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El género del biopic tiene un montón de vicios difíciles de esquivar. A menudo intentan abarcar casi una vida completa, lo que hace difícil profundizar realmente en los personajes; otras veces simplemente se apoyan demasiado en el cariño que la audiencia le tiene a sus protagonistas y terminan transformándose en monumentos a sus figuras más que en historias que se valgan por sí mismas. “Judy”, dirigida por Rupert Goold, evita caer en la primera trampa e intenta esquivar la segunda, pero termina apoyándose demasiado en el peso de la figura que busca retratar, en desmedro de la historia.

La película sigue a Judy Garland (Renée Zellweger) mientras intenta revivir su carrera artística durante una serie de espectáculos en Londres a fines de los años 60. En paralelo, debe lidiar con su depresión, alcoholismo y el escrutinio público que trae un complicado y conflictivo juicio por la tutela de sus hijos pequeños. Esto es intercalado con escenas de su juventud como una estrella de cine y televisión, bajo el cruel cuidado de Louis B. Mayer (Richard Cordery).

A pesar de centrarse en un evento muy específico en la vida de la cantante, el film no alcanza a profundizar lo suficiente en su viaje. Judy Garland está poco construida como personaje, donde sus deseos y necesidades no son explorados lo suficiente y, aunque es bastante claro que su mayor meta es obtener custodia de sus hijos pequeños, su viaje interno no se relaciona con el conflicto que vemos en pantalla. Esto lleva a que la película no tenga un foco ni un estilo narrativo claro. A veces se siente como una historia perfectamente tradicional sobre una protagonista intentando sobreponerse a una serie de obstáculos para lograr su objetivo, y otras se siente como una historia menos estructurada, como una serie de viñetas en la vida cotidiana de una artista en el ocaso de su carrera, pero que no se compromete con ninguno de los dos estilos.

Por otro lado, el uso de los flashbacks a la juventud de Judy Garland se siente algo forzado. Pareciera que la película busca retratar su niñez y adolescencia (más bien, la falta de ellas) como el origen de todos los problemas en su adultez, pero no hay una clara correlación narrativa entre ambos momentos. Además, hay varios elementos y situaciones de estos flashbacks que son lamentablemente muy poco explorados, especialmente la clara implicación de que Louis B. Mayer habría abusado sexualmente de ella durante su juventud. El film toma todos estos elementos y pareciera que todo va a llevar a una reflexión sobre los efectos que la fama puede tener en la vida de una persona, pero hacia el desenlace la película se contradice y termina con un final sumamente cursi y gratuito, que temáticamente no dice nada sobre la artista ni sobre la industria. Es un cierre que no entrega nada y busca sólo apelar al cariño que el público le tiene a su figura.

Se siente como si la historia narrada fuera una simple excusa para tener a Renée Zellweger como Judy Garland, y tiene algo de sentido, puesto que su actuación es por mucho lo más rescatable de la película. No sólo es una interpretación muy emocional, sino también muy física. Tanto su postura como sus movimientos dentro y fuera del escenario se sienten excéntricos, pero a la vez espontáneos y naturales, entregando a su personaje una identidad visual muy particular. Es interesante simplemente mirarla caminando, maquillándose y bailando. Lamentablemente, el resto de los personajes son absolutamente olvidables, y se percibe como si estuvieran ahí sólo para que la protagonista tenga gente con quien interactuar, al igual que todos los otros elementos narrativos en el film.

Así, a pesar de tomar la decisión correcta de centrarse en un evento específico en la vida de una artista, “Judy”, al igual que tantas otras biopics, cae en la trampa de apoyarse demasiado en el impacto cultural de la artista que retrata, y no intenta contar una historia interesante narrativa ni temáticamente. Esto es algo que podría funcionar para fans acérrimos de la artista, pero para una audiencia menos familiarizada, “Judy” no tiene nada que ofrecer.


Título Original: Judy

Director: Rupert Goold

Duración: 118 minutos

Año: 2019

Reparto: Renée Zellweger, Rufus Sewell, Finn Wittrock, Michael Gambon, Jessie Buckley, Bella Ramsey, John Dagleish, Gemma Leah Devereux, Gaia Weiss, Andy Nyman, Fenella Woolgar


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La Mirada Incendiada

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La Mirada Incendiada

Tiempos de dictadura, un hijo de exiliados políticos que vuelve a Chile por cuenta propia y un crimen de crueldad inconmensurable por parte de las fuerzas de orden. El tercer largometraje de ficción de la directora Tatiana Gaviola, “La Mirada Incendiada”, inicia con las palabras “Inspirada en un hecho real”, tomando como punto de partida el conocido Caso Quemados, atentado en el que Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri fueron víctimas de un ataque incendiario por parte de militares a plena luz del día en la vía pública.

