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Maléfica

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La necesidad de reinventar los géneros, o más bien la construcción de una nueva forma narrativa, probablemente surge como respuesta a las exigencias de un público que acepta y agradece los cambios. Mucho tiempo ha pasado desde la irrupción de Walt Disney en la escena cinematográfica, y siglos son ya desde que, en las plumas de Charles Perrault y los hermanos Grimm, se consolidó el cuento de hadas como parte de un subgénero literario.

A través de los recambios generacionales, parece ser el cine el más susceptible a otros enfoques en la percepción de las personas, por tanto, se han debido establecer nuevos paradigmas en el modo como se muestra una historia. Entendiendo lo anterior, los remakes actuados de los clásicos cuentos de hadas, se han transformado en el nuevo resquicio de Hollywood para mantener una industria que básicamente ve en el box office su motivación. Las adaptaciones que delinearon este nuevo formato son recientes: “Mirror Mirror” (2012) y “Snow White And The Huntsman” (2012). Películas de una baja calidad en su ponderación, pero que han sido suficientes para energizar una postura favorable con respecto a la extensión de la fórmula.

En esta ocasión, y al alero de la inventiva transformadora de la maquinaria Disney, se nos presenta la historia de la distintiva villana de la clásica cinta animada “Sleeping Beauty” (1959). Maléfica (Angelina Jolie) es una bruja que vive apaciblemente en las densidades de un bosque cercano al reino de los humanos. Es cuando los últimos deciden atacar, que Maléfica se verá en la obligación de proteger sus tierras, desatándose una batalla que traerá como consecuencia la transformación de la bruja hacia el mal. Así, y condenado por sus acciones en el pasado, el Rey Estéfano (Sharlto Copley) será blanco de una venganza que puede ser determinante para el futuro de su hija recién nacida, la princesa Aurora (Elle Fanning).

MALEFICENT 02En su poco más de hora y media de duración, “Maléfica” se mueve entre altos y bajos. En su primer largometraje como director, Robert Stromberg, quien ya ha trabajado en el diseño artístico de innumerables títulos, propone un escenario que resulta verosímil en términos visuales, pero que es deficiente en su hilo conductor. En el transcurso del filme son evidentes los espacios en blanco que deja la narración, llegando a disminuir incluso en algunos pasajes el ritmo de la misma. Por otra parte, y si bien la historia gira en torno a un solo protagonista, los personajes secundarios quedan muy relegados, haciendo proclive el juicio de toda la película al molde con que se construyó el rol principal.

Ahora bien, la película sabe rescatar sutilmente dos elementos que resultan propios en la estética de los cuentos de hadas como los conocemos hoy: las melodías incorporadas en las cintas animadas de Walt Disney, y el verso como recurso en los diálogos. Aquello complementando una fotografía cuidadosamente montada, y la muy buena interpretación de Angelina Jolie –quien pareciera haber nacido para hacer este papel-, puede soslayar las carencias del filme en el plano argumental. Considerando todo lo anterior, sería algo ingenuo pensar que superproducciones como “Maléfica” dejen lienzos técnicos al azar, siendo estas las herramientas fundamentales para hacer este tipo de películas. La experiencia previa de Stromberg en efectos especiales se aprecia como trascendental para la buena representación de los extremos visuales que identifican a un cuento de hadas; la luz y oscuridad como retratos del bien y el mal en símiles proporciones. Sin duda, lo último, la mayor virtud de la película.

Con algunas dificultades, “Maléfica” logra convencer. La cinta dispone de los recursos necesarios para llegar a un público que, en su mayoría, es difícilmente impresionable, y que al mismo tiempo tiene la capacidad de evocar los recuerdos del filme original, indistintamente del formato en el cual se haya rodado cada uno.

Los encargados de valorar esta nueva forma de hacer películas serán quienes hayan crecido con los conceptos idealizados entregados por estos cuentos, y de manera paralela por quienes tengan en este cine su primer acercamiento a aquel mundo de fantasía; finalmente es al imaginario colectivo a quien pertenecen todas esas historias, y es en donde se pueden desarrollar libremente todas las posibilidades que existen luego de los vivieron felices para siempre que emergen de modo tan solapado al final de estos relatos.

Por Pablo Moya

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3 Comentarios

3 Comments

  1. Maléfica

    13-Jun-2014 en 10:30 pm

    Muy de acuerdo!!

  2. Aurora

    17-Jun-2014 en 8:52 pm

    Me gusto mucho la película. Es bueno rescatar la versión de cada personaje en la historia. Tu crítica tiene sentido pero si pensamos que es una película para niños no es necesario que el director profundice mucho cuando sólo necesita cautivar con un cuento de antaño.

  3. Maléfica

    17-Jun-2014 en 9:04 pm

    Buena. Mis hijos la disfrutaron.

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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