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John Wick, Sin Control

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Existen películas que proyectan su suerte en el impacto que pueda tener una historia que se muestra sugestiva. Otras, perfilan sus chances de triunfar en base a un exhaustivo control técnico-creativo. Hay las cuales inflan el hype por medio de agresivas campañas publicitarias. Y hay películas, como “John Wick, Sin Control”, que validan toda condición en el reflejo de un actor reciclado. Atendiendo el último punto, personas como Kevin Costner, Denzel Washington o Julia Roberts se han hecho eco de aquello. Arrastrado por el mismo concepto, hoy le corresponde el turno a Keanu Reeves que, en su millonésimo intento de volver a posicionarse como una figura vigente, tiene en el título que aquí describimos una muy buena opción.

JOHN WICK 01John Wick (Keanu Reeves) es un ex asesino a sueldo que recientemente ha perdido a su esposa a causa de una enfermedad. Esta última, antes de morir, y pensando en que su marido deberá compartir el luto de su ausencia junto a alguien, le deja a su cuidado un cachorro. Sin embargo, John cruzará caminos con un grupo de mafiosos, los que mientras asaltan su casa y roban su auto, también acaban con la vida de su nueva mascota. Motivado por la venganza y reviviendo antiguas costumbres en la búsqueda de estos hombres, John Wick descubrirá que el líder de la pandilla es hijo de Viggo Tarasov (Michael Nyqvist), uno de sus viejos conocidos, quien a la vez, enterado del peligro que corre su heredero, pondrá precio a la cabeza del reinsertado sicario.

Desde un principio, “John Wick” se nos presenta siendo un título que no duda en ubicar a la acción como su género excluyente. Definido así el fondo, la forma se va trazando en una introducción que toma una serie de secuencias sobrepuestas temporalmente, llevadas en la intención de otorgar un nutrido ritmo al relato. Si bien esto es algo que funciona en el largo plazo de la película, las primeras líneas pueden perjudicar el camino lógico de la historia, dando lugar a la posibilidad impaciente de aquel espectador más ávido de resoluciones argumentales constantes. Acá, el cuento que la cinta nos intenta enganchar puede ser simple o conocido, pero el mismo consigna otro valor cuando la dinámica del perseguidor/perseguido va madurando y dispone equilibradamente las dos vertientes por donde se mueve el recurso: John Wick abalanzado en una venganza sin cuartel contra el asesino JOHN WICK 02de su perro, y John Wick como blanco de algunos cazarrecompensas que también quieren su botín. Es en este sentido que la película se fomenta entretenida, evocando a ratos lo hecho por las coreanas “Akmareul Boatda” (2010) o la conocidísima “Oldeuboi” (2003).

Tratando de humanizar a un sicario de quien no tenemos más antecedentes que su propia condición y nombre, los directores Chad Stahelski y David Leitch –quienes hasta hace poco sólo tenían una dilatada carrera como extras y que con esta película cumplen un correcto estreno cinematográfico- logran un retrato que empuja a empatizar con el personaje principal, siendo esto un aliciente para que el público se comprometa más emocional que fundadamente. Considerando aquello, y entendiendo que el papel del protagónico es tan relevante como para dar nombre al mismísimo filme, el rol estelar no se desarrolla todo lo que debiese, aun disponiendo de todo un rico contexto: un ex criminal homicida redimido por el amor de una mujer que muere sorpresivamente y que, movido por la venganza, se vuelve a abandonar a su oficio pasado. A este respecto, Keanu Reeves, en lo que parece ser un consistente regreso después de levantar tantos pésimos trabajos para tantos pésimos largometrajes, encarna a un John Wick que, sereno en su planteamiento natural, afirma gran parte de sus fortalezas en los potentes combates que protagoniza. No obstante, sabemos de las limitaciones de Reeves como actor, por lo mismo, el rol del energúmeno en plan de vendetta no termina de cuajar bien en su dimensión.

JOHN WICK 03Como dijera alguna vez el escritor nacional Roberto Bolaño: “Hay momentos para recitar poesías, y hay momentos para boxear”. En lo literal, “John Wick, Sin Control” puede emparejarse con esta frase; las escenas de acción están perfectamente parceladas en relación a los pasajes que se funden con más diálogos, por tanto el agotamiento de los expedientes no existe y los micro clímax de una buena cantidad de lugares encuentran siempre su sitio. En el opuesto, la fotografía, siendo interpretada por el cariz de la película, es por minutos fastidiosamente oscura. Asimismo, los espacios –siempre veloces– que se muestran con un violento fondo sonoro, restan seriedad al tono por momentos dramáticos de la cinta.

A pesar de ser utilizado una vez más el mal truco de llevar el relato por veredas convenientes, contraviniéndose un conjunto de explicaciones coherentes, se puede hacer la vista gorda cuando nos damos cuenta que la película ya ha alcanzado tres cuartas partes de metraje sin advertencias de tiempo. Un buen regreso actoral, buenas cuotas de acción, algún buen molde de sarcasmo y drama fotográfico, guían a un título que sesgada fuese la visión sólo hacia el plano argumental, probablemente no saldría tan airoso.

