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La Noche de las Nerds La Noche de las Nerds

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La Noche de las Nerds

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Pensemos en “Superbad” una década después de “Superbad”. Sigue siendo el viaje de dos jóvenes una noche en la que sólo buscan carretear, pero esta vez las protagonistas son dos chicas, hay personajes LGBTIQ+ (una de ellas), la directora es mujer y las redes sociales juegan un rol importante en la historia. El humor es también subido de tono, aunque menos escatológico que en aquella entrega de 2007 y, aunque parezca curiosa la especificidad de este subgénero de la comedia gringa, donde el hambre de aventura mueve a los personajes por distintas peripecias para finalmente aprender algo de sí mismas, “La Noche De Las Nerds” demuestra que es una fórmula que aún funciona.

Molly (Beanie Feldstein) y Amy (Kaitlyn Dever) hicieron todo lo que tenían que hacer: fueron buenas hijas y alumnas, estudiaron más de la cuenta y entraron a prestigiosas universidades que asegurarían su futuro. Para lograrlo, no salieron a fiestas ni tuvieron citas, y esto es algo que ellas llevan como una medalla de honor, un sacrificio necesario para un bien superior. Pero llega el último día de clases, aquel antes de la graduación donde tantas películas se enmarcan, y se dan cuenta de que sus compañeros también entraron a prestigiosas universidades que asegurarían su futuro, forzándose a reconocer lo negado durante años, es decir, era posible divertirse y estudiar. Para ponerse al día, las amigas tienen una última oportunidad, una noche donde podrán demostrarle al resto y a sí mismas que sus desarrollados cerebros no significan que tampoco puedan ser divertidas.

Y “La Noche De Las Nerds” funciona, principalmente porque acierta en dos de los principios más fundamentales que necesitaba lograr: la especificidad y los personajes. La del guion es una fórmula estructural tan simple desde su concepción, que, al carecer de grandes hitos que puedan impactar a los personajes y cambiarlos, se la juega por completo en qué tan específicas son las situaciones mostradas, qué tan idiosincrásicos son los diálogos y qué tan particulares los gestos y reacciones en las actuaciones. Cualquier hecho diferenciador aquí se hace crucial, ya que no se trata de una gran historia, pero sí de una que busca generar empatía rápida, verosimilitud y las ganas de seguir a estas niñas en su noche.

Otra buena noticia es que, por encima de todo, esta es la película de Beanie Feldstein (“Lady Bird”) y Kaitlyn Dever (“Short Term 12”), generando una dinámica atractiva cuando están juntas y personajes entrañables por separado. Los mejores momentos son cuando las amigas se comentan sus looks para la fiesta, diálogos que ocurren unas tres veces en la película, donde la trama parece detenerse por un minuto para sólo enfocarse en la rápida sucesión de exagerados halagos improvisados perfectamente por Dever y Feldstein. Por más simple que parezca, eso es todo lo que necesitamos para creernos esta relación y, por ende, entender a los personajes, quererlos y confiar en que la película está en buenas manos.

Que la cinta recaiga en los hombros de las actrices no es una ofensa para Olivia Wilde, quien entrega un debut sólido como directora y cuya experiencia como actriz seguramente contribuyó a la dinámica entre su dúo protagónico. Además, no sucumbe a instintos videocliperos, pero aun así crea una película entretenida y sumamente dinámica, donde la buena selección musical tiene un rol importante y se permite un par de locuras audiovisuales que van desde el exceso de jumpcuts y uso de cámara lenta, hasta una secuencia de stop motion bizarra, pero coherente.

Otra buena actualización del género es que muestra una jungla colegial donde los estereotipos existen, pero ya no son los que estamos acostumbrados a ver. Los nerds ya no ocupan lentes ni inhaladores, e incluso son respetados por sus compañeros; son personas y, aunque la jerarquía social que convierte la escuela en un infierno sigue presente, se siente más realista que en incontables comedias hollywoodenses.

Y eso es finalmente lo que uno puede esperar de una cinta como esta: una actualización que nos muestra el estado de las cosas, el dónde radica el humor hoy en día, en qué se ve la inseguridad de los más jóvenes y cómo estos se comportan para atenuarlas. Encantadora –si bien intrascendente–, es una hora y media que nadie podría arrepentirse de ver, completamente capaz de dejarnos sonriendo después de los créditos y cuando la recordemos los años posteriores, antes de que llegue una nueva experiencia como esta que nos haga ponerla en perspectiva. Como crecer, ¿no?


