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Mother Mother

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¡Madre!

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La carrera de Darren Aronofsky se ha caracterizado principalmente por la particular construcción de sus personajes, introduciéndose en la mente de ellos para explorar rincones oscuros donde la búsqueda de significado los lleva a un inevitable colapso. Retratándolos desde las adicciones en “Requiem For A Dream” (2000) o en la búsqueda de la perfección y el éxito en “The Wrestler” (2008) y “Black Swan” (2010), hasta las ambiciones y obsesiones en “Noah” (2014), aquellos son personajes que viven intensamente su realidad, pero que son adictos al escape emocional. A través de un estilo expresionista, existe un deseo ferviente de provocar las más variadas emociones en el espectador, las que pretende explotar en su nueva producción.

Un poeta (Javier Bardem) y su esposa (Jennifer Lawrence) viven en una antigua casa alejada de la ciudad. La buena relación que mantienen ambos comienza a verse truncada cuando un hombre (Ed Harris) y su mujer (Michelle Pfeiffer) aparecen inesperadamente como huéspedes de aquel hogar. A partir de ese momento, los dueños del lugar verán como sus vidas se ven progresivamente perturbadas en una vorágine difícil de escapar.

Para poder abordar “¡Madre!” es importante entender como base su construcción enigmática y que se aleja de convenciones propias de un género, caminando en los terrenos de un thriller psicológico, pero que está dispuesta a desafiar sus límites con osadía, de modo que existe un cuidado especial en sus capas más externas para que puedan ser cruzadas paulatinamente y descubrir con sorpresa una propuesta narrativa incitante. Su esencia está puesta en una construcción narrativa en base a alegorías y metáforas visuales, en un principio sugeridas con sutileza, pero que llegan a ser lo suficientemente explícitas para confirmar sospechas y lograr una inmersión total en el relato. Por consiguiente, cada elemento e idea está puesta para que vaya aportando en esta escalada de símbolos, partiendo por sus protagonistas, quiénes carecen de nombres y sólo podrían ser identificados por la relación que tienen y los roles que cumplen en el hogar que han creado.

Por un lado, el poeta que lucha por encontrar inspiración y poder escribir una nueva obra; en él se ve contenida una lucha interna entre el poder que tiene la creación y la perfección de esta misma. Por otro, es su esposa quien logra canalizar el significado de concebir desde la nada, dando espacio a la creatividad e inspiración. Estas dos visiones de creación se contraponen e intentan convivir, aunque terminan siendo corrompidas. Esta relación que se establece entre ambos personajes está construida para ser ubicada en un punto donde el límite entre lo contemporáneo convive y se mezcla con una forma mucho más antigua de identificar los roles de género, pues la visión de mujer es casi la que habita una novela victoriana, donde era relegada a una función principalmente hogareña y enfocada en la crianza.

Este experimento de fábula oscura comienza a desatar todos sus nudos una vez que los extraños invitados aparecen en la casa, originando la transformación de sus protagonistas e inicien un viaje sin retorno hacia un abismo desconocido. Por lo tanto, se va sintiendo el encierro del lugar y su claustrofóbica atmósfera en una experiencia subjetiva a través de la mirada de la protagonista, donde la cámara no deja de seguirla, dando prioridad a close ups para acentuar su desconcierto y horror, y un ángulo desde su hombro para acompañarla en un viaje donde se nos deja entrar casi como intrusos. Además, la carencia de música extradiegética permite que los sonidos naturales de una casa antigua tengan mayor protagonismo, donde el crujir del piso, la apertura de puertas y el ruido de llaves enfatizan el suspenso y el aislamiento.

La construcción paulatina de la tensión detona en un tercer acto visualmente explosivo, que se sumerge en las profundidades de la miseria en un espiral pavoroso que busca provocar y hostigar visualmente, llevando la simbología previamente expuesta al límite, en cuadros vivientes que rayan en lo aterrador. Toda la edificación de la cinta apunta a estos últimos momentos, y Aronofsky se aprovecha de ellos para poder darle un cierre a una historia que ha transitado por alegorías y representaciones visuales de arquetipos.

Emparentada directamente con “Rosemary’s Baby” (1968) y “Repulsion” (1965), “¡Madre!” no es una cinta fácil de abordar, cayendo a ratos en una ostentosidad que podría ser tildada como pretenciosa, puesto que una vez que se identifica la alegoría a la que alude deja de ser sutil, pero que en su desarrollo exige la total inmersión del espectador para poder acompañar en el viaje propuesto, ofreciendo una experiencia cinematográfica provocadora y desafiante.


Título Original: Mother!