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La Mirada Incendiada

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La Mirada Incendiada

Tiempos de dictadura, un hijo de exiliados políticos que vuelve a Chile por cuenta propia y un crimen de crueldad inconmensurable por parte de las fuerzas de orden. El tercer largometraje de ficción de la directora Tatiana Gaviola, “La Mirada Incendiada”, inicia con las palabras “Inspirada en un hecho real”, tomando como punto de partida el conocido Caso Quemados, atentado en el que Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri fueron víctimas de un ataque incendiario por parte de militares a plena luz del día en la vía pública.

Protagonizado por Juan Carlos Maldonado en el papel de Rodrigo, el filme prometía sin duda ser un aporte para la memoria de nuestro país, dada la historia en cuestión y su contexto, sin embargo, esta promesa metamorfoseó hasta convertirse no sólo en polémica, debido a la nula influencia que tuvo la familia de Rojas de Negri en materias de decisión cinematográfica, sino que también es una cinta que no cumple del todo con los objetivos que parece perseguir.

El inicio de la película muestra a Rodrigo volviendo a Chile con una cámara bajo el brazo y el propósito de desempeñarse cómo fotógrafo profesional. Tras andar un rato medio perdido, y luego de ser ayudado por una amiga vecina de su tía, logra llegar a la casa de esta y sus dos primas menores, quienes cariñosamente lo acogen a lo largo de la trama. Tras esto, se forjan lazos emotivos que dan cuenta de la personalidad dulce y templada del protagonista. De esta forma, se retrata claramente cómo Rodrigo influyó en la vida del resto de los personajes mediante escenas variadas, que muestran momentos íntimos en los que estos interactúan, desde conversaciones nocturnas y abrazos diurnos, hasta experiencias traumáticas que refuerzan vínculos.

A lo mencionado anteriormente, se suma la manera en que los personajes se comunican entre sí. Si bien, el guión resulta claro y conciso, los intercambios de palabras se articulan principalmente a través de diálogos medianamente breves y en ocasiones incluso un poco rígidos, cayendo en la sobre explicación del contexto dictatorial en el que ocurren los eventos una y otra vez, resultando en parte obvios. Además, el guión demuestra la clara intención de introducir gran variedad –y cantidad– de expresiones y/o dichos chilenos, dando así a entender una identidad lingüística acertada, que da cuenta de aspectos de nuestra cultura, pudiendo haber sido presentado de manera igualmente oportuna, pero a través de matices más sutiles.

Por otro lado, Rodrigo es retratado a través de conversaciones y acciones como un joven que no se encuentra realmente al tanto ni de la situación a nivel país, ni de las restricciones que esto implica, modificando el relato y añadiendo romanticismo mediante la presencia de un protagonista en parte inocente, que sueña con denunciar las injusticias del golpe sin pensar en repercusiones. En este sentido, resalta también el carácter poético que busca reflejar la voz en off de narradora de la historia –perteneciente al personaje de Carmen Gloria Quintana–, sugiriendo la existencia de una profunda relación previa al hecho incendiario entre Carmen Gloria y Rojas de Negri, interpelando acciones y decisiones tomadas por el protagonista. Esto agrega de manera similar un toque de romanticismo que resulta algo forzado y, sobre todo, algo lejano a la realidad de los hechos.

En cuanto a la atmósfera, la película logra reflejar el miedo colectivo y la tensión de la época, además de espacios y elementos característicos que resultan clave para retratar el período, tales como cacerolazos, protestas y allanamientos. Las escenas no son demasiado largas, por lo que hacen que la cinta sea dinámica y en su mayoría liviana, teniendo en consideración la carga del tema que trata. Sin embargo, esto mismo es lo que también genera que en algunas ocasiones se pierda un poco la continuidad entre una escena y la siguiente.

Por último, cabe destacar que, si bien las heridas dejadas por el flagelo dictatorial a lo largo y ancho de este territorio siguen estando cargadas de un rojo fresco y humeante, vale la pena que historias como estas vean a la luz en el formato cinematográfico, alimentando la memoria de nuestro país mediante expresiones artísticas cargadas de historia. Por desgracia, “La Mirada Incendiada” no cumple del todo con este objetivo, quedando al debe principalmente en temas de fidelidad con la memoria histórica nacional y la empatía hacia víctimas del caso, ya que, a pesar de que se deja en claro que el filme tan sólo se inspira en los hechos reales, este sin duda abre paso a preguntas que vale la pena hacerse. ¿Hasta qué punto es viable mezclar realidad y ficción? ¿De qué manera abordar temáticas delicadas de la manera más empática posible? Lamentablemente, en ese sentido “La Mirada Incendiada” desarrolla su narrativa omitiendo aquel elemento tan importante.


Título Original: La Mirada Incendiada

Director: Tatiana Gaviola

Duración: 102 minutos

Año: 2021

Reparto: Juan Carlos Maldonado, Catalina Saavedra, Gonzalo Robles, María Izquierdo, Cristina Aburto, Constanza Sepúlveda, Belén Herrera, Pascal Balart, Estrella Ortiz


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