Protagonizado por Juan Carlos Maldonado en el papel de Rodrigo, el filme prometía sin duda ser un aporte para la memoria de nuestro país, dada la historia en cuestión y su contexto, sin embargo, esta promesa metamorfoseó hasta convertirse no sólo en polémica, debido a la nula influencia que tuvo la familia de Rojas de Negri en materias de decisión cinematográfica, sino que también es una cinta que no cumple del todo con los objetivos que parece perseguir.

El inicio de la película muestra a Rodrigo volviendo a Chile con una cámara bajo el brazo y el propósito de desempeñarse cómo fotógrafo profesional. Tras andar un rato medio perdido, y luego de ser ayudado por una amiga vecina de su tía, logra llegar a la casa de esta y sus dos primas menores, quienes cariñosamente lo acogen a lo largo de la trama. Tras esto, se forjan lazos emotivos que dan cuenta de la personalidad dulce y templada del protagonista. De esta forma, se retrata claramente cómo Rodrigo influyó en la vida del resto de los personajes mediante escenas variadas, que muestran momentos íntimos en los que estos interactúan, desde conversaciones nocturnas y abrazos diurnos, hasta experiencias traumáticas que refuerzan vínculos.

A lo mencionado anteriormente, se suma la manera en que los personajes se comunican entre sí. Si bien, el guión resulta claro y conciso, los intercambios de palabras se articulan principalmente a través de diálogos medianamente breves y en ocasiones incluso un poco rígidos, cayendo en la sobre explicación del contexto dictatorial en el que ocurren los eventos una y otra vez, resultando en parte obvios. Además, el guión demuestra la clara intención de introducir gran variedad –y cantidad– de expresiones y/o dichos chilenos, dando así a entender una identidad lingüística acertada, que da cuenta de aspectos de nuestra cultura, pudiendo haber sido presentado de manera igualmente oportuna, pero a través de matices más sutiles.

Por otro lado, Rodrigo es retratado a través de conversaciones y acciones como un joven que no se encuentra realmente al tanto ni de la situación a nivel país, ni de las restricciones que esto implica, modificando el relato y añadiendo romanticismo mediante la presencia de un protagonista en parte inocente, que sueña con denunciar las injusticias del golpe sin pensar en repercusiones. En este sentido, resalta también el carácter poético que busca reflejar la voz en off de narradora de la historia –perteneciente al personaje de Carmen Gloria Quintana–, sugiriendo la existencia de una profunda relación previa al hecho incendiario entre Carmen Gloria y Rojas de Negri, interpelando acciones y decisiones tomadas por el protagonista. Esto agrega de manera similar un toque de romanticismo que resulta algo forzado y, sobre todo, algo lejano a la realidad de los hechos.

En cuanto a la atmósfera, la película logra reflejar el miedo colectivo y la tensión de la época, además de espacios y elementos característicos que resultan clave para retratar el período, tales como cacerolazos, protestas y allanamientos. Las escenas no son demasiado largas, por lo que hacen que la cinta sea dinámica y en su mayoría liviana, teniendo en consideración la carga del tema que trata. Sin embargo, esto mismo es lo que también genera que en algunas ocasiones se pierda un poco la continuidad entre una escena y la siguiente.

Por último, cabe destacar que, si bien las heridas dejadas por el flagelo dictatorial a lo largo y ancho de este territorio siguen estando cargadas de un rojo fresco y humeante, vale la pena que historias como estas vean a la luz en el formato cinematográfico, alimentando la memoria de nuestro país mediante expresiones artísticas cargadas de historia. Por desgracia, “La Mirada Incendiada” no cumple del todo con este objetivo, quedando al debe principalmente en temas de fidelidad con la memoria histórica nacional y la empatía hacia víctimas del caso, ya que, a pesar de que se deja en claro que el filme tan sólo se inspira en los hechos reales, este sin duda abre paso a preguntas que vale la pena hacerse. ¿Hasta qué punto es viable mezclar realidad y ficción? ¿De qué manera abordar temáticas delicadas de la manera más empática posible? Lamentablemente, en ese sentido “La Mirada Incendiada” desarrolla su narrativa omitiendo aquel elemento tan importante.


Título Original: La Mirada Incendiada

Director: Tatiana Gaviola

Duración: 102 minutos

Año: 2021

Reparto: Juan Carlos Maldonado, Catalina Saavedra, Gonzalo Robles, María Izquierdo, Cristina Aburto, Constanza Sepúlveda, Belén Herrera, Pascal Balart, Estrella Ortiz


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