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La Culpa

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Si bien no es dispositivo innovador, el tipo de propuesta de “La Culpa” es algo que no se ven tan seguido en el cine. Es una historia que ocurre prácticamente en tiempo real, sin elipsis ni saltos temporales, sin abandonar la perspectiva del personaje principal ni el lugar en el que se encuentra. Es una estructura más propia del teatro que del cine, que se juega en el tiempo presente, casi como un monólogo; es “Rope” (1948) de Hitchcock con un solo personaje, el tipo de recurso que ha confinado a Tom Hardy a un auto, a Colin Farrell a una cabina telefónica y a Ryan Reynolds a un ataúd –para hablar de ejemplos recientes–, y en este caso nos introduce a una central de policía durante un turno nocturno.

Asger Holm (Jakob Cedergren) es un oficial encargado de contestar las llamadas de emergencia y redirigirlas o gestionar los recursos para solucionar los problemas. Es a quien llaman personas que han tenido accidentes o que han sido víctimas de hurtos o ataques. Asger es muy profesional, conoce el protocolo y lo desempeña eficientemente, pero una llamada que recibe se escapa de lo cotidiano: una mujer que ha sido secuestrada por su esposo logra hacer una llamada, comunicarse con él, y le relata que está siendo trasladada en una camioneta sin conocer su destino, habiendo dejado a sus dos hijos pequeños solos en su casa.

En “La Culpa” las llamadas telefónicas no son más que voces en off de personajes que nunca conocemos. En cambio, estamos reaccionando siempre como el protagonista y limitados a su perspectiva y lo que él conoce a través de estos testimonios. Es una jugada muy claustrofóbica de parte de la película, que nos deja ver sólo el rostro del protagonista y un par de extras que trabajan con él. La historia se cuenta en su totalidad a través de los diálogos y las imágenes que estos van creando en el espectador.

Asger sigue el procedimiento habitual, pero no deja ir el caso, haciendo seguimientos que escapan de sus competencias para asegurarse de dar solución y de salvar a la mujer. Nos empezamos a preguntar a qué se debe el involucramiento especial en este caso particular, y la película quiere que hagamos esas conjeturas, ya que tiene sus propias respuestas, pero las dosifica lentamente a lo largo de su duración. Finalmente, lo que se construye de a poco es un retrato de un personaje inestable en una situación muy particular de su vida, un estudio de personaje logrado con solo presenciar una hora y media en la vida de un hombre.

Estos difíciles logros no quieren decir que la película esté exenta de las limitantes propias del dispositivo. Finalmente, es una historia que se sostiene en el diálogo y cuyo conflicto está terciado: la acción dramática más importante está sucediendo fuera de campo. Las herramientas que tiene la película para sorprender son más que nada revelaciones, nueva información que va aclarándonos el puzle o contradiciéndolo.

De todas maneras, “La Culpa” tiene claridad sobre lo que está tejiendo, los riesgos que existen en este tipo de propuestas e ideas de cómo sacarle el mayor provecho. Cuando el clímax llega, logra arraigarse en el protagonista, a pesar de que este sea un mero espectador de la historia más emocionante, en un giro del guion que logra hacer calzar todas las piezas, derribar el castillo de naipes construido y concluir la historia satisfactoriamente. Es cine dirigido con seguridad e inteligencia, que, aunque no proponga algo novedoso, nos demuestra que aún quedan técnicas y vueltas de tuerca que pueden dotar de vigor a ideas conocidas.