Director: Darren Aronofsky

Duración: 121 minutos

Año: 2017

Reparto: Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Michelle Pfeiffer, Ed Harris, Domhnall Gleeson, Kristen Wiig, Brian Gleeson, Cristina Rosato, Marcia Jean Kurtz, Ambrosio De Luca, Hamza Haq


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1 Comentario

1 Comentario

  1. Bruno

    22-Sep-2017 en 9:44 pm

    No sé si es más pretenciosa la película o el comentario. La encontré muy mala en lo personal, parte de forma interesante, casi como un thriller del teatro del absurdo, pero una vez que está por parir, se abusa demasiado de lo visual, llegando a ser tedioso.
    Lo único que me gustó fueron las alegorías que hacen, pero como bien dice esta reseña, en un momento se vuelve demasiado evidente y también se abusa de eso.

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Mystify: Michael Hutchence

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Michael Hutchence

La mayor trampa de un documental musical es caer en el éxito objetivo más que en la potencia de los fracasos subjetivos. De hecho, cuando aquello ocurre, se olvida la fuerza de lo documental y se queda la predominancia de la música, de la figura, pero más allá de cualquier cosa, un hálito a discurso oficial que, pese a ciertos bemoles, no se advierte en “Mystify: Michael Hutchence”. Y eso es vital para que el trabajo evite quedarse a medio camino entre el brillo de una estrella de la música popular australiana y las tormentas que pueden aquejar a alguien que elige el aislamiento por sobre la petición de ayuda a los cercanos.

La historia de Michael Hutchence podría ser pensada como la del ascenso y caída de INXS, conjunto clave para el pop-rock australiano, con una influencia mundial que se desvaneció más rápido de lo debido. Pero lo cierto es que la vida de Hutchence, y todo lo que la rodeaba, exigía un trabajo puntilloso y bien hilvanado. Eso es lo que el director Richard Lowenstein comprendió a la perfección, desde el armado estructural de la trama hasta la sensible decisión de que el relato fuera coral, sin entrevistas en cámara, sólo material de archivo y entrevistas en off, lo que puede mostrar ciertas incongruencias a nivel de guion, pero sin duda que permite mirar con diferentes ángulos la vida de Michael.

En vez de mostrar los hitos de INXS, como haría un documental clásico, por ejemplo, “Queen: Days Of Our Lives” (2011), lo que se va construyendo en “Mystify: Michael Hutchence” es cada parte de la persona detrás de la carismática, sensual y misteriosa figura del vocalista de la banda. Sus relaciones sentimentales, incluyendo testimonios de parejas históricas, como Michelle Bennett, Kylie Minogue o Helena Christensen, van dando a conocer no sólo los detalles de esos pasajes de la vida de Hutchence, sino también construyendo las certezas y dudas que él tenía consigo mismo, generando un puente entre sus historias en el presente narrado y su pasado, sus raíces familiares, y también sus intereses más allá de la música.

Algo que llama la atención es el nivel de extensión del archivo propio que tenía Michael Hutchence, incluso en su adolescencia, con material en video que mostraba lo que había detrás de las imágenes ya conocidas, permitiendo así que el retrato sea aún más fidedigno porque no hay necesidad en rellenar el documental con registros en vivo o entrevistados en pantalla. En vez de ello, la presencia del cantante es intoxicante, con pocos respiros, en un cúmulo de información que aprieta el pecho y dificulta la respiración, entregando parte de la experiencia que implicaba para el protagonista ser parte de su propia historia.

El punto más cercano a la creación de una historia oficial sobre Hutchence puede ser la forma cándida en la que se habla de drogas en el documental, algo que puede llevar a equívocos respecto a la influencia de este tipo de sustancias en la historia general o en sucesos específicos. Pero, fuera de ello, los roces creativos, administrativos, sentimentales o familiares se exponen con la suficiente imparcialidad como para entender que había una acumulación de experiencias más allá de las drogas, y que tenerlas lejos de la mira no era un acto de saneamiento, sino que de perspectiva para comprender cómo una vida puede recibir tantos estímulos externos e internos, como para que las drogas no parecieran ser tan fuertes.

El mayor problema en este trabajo audiovisual –que en lo técnico está claramente pensado para una sala de cine, desde la mezcla de sonido hasta la disposición de textos en pantalla– está en el guion, que cae en las trampas del relato coral y deja cojas algunas patas de la historia. “Mystify: Michael Hutchence” es exigente porque la cantidad de información, descripción y emoción dispuesta en pantalla es grande, y puede ser un tanto desconcertante para quien no sea conocedor de la historia de INXS o de su protagonista, pero también es parte de la experiencia, que en este caso, tal como el título de la obra, intenta engañar a quienes creían conocer al artista sólo por la altura de su figura, dando cuenta de todo lo auténtico que en verdad tenía un creador cuya pérdida más terrible no es la musical, sino la humana.


Título Original: Mystify: Michael Hutchence

Director: Richard Lowenstein

Duración: 102 minutos

Año: 2019

Reparto: Michael Hutchence, Patricia Hutchence, Kylie Minogue, Helena Christensen, Bob Geldof, Paula Yates, Lesley Lewis


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