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La Guerra Silenciosa La Guerra Silenciosa

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La Guerra Silenciosa

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Es cierto que las grandes cintas hollywoodenses tienen copada la cartelera semanal con historias que apelan a la grandilocuencia de sus tramas y sus ostentosas producciones, y sin necesariamente ser una crítica al mercado cinematográfico, existe también la necesidad de contar otro tipo de historias, que se acercan mucho más a lo cotidiano y a los dramas mundanos. Afortunadamente, existen producciones mucho menores que toman la responsabilidad de darle una significancia social a los relatos que son retratados en pantalla. Uno de estos exponentes es el director francés Stéphane Brizé, quien, en cintas como “La Loi Du Marché” (2015), se ha enfocado en los dramas de la clase trabajadora para exponer problemáticas cotidianas, pero de gran relevancia social.

Su nueva cinta, “La Guerra Silenciosa”, se centra en un grupo de trabajadores de la fábrica de Perrin, una empresa automovilística con dueños alemanes. Sus trabajadores firmaron un acuerdo que implicaba un recorte salarial con el fin de mantener sus puestos y salvar la compañía. Dicho acuerdo no fue respetado y la empresa planea cerrar de todas maneras, por lo que el sindicato de trabajadores inicia una lucha para mantener el acuerdo inicial.

Entrar en el mundo de estos trabajadores es adentrarse inmediatamente en problemáticas que pueden pertenecer a cualquier sector del área laboral, por consecuencia exigiendo al espectador una rápida conexión con el conflicto por el que los trabajadores están pasando. Esta petición no es difícil de aceptar porque el relato se construye de una manera casi pedagógica, explicando cada una de las demandas e injusticias que atraviesa la comunidad de la fábrica. Esta veloz y dinámica conexión se da principalmente por la cámara en mano, que se mueve con total libertad a través de reuniones, protestas y negociaciones, invitando a participar como uno más del grupo, casi como un nuevo integrante de un sindicato que toma cada vez más fuerza.

Al centro de este grupo se encuentra Laurent Amédéo (Vincent Lindon), quien lidera con firmeza y dedicación al gran grupo de trabajadores que ven en esta comunidad una oportunidad de mejora frente a sus condiciones laborales. En el dirigente y protagonista se pueden observar las fuertes convicciones que mueven al grupo sindical, y es el único al que se le puede divisar fuera de las reuniones y negociaciones, pues su vida familiar está inserta entre las diferentes asambleas que mueven el principal conflicto del relato. Su esposa e hija logran ser el principal motor para que Laurent pueda seguir una lucha que a ratos se ve pérdida. Sin existir una profunda exploración de su historia personal, se puede intuir sus motivaciones y cuestionamientos, y es gracias a su determinación que el grupo sindical puede avanzar hacia sus objetivos.

Aunque se identifica a Laurent como el protagonista de esta historia, lo cierto es que el grupo de trabajadores y su lucha es el principal motor de un relato que a veces parece más real que la ficción que se está llevando a cabo en pantalla, casi como si fuera un registro documental donde entrevistas y pequeños reportajes en el noticiario provocan la sensación de urgencia que la cinta busca. Un tipo de película que recuerda al cine propuesto por los hermanos Dardenne, quizás bastante cercana a “Deux Jours, Une Nuit” de 2014 y a la propuesta cinematográfica de Ken Loach. Sin embargo, Brizé logra plasmar con naturalidad una historia que se fortalece por su realismo y relevancia social, donde la invitación a la identificación parece casi obligatoria.

Además, el conflicto central lleva al espectador a un viaje donde el auge y casi caída del movimiento sostiene un relato que honestamente propone representar una realidad que no puede ser apartada de nuestra sociedad contemporánea. Pues, el grupo de trabajadores pasa de un estado de unidad casi inquebrantable a poner en dudas sus cimientos y, casi como en todas las organizaciones sociales, este se ve expuesto a la corrupción, viendo cómo sus bases se van destruyendo rápidamente, y es en ese momento donde las convicciones que los unieron en un principio se vuelven fundamentales, de otra forma los objetivos no serán alcanzados.

Tal como su nombre en español lo propone, “La Guerra Silenciosa” habla de una lucha latente, pero presente en nuestra sociedad, y a través de su protagonista entabla un diálogo entre la injusticia y las convicciones que mueven a muchos a arriesgar lo que tienen por un bien mayor. La manera en que Brizé construye visualmente el relato provoca que la urgencia de su trama logre traspasar la ficción y pueda retratar una realidad familiar y fácil de reconocer.


Título Original: En Guerre

Director: Stéphane Brizé

Duración: 113 minutos

Año: 2018

Reparto: Vincent Lindon, Jacques Borderie, Bruno Bourthol, Valérie Lamond, Guillaume Draux, Mélanie Rover


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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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