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Historias de Miedo Para Contar en la Oscuridad

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Es cada vez más difícil diferenciar las películas de terror que parecen llegar semanalmente a las carteleras. No es la trama lo que las distingue, ni sus pretensiones, sus maneras de asustar o lo memorable que resulten. “Historias de Miedo Para Contar en la Oscuridad” busca tener algunos elementos diferenciadores: estar centrada en un grupo de niños, ocurrir en 1968 en medio de una elección decisiva, verse compuesta por varias historias dentro de su metraje. Pero ninguna se siente particularmente original. Es más de lo mismo, de alguna manera, pero tampoco molesta que lo sea, y quizás eso es lo más inofensivo que nos pueden entregar estas anónimas y olvidables películas de las que no podemos escapar.

Es Halloween y un grupo de chicos sale a divagar por uno de estos pueblos norteamericanos donde no pasa mucho, buscando aventuras. Llegan a la abandonada mansión de los Bellows, una reconocida familia que cayó en la infamia debido a la enfermedad de su hija Sarah y, sin mucha razón de ser, le roban un libro de historias de su antigua habitación.

El libro luego se presenta como un objeto maldito, en el que día a día se escriben con sangre historias de terror que involucran a los niños que lo encontraron, en las que son las víctimas. La líder del grupo, Stella (Zoe Margaret Colletti), empieza a notar el patrón y los jóvenes se ponen en marcha contra el tiempo para llegar a Sarah, entender su secreto y librarse de la maldición que día a día va sumiendo a un miembro del grupo en una historia que acaba con su muerte.

Entonces la película se divide interesantemente en una serie de cuentos de terror con distintos protagonistas y el monstruo en particular que lo ataca. Este puede tratarse desde una araña, pasando por espantapájaros hasta llegar a humanoides deformados, en una estrategia narrativa que, aunque aleatoria, no llega a aburrir porque se reinicia frecuentemente. Que se sientan repetitivas y que ninguna dé mucho miedo en particular, es otra cosa. La película está tratada con una importancia (recalcada por la banda sonora) que le juega muy en contra, pero es cuando se pierde en lo ridículo de su premisa que parece funcionar mejor.

Uno espera que la película eleve lo que se presenta o se vuelva más inteligente, pero nunca pasa. Sin embargo, en vez de eso, se torna menos decepcionante a medida que se entiende que esto es todo lo que es. Se vuelve más comprometida consigo misma, y por eso es difícil odiarla.

Lejos de que los sustos que busca provocar funcionen, su trama tenga sentido o sus personajes importen, la película se vuelca en toda su infantil gloria, donde los personajes actúan de la forma menos racional posible, hay que hacer saltos de verosimilitud a cada momento y se avanza predeciblemente hacia un final poco satisfactorio. Sin embargo, el relato se pone más entretenido, o al menos parece estar pasándolo mejor y eso permite que el espectador se involucre un poco más.

Que “Historias de Miedo Para Contar en la Oscuridad” no es para cualquiera, está de más decirlo, pero en la medida en que se le quitan las expectativas de tener a Guillermo del Toro como productor, de estar basada en una serie de cuentos clásicos y respetados, y se evite buscar algo de mayor originalidad o trascendencia en ella, deja de ser ofensiva o de incomodar. Son una serie de aventuras ñoñas que van a entretener a aquel que sabe de antemano que este es su género; es entretenimiento inocente y nostálgico, que no va a sorprender a nadie, pero quizás no busca hacerlo.


Título Original: Scary Stories To Tell In The Dark

Director: André Øvredal

Duración: 111 minutos

Año: 2019

Reparto: Zoe Margaret Colletti, Michael Garza, Austin Zajur, Gabriel Rush, Kathleen Pollard, Gil Bellows, Javier Botet, Dean Norris, Lorraine Toussaint, Austin Abrams, Mark Steger


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Había Una Vez… En Hollywood

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Había Una Vez En Hollywood

Lo difícil de hablar sobre “Había Una Vez… En Hollywood” tiene que ver con que la película se rehúsa a ser reductible a un simple concepto o temática. Trata sobre los asesinatos de Charles Manson, sí, pero también sobre la época de transición entre el antiguo y el nuevo Hollywood, sobre los dos extremos de una misma carrera artística, e incluso se pregunta qué es lo real cuando se ve una película. Quentin Tarantino amplía su espectro más que nunca y, no conforme con la reescritura histórica que hizo en 2009 con “Inglourious Basterds”, ahora ataca otro nicho. Si antes sintió la necesidad de defender a su pueblo de los nazis, ahora lo hace con su pasión y oficio, y son el famoso distrito californiano y su amor por el cine los que obtienen esta corrección, la de imaginar qué hubiera pasado si…

Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) es un actor de westerns televisivos que empieza a enfrentar el declive de su carrera. Vive esta transición con quien es quizás su único amigo, su doble de acción Cliff Booth (Brad Pitt, en la clase de actuación que recae completamente en el carisma que sólo las estrellas pueden tener) en el Hollywood de 1969, el verano del amor en que los hippies pululaban por doquier antes de que los asesinatos mencionados ocurrieran, se rompiera la burbuja y se diera paso a unos más sombríos años 70. Dalton es vecino de Sharon Tate (Margot Robbie, más concepto que personaje) y, conociendo su destino, es sólo cuestión de tiempo para que la película una sus líneas narrativas, fusione personajes ficticios con aquellos basados en personas reales y se entienda el experimento que Tarantino propone en esta cinta.

Durante las primeras dos horas de metraje no ocurre mucho más que una presentación de personajes y situaciones a lo largos de dos días. Son la clase de licencias narrativas que hacen comprensible el que ya se haya anunciado la adaptación televisiva de “Había Una Vez… En Hollywood” las que permiten que el personaje de Brad Pitt tenga su propio corto de veinte minutos en la mitad de la película, o que un día en el set con DiCaprio parezca un capítulo aparte de la película que se está viendo. Y, más allá de molestar, son las mejores secuencias de la cinta. Este es un ritmo lento y desprovisto de conflicto, que parece una novedad para Tarantino y que da paso a preguntarse qué hay detrás de todo esto.

Hay un cuestionamiento constante sobre lo que es real y lo que no. A veces explícito, a veces integrado en situaciones. Margot Robbie va al cine a ver una película en la que actúa, pero lo que Tarantino proyecta es a la verdadera Sharon Tate. Se muestra una película de Steve McQueen, pero también al actor que lo interpreta y que claramente no es Steve McQueen. DiCaprio actúa de Dalton, un actor actuando de otro personaje para la televisión, y cuando se equivoca en sus líneas pareciera que es intencional el que por un segundo se piense que es el verdadero DiCaprio olvidándolas.

Y quizás esa es la lógica detrás del casting de Al Pacino en un cameo, o del desfile de rostros conocidos que presenta la película, que incluye a Dakota Fanning, Bruce Dern, Kurt Russell y Lena Dunham, empujando al espectador a distanciarse con las apariciones de actores que no llegamos a creer en sus personajes porque sólo vemos a quienes los interpretan. “Los actores son unos falsos, no puedes creer nada que salga de su boca”, dice un personaje de la película, pero los guionistas son iguales, y aquí Tarantino no nos deja olvidar que esta es una fantasía, que hasta su plano final tiene el propósito de evidenciar la ironía, que es él diciéndole al espectador constantemente: “No es cierto, ¿recuerdas? Esto no era verdad”. Es un cuento.

Y lo que queda entonces es entregarse a Tarantino en su versión más distendida y experimental. Disfrutar las escenas de Brad Pitt y Leonardo DiCaprio en el auto conversando como si no hubiese que llegar a alguna parte con cada escena. Asombrarse con ingenuidad junto a Margot Robbie por lo que depara un futuro que puede nunca llegar. Anticipar la violencia pop clásica del cineasta que se esconde, pero se anticipa porque la premisa de la película ya advirtió que existiría. Y reconocer que es una película diferente a lo que ha habido en el cine el último año y que sólo podría haber hecho un Tarantino que se está empujando un poco más.

Si esta fantasía sirve de algo, es para constatar que el director se sigue desafiando, que no descansa en lo construido con su filmografía y que, sin traicionarla, puede evolucionarla. Que puede madurar y entregar su película más personal, aquella que es capaz de proponer que la violencia no es el fin y que, aunque le parezca entretenida, no es el comentario con el que quiere que se vaya el espectador. Mejor aún, que ese comentario puede ser cualquier cosa que uno rescate del abanico de temas que propone y que uno tiene el tiempo de pensar mientras la película divaga, y uno divaga con ella, reflexionando que quizás no importa nada de lo que está pasando, que puede que todo sea mentira, pero que qué divertido es salir del mundo real e ir al cine un rato.


Título Original: Once Upon A Time… In Hollywood

Director: Quentin Tarantino

Duración: 161 minutos

Año: 2019

Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Emile Hirsch, Margaret Qualley, Al Pacino, Kurt Russell, Bruce Dern, Timothy Olyphant, Dakota Fanning, Damian Lewis, Luke Perry, Michael Madsen


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