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Dado su carácter de conductora de metáforas sociales sobre el ser humano e incesante creadora de reflexión, emanada a partir de sus planteamientos, la ciencia ficción es naturalmente terreno fértil para los dobleces y la crítica soterrada. Sin embargo, con el paso de los años y la sostenida insistencia de Hollywood por ocuparla como base de una fracción importante de sus blockbusters, algo se ha ido extraviando en el camino, pérdida que ni los buenos réditos económicos han logrado disimular. Si hasta hace no tantos lustros las películas de sci-fi solían contener como sostén un comentario hacia la sociedad, hoy esa hondura ocupa un puesto anecdótico, desalojada casi completamente por la ligereza reinante en productos, en general, centrados en el simple impacto de los efectos especiales o en ser meros vehículos para el lucimiento de estrellas.

INTERSTELLAR 01Con el desvío hacia la rápida digestión –e, irremediablemente, hacia la intrascendencia–, parecen más distantes que nunca clásicos como “Solyaris” (1972) o “Blade Runner” (1982), pero incluso en los tiempos que corren, no todas las batallas están concluidas. Aunque la búsqueda esté despojada de toda simplicidad, es factible encontrar hoy en la industria cineastas dispuestos a desplazarse a contra corriente. Tal vez el director más representativo de esta característica sea Christopher Nolan, quien, haciendo superproducciones gigantescas, ha mirado el blockbuster desde otro prisma, rasgo que lo colocaba como uno de los más indicados para retar la constante dominante en la ciencia ficción actual.

La historia de “Interestelar” se enfoca en Cooper (Matthew McConaughey), un padre de dos niños que, en mejores años, fue piloto espacial y ahora está obligado a desempeñarse como agricultor, puesto que el mundo está convertido en un lugar donde el maíz es el único alimento cultivable y la escasez absoluta es inminente. Con ese devastador panorama enfrente, un grupo de exploradores y científicos descubren un agujero negro que podría llevarlos a encontrar la salvación de la humanidad, por lo que deciden emprender un viaje más allá de nuestra galaxia. Cooper, ante el ofrecimiento de capitanear la misión, deberá decidir si dejar a sus dos hijos y unirse al intento de preservar la raza humana por medio de la búsqueda de un nuevo planeta habitable.

INTERSTELLAR 05Un familia fracturada, una humanidad que agoniza bajo una cubierta de polvo, un insignificante atisbo de esperanza, un viaje infestado en dolor. Bajo esos ejes, Christopher Nolan se instala con camas y petacas en la ciencia ficción –la vez anterior fue mediante ese lúcido thriller de sci-fi titulado “Inception” (2010)- con la intención más clara que nunca de expandir las fronteras de su cine. Atrás han quedado los años en que el inglés sorprendía al mundo con sus primeras pequeñas producciones –“Memento” (2000), la más deslumbrante del grupo– y ahora, desligado de Batman, no ha temido dar otro paso en su búsqueda por plantar cara a los límites de una industria temerosa a las ideas demasiado arriesgadas. Su osadía respecto a su nueva película está ligada tanto a la envergadura de la historia –compuesta sustancialmente por un drama familiar y una travesía hacia los confines del universo- como a los alcances emocionales y reflexivos de su obra. Nolan no apuesta por una fórmula infalible para hacer superproducciones, por lo que era esperable que en algún momento se adentrara en terrenos menos condescendientes con la galería.

Lo que hace el director en esta oportunidad no viene a subvertir la tradición hollywoodense en cuanto a personajes y desarrollo; no va por ahí el golpe a la cátedra. Su avance en esta ocasión está en sumar un tono existencialista y ambicionar alcances conmovedores, donde, en desmedro del drama humano, el espectáculo pase a segundo plano. Lo que resulta es tan majestuoso que permite asegurar que, en las últimas décadas, en contadas ocasiones el blockbuster ha albergado interrogantes tan audaces y bellas como aquí. No obstante, Nolan con esta historia no está haciendo poesía. Aseverar eso sería ir demasiado lejos y alejarse de la realidad, aunque sí plantea un esfuerzo notable por hacer una obra que combine la acción con la pausa, lo masivo con el comentario atingente.