Título Original: Booksmart

Director: Olivia Wilde

Duración: 102 minutos

Año: 2019

Reparto: Kaitlyn Dever, Beanie Feldstein, Lisa Kudrow, Jason Sudeikis, Jessica Williams, Will Forte, Mike O’Brien, Molly Gordon, Billie Lourd, Skyler Gisondo, Noah Galvin, Diana Silvers


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Araña

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Araña

Particularmente para la historia de nuestro país, la ficción ha servido como un medio artístico donde la reflexión frente al pasado y la reconstrucción de nuestra memoria ha sido indispensable para mirar hacia el futuro. Por lo que en muchas ocasiones se ha hablado de las particularidades políticas de las producciones cinematográficas chilenas. “Araña” marca el regreso de Andrés Wood al cine después de ocho años del estreno de “Violeta Se Fue A Los Cielos” (2011), y se enfoca en el frente nacionalista Patria y Libertad, grupo paramilitar creado en 1971, basado en ideas fascistas y nacionalistas en oposición al gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, marcando también el retorno del director desde “Machuca” (2004) a cintas que toman el contexto político de Chile previo al golpe militar de 1973.

La nueva película de Wood se centra en dicha organización, enfocándose en tres de sus integrantes: Gerardo (Pedro Fontaine / Marcelo Alonso), Inés (María Valverde / Mercedes Morán) y Justo (Gabriel Urzúa / Felipe Armas). Durante las actividades que el grupo realizaba contra el gobierno de Allende, el triángulo amoroso se forja, creando deslealtades y traiciones. Cuarenta años más tarde, el regreso de Gerardo pone en jaque las vidas de sus ex compañeros.

La cinta tiene como indudable objetivo el diálogo que se establece entre el pasado y el presente, creando los puentes necesarios para la reflexión frente a los hechos del ayer y sus evidentes efectos en el Chile de hoy, y cómo los protagonistas de esta historia lidian con fantasmas que aún los persiguen. Para lograr esta meta, el relato nos sitúa en el año 2018, donde tres personajes viven una vida adulta distante del espíritu joven y revolucionario que los caracterizaba; sus biografías parecen manchadas y cada uno ha decidido batallar o eludir quiénes eran hace cuarenta años, por lo que, a través de flashbacks ubicados en 1971, se va restaurando y completando esos trozos de una historia que parece incompleta. Y, aunque el relato permite contextualizar la época y se dedica a mostrar en detalle lo que estaba ocurriendo extraoficialmente, este no pretende explicar desde dónde nacen las ideologías que los personajes llevan como estandartes, pero sí se centra en el complejo triángulo interpersonal que se estaba gestando.

Los tres protagonistas de “Araña” se caracterizan por su particular complejidad, pues, una vez que Gerardo ingresa a militar en el frente nacionalista y al mismo tiempo a la vida del joven matrimonio compuesto por Inés y Justo, el inevitable desmoronamiento de su vida se empieza a acelerar, complicando cada vez más los conflictos personales y políticos por los que atraviesan. Y aunque las identidades de estas tres personas están exhibidas con vulnerabilidad y total honestidad, no están expuestas para una conexión a través de la empatía y la fácil identificación; por el contrario, sus discursos son develados sin tapujos con el objetivo de documentación frente a las ideologías que levantaron al grupo paramilitar y lo hicieron caer dos años más tarde, después del golpe militar de 1973.

Los saltos a la narración en el presente van complementando las características que estos personajes –ya con varios años a cuestas– muestran sin disimulos o engaños, y si bien esta historia no pretende ser una crónica o documentar objetivamente el viaje de estas personas, no deja de ser el reflejo de una realidad notoria, y evidencia la falta de redención a la que la ficción nos tiene acostumbrados. Por lo tanto, en ellos sigue vivo el fuego de las ideas que iniciaron al movimiento paramilitar en una primera instancia, y su humanidad es desnudada y puesta como conflicto frente a lo que el público pueda reflexionar sobre sus actos.

La dirección de Andrés Wood describe con una gran factura visual una época aún presente en la memoria. Además del paralelo y el viaje temporal establecido con sus personajes, el diálogo entre pasado y presente es aún más crudo cuando se centra en las consecuencias sociales y el estado actual de nuestro país, haciendo innegable la representación que se propone frente a la ideología de extrema derecha que se ha evidenciado con más fuerza en el último tiempo, y cómo la sensación de nacionalismo y pertenencia sigue latente.

“Araña” resulta ser una producción que arriesga en términos visuales y en su propuesta narrativa, pues, por un lado, la construcción de sus personajes da cuenta de un relato de abundante complejidad, y por otro, se caracteriza por exponer un extremo ideológico que se prefiere evitar, pero con una presencia innegable, por lo que la cinta de Wood invita a la reflexión sobre la memoria y sus consecuencias en la actualidad.


Título Original: Araña

Director: Andrés Wood

Duración: 120 minutos

Año: 2019

Reparto: Mercedes Morán, Marcelo Alonso, María Valverde, Felipe Armas, Pedro Fontaine, Caio Blat, Gabriel Urzúa, Mario Horton, María Gracia Omegna, Jaime Vadell


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