Título Original: Den SkyldigeLa Culpa

Director: Gustav Möller

Duración: 85 minutos

Año: 2018

Reparto: Jakob Cedergren, Jessica Dinnage, Omar Shargawi, Johan Olsen, Maria Gersby, Jakob Ulrik Lohmann, Laura Bro, Katinka Evers-Jahnsen, Jeanette Lindbæk, Simon Bennebjerg, Morten Suurballe


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Maléfica: Dueña del Mal

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Maléfica

El estreno de producciones animadas Disney en versiones live action ha traído discusiones frente a la real relevancia que dichas cintas tienen en el panorama actual. Y lo cierto es que la curiosidad de la audiencia asegura el éxito comercial. Sin embargo, el duplicado de estas producciones, dejando a un lado la originalidad de sus primeras versiones, obliga a recurrir a una expansión un poco más libre sobre la interpretación de los cuentos clásicos que inspiraron las obras del estudio. En este caso, el estreno de “Maleficent” en 2014 insinuó ciertos elementos que pretendían otorgar frescura a la reinvención de la malvada antagonista de “Sleeping Beauty” (1959).

Luego de varios años de los hechos ocurridos en la primera cinta, “Maléfica: Dueña del Mal” se centra en la relación que la oscura hada (Angelina Jolie) tiene con Aurora (Elle Fanning), luego de que esta anunciara su matrimonio con el príncipe Phillip (Harris Dickinson). La unión entre el reino y el páramo traerá rencillas entre humanos y hadas, poniendo a Maléfica y Aurora en lados opuestos para, a la vez, enfrentarse a un enemigo en común.

La primera cinta, con énfasis en la oscura hada, centraba su atención en cómo la traición forjaba las motivaciones de Maléfica, llevándola a actuar en venganza, siendo este su principal motor. La villana, que aparecía en la cinta original de 1959, se despojaba de un velo superficial, permitiendo escarbar entre sus profundas heridas y dejando entrever las razones para seguir con un plan trazado desde el momento en que se vio decepcionada con la raza humana.

Esta segunda parte deja a un lado la exploración de Maléfica hacia su pasado, concentrándose principalmente en su relación con Aurora y cómo juntas han mantenido la paz entre las criaturas del páramo y el reino de los humanos. Entre ellas se ha forjado un lazo cercano al de madre e hija, y los momentos retratados a solas dan cuenta de cómo su relación ha evolucionado y, al mismo tiempo, sitúa la urgencia cuando la paz que han construido se ve amenazada por el miedo y el poder de una fuerza externa que aparece temprano en el desarrollo del relato.

Una vez separadas, la cinta se toma el tiempo para explorar un lado más vulnerable de Maléfica, el que tiene relación con el origen de su raza y la forma en que la nueva conexión con los de su especie servirá como llama para encender una lucha interna que se veía apagada. Sin embargo, la exploración de aquel lado es trabajado de tal manera, que sólo la superficie es visible, pero no deja espacio para profundizar en cómo este descubrimiento realmente afecta a la protagonista, otorgando a la audiencia llenar ciertos espacios sólo gracias a las reacciones que el personaje tiene frente a ciertos estímulos.

La construcción visual del mundo ficticio donde habitan los personajes está basada principalmente en CGI, recurso que apoya la exploración de un mundo que sobreexplota colores y el diseño de algunas de las criaturas que habitan el lugar. El uso de imágenes creadas digitalmente está justificado frente al mundo de fantasía que se está presentando, pero, al mismo tiempo, su uso afecta visualmente la interacción entre humanos y criaturas, por lo tanto, es necesario entrar en este universo con ojos crédulos frente a lo que ocurre en pantalla.

Dirigida claramente para un público infantil, “Maléfica: Dueña del Mal” no reúne el mínimo compendio de características para sostenerse como una secuela necesaria, olvidando los elementos que le otorgaron frescura a su antecesora y fallando principalmente en la exploración de su protagonista, quien con sus apariciones no justifica la existencia de esta producción.


Título Original: Maleficent: Mistress of Evil

Director: Joachim Rønning

Duración: 118 minutos

Año: 2019

Reparto: Angelina Jolie, Michelle Pfeiffer, Elle Fanning, Ed Skrein, Chiwetel Ejiofor, Juno Temple, Sam Riley, David Gyasi, Lesley Manville, Imelda Staunton, Harris Dickinson, Jenn Murray


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