INTERSTELLAR 02Más que asegurarse de constatar las influencias de la cinta (que sería la nueva “2001: A Space Odyssey”, por ejemplo, más una maniobra de marketing que otra cosa), es interesante adentrarse en determinar qué lugar ocuparía “Interestelar” dentro de la obra de Nolan. A lo largo de su filmografía, lo más cerca que el director había estado de emocionar había sido en “The Dark Knight Rises” (2012), ocasión en que todo estaba ligado al intento de sacrificio final del superhéroe y a la naturaleza de cierre de la película. En “Interestelar” la emoción está acoplada a preguntas vitales y además juega de pilar fundamental, lo que conlleva a que Nolan ponga a rodar este rasgo como nunca antes. Pesa mucho, con respecto a eso, que lo medular sea el lazo familiar, en específico, el amor y la esperanza inquebrantable de un hombre, algo con lo que cualquier espectador puede fácilmente conectar (un rasgo que, dicho sea de paso, es más propio de Spielberg que de Nolan, de ahí que parezca lógico que el rey Midas estuviera detrás de este proyecto en su etapa embrionaria). El mérito también está en llevar esa emoción hacia algo más grande, hacia la extinción de la humanidad. Moviéndose constantemente en esa dualidad, se puede aseverar que sale completamente airoso de la zambullida en estos terrenos que le eran ajenos, completando con satisfacción su mayor desafío a la fecha.

La firma de Nolan, por otro lado, es evidente. Tal como “Inception” y en su tríptico sobre Batman, propone un deslumbrante despliegue visual, a la par de avasalladores clímax narrativos correspondientes a momentos cruciales, capaces de sacudir al espectador en su butaca, que aunque  a ratos amenazan con desbordarse, asombran porque como respaldo hay  una dirección impecable y un guión correctamente acabado. Dicho eso, es inevitable aclarar que esta no es la cinta de Nolan con el mejor ritmo ni la que retrata mejor sus obsesiones (“Inception” plasmaba con más exactitud sus inquietudes), pero dados los alcances del filme, se debe entender como un paso hacia adelante. Un esfuerzo por seguir integrando masividad y arte en una sola película, esta vez instalado en un terreno de mayor aridez.

INTERSTELLAR 03¿Es “Interestelar” muy complicada y densa para ser una superproducción? El realizador inglés tiene confianza en que las audiencias pueden ser exigidas y son capaces de seguir una trama de cierta complicación por más de dos horas y media. Por momentos, parece que va a despegar su ambición por sobre toda mesura, pero Nolan, consciente del medio en el que está instalado, matiza y no convierte la cinta en una realización indigerible para las masas. Efectivamente, de todas sus producciones a gran escala (entiéndase, desde “Batman Begins”), es la menos accesible, pero ni de asomo es un latón. El director tiene el cuidado de acompañar al espectador de personajes con los que es fácil conectar, plantear explicaciones precisas y, además, conjugar con brillantez reflexión con acción.

Pese a que tiene una porción de aciertos aplastantes, no escapa de ciertos reparos. El protagonista tiene el perfil del héroe promedio de este tipo de aventuras (sus traumas iniciales no son retomados), siendo más bien funcional. Tampoco es el universo más deslumbrante que hayamos visto en una película de ciencia ficción, ni lo es su planteamiento, pero la factura es rutilante y las pretensiones, sobrecogedoras. “Interestelar” recoge un espíritu que usualmente encarnan filmes que rehúyen de los efectos visuales y representa un esfuerzo mayúsculo por hacer un cine que integre hondura con entretención.  Por lo demás, este mastodonte cuenta con el blindaje que otorga un grupo de actores dando impecables actuaciones –Matthew McConaughey está por sobre el dibujo de su personaje- y una banda sonora de Hans Zimmer de una belleza avasalladora, que guía los hilos de la narración de manera soberbia, en la que debe ser su mejor contribución para una cinta de Nolan.

INTERSTELLAR 04“Interestelar” corresponde a la imponente apropiación de la esencia de la ciencia ficción por parte de Christopher Nolan, descollando a cada minuto y superando esta vez en ambición a su anterior y primera incursión en la ciencia ficción. Hemos visto esfuerzos similares en los últimos años, pero, ya sea porque contaban con guiones mediocremente encaminados –“Elysium” (2013)- o porque lo desplegado apenas merecía interés –“After Earth” (2013)-, han quedado como propuestas fallidas. Responsable de la resurrección del hombre murciélago en el celuloide y soberano del Hollywood reciente, el director, ahora detrás de una película de sci-fi, vuelve a sostener que superproducción no debe significar ligereza, del mismo modo que profundidad no debe equivaler necesariamente a tedio. A la fecha, ningún otro cineasta ha llegado tan lejos y ha hecho tantos y persistentes esfuerzos por concentrar en una sola obra arte y masividad.

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Minari

“Minari” exhibe, a través de un relato sencillo, la historia de una familia coreana que llega a fines de los años ochenta a Arkansas, Estados Unidos, buscando la oportunidad de progresar a través del cultivo de vegetales coreanos, con el fin de venderlos a la creciente comunidad de dicho país. Desde que llegan al terreno donde se ubica la nueva casa familiar, el padre se ve obligado a contagiar de su propio optimismo al resto de la familia, en especial a su esposa, quien no puede evitar mencionar detalles que en un principio parecen anunciar la ruptura de la visión idílica del nuevo hogar.

