en repercusiones. En este sentido, resalta también el carácter poético que busca reflejar la voz en off de narradora de la historia –perteneciente al personaje de Carmen Gloria Quintana–, sugiriendo la existencia de una profunda relación previa al hecho incendiario entre Carmen Gloria y Rojas de Negri, interpelando acciones y decisiones tomadas por el protagonista. Esto agrega de manera similar un toque de romanticismo que resulta algo forzado y, sobre todo, algo lejano a la realidad de los hechos.

En cuanto a la atmósfera, la película logra reflejar el miedo colectivo y la tensión de la época, además de espacios y elementos característicos que resultan clave para retratar el período, tales como cacerolazos, protestas y allanamientos. Las escenas no son demasiado largas, por lo que hacen que la cinta sea dinámica y en su mayoría liviana, teniendo en consideración la carga del tema que trata. Sin embargo, esto mismo es lo que también genera que en algunas ocasiones se pierda un poco la continuidad entre una escena y la siguiente.

Por último, cabe destacar que, si bien las heridas dejadas por el flagelo dictatorial a lo largo y ancho de este territorio siguen estando cargadas de un rojo fresco y humeante, vale la pena que historias como estas vean a la luz en el formato cinematográfico, alimentando la memoria de nuestro país mediante expresiones artísticas cargadas de historia. Por desgracia, “La Mirada Incendiada” no cumple del todo con este objetivo, quedando al debe principalmente en temas de fidelidad con la memoria histórica nacional y la empatía hacia víctimas del caso, ya que, a pesar de que se deja en claro que el filme tan sólo se inspira en los hechos reales, este sin duda abre paso a preguntas que vale la pena hacerse. ¿Hasta qué punto es viable mezclar realidad y ficción? ¿De qué manera abordar temáticas delicadas de la manera más empática posible? Lamentablemente, en ese sentido “La Mirada Incendiada” desarrolla su narrativa omitiendo aquel elemento tan importante.


Título Original: La Mirada Incendiada

Director: Tatiana Gaviola

Duración: 102 minutos

Año: 2021

Reparto: Juan Carlos Maldonado, Catalina Saavedra, Gonzalo Robles, María Izquierdo, Cristina Aburto, Constanza Sepúlveda, Belén Herrera, Pascal Balart, Estrella Ortiz


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