Dentro de lo que parece ser una caravana sostenida sobre pilares y ruedas, se construye con resignación el nuevo hogar. Los niños parecen aceptarlo y adaptarse, pero la madre parece extrañar la ciudad desde un principio. La abuela llega de Corea con el propósito de acompañar a sus nietos, pero principalmente a su hija, a quien le cuesta lidiar con la soledad que provoca el aislado lugar.

En este punto la historia se convierte más que el sueño de una familia, en la concreción de los planes que el padre quiere cumplir para probarse a sí mismo de que es capaz de reescribir su historia, y eso resulta bastante original en la trama, ya que da espacio para que los demás personajes puedan abordar sus propias inquietudes en paralelo a algo común como el éxito de un proyecto que tiene el potencial de mejorar las condiciones de vida que afecta a la familia. También se percibe la necesidad de la madre no sólo de sacar adelante a sus hijos, sino que también de integrarse a una comunidad o, a lo menos, recuperar partes de su vida pasada, y con una poco convencional abuela ayudando a su nieto en la lucha silenciosa por superar sus propios límites.

El eje del conflicto de “Minari” se centra en la relación del matrimonio, que comienza a dar las primeras señales de un problema más profundo a través de los diálogos que se refieren a decisiones del pasado, cuyas consecuencias parecen situarse con más fuerza en el presente. Esto es justamente lo que coloca una mayor presión en el resultado de la cosecha, convirtiéndose en un acontecimiento decisivo, ya no sólo para mejorar las condiciones económicas de la familia, sino que también para evitar el desencanto definitivo de su mujer. Si bien, la premisa es bastante sencilla, la clave parece ser la naturalidad con la que transcurre la historia, y en este sentido no es necesario saturar al espectador de explicaciones o diálogos para imaginarse el camino por el que transitó la familia para llegar hasta ahí y lo que verdaderamente está en juego.

La película tiene varios elementos dramáticos, pero van develándose progresivamente, evitando la sensación de agobio que podría provocar este tipo de enfoque. En este sentido, aparte del conflicto principal constantemente presente, los acontecimientos cotidianos logran elaborar una construcción sólida de las características de los personajes y consiguen que el espectador empatice y, por momentos, se divierta con lo que sucede. El problema se presenta al mostrar las emociones de los personajes, ya que no se alcanza a profundizar en ellas, tornándose superficial a ratos en este aspecto. Esto lleva a que se vea un poco caricaturizada la figura de la abuela y que los sentimientos entre el matrimonio sólo se manifiesten en las partes en que discuten, mostrándose en las demás escenas su relación como en una especie de piloto automático. El intento de integración a la comunidad se anuncia como algo relevante, que termina por no tener ningún impacto, quedando como un antecedente más que hubiera sido interesante conocer.

En otras destacadas películas coreanas, el elemento metafórico también ha rodeado la trama, tal como se observa por medio de la piedra en “Parasite” (2019) y el palo de golf en Bin-Jip” (2004). En el caso de “Minari”, Lee Isaac Chung incorpora un vegetal que, según entienden los mismos protagonistas, renace aún más fuerte después de morir, lo que deja entrever una luz de esperanza, pese al último acontecimiento que golpea a la familia. La planta también crece y se afirma en un lugar improbable, reflejo de la fortaleza de la acción de emigrar a una cultura absolutamente diferente, que en esta historia se transmite por el esfuerzo culminante para lograr el anhelado sueño americano que parece acercarse y alejarse en distintas ocasiones.

En definitiva, el mérito de “Minari” no se encuentra en la temática de fondo porque no es novedosa; se han hecho numerosas películas sobre inmigración que incluso muestran un camino mucho más sufrido. Lo que sí es posible destacar es la forma en que se exhibe la historia, dando un espacio a todos los personajes y mezclado una situación que puede parecer desesperanzadora con situaciones cómicas, dando un respiro a la trama, y la aparición de la abuela es clave para este fin, convirtiéndose poco a poco en un personaje que posiblemente será capaz de quedar en la mente de los espectadores. Estos elementos compensan el hecho de que las emociones no alcancen a tocar del todo a los personajes y pone el foco en el curso de la historia, que se acelera de forma muy efectiva en el desenlace, terminando en un excelente final.


Título Original: Minari

Director: Lee Isaac Chung

Duración: 115 minutos

Año: 2020

Reparto: Steven Yeun, Han Ye-ri, Youn Yuh-jung, Alan S. Kim, Noel Cho, Will Patton, Scott Haze, Eric Starkey, Esther Moon, Tina Parker, Darryl Cox

 


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