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Había Una Vez En Hollywood Había Una Vez En Hollywood

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Había Una Vez… En Hollywood

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Lo difícil de hablar sobre “Había Una Vez… En Hollywood” tiene que ver con que la película se rehúsa a ser reductible a un simple concepto o temática. Trata sobre los asesinatos de Charles Manson, sí, pero también sobre la época de transición entre el antiguo y el nuevo Hollywood, sobre los dos extremos de una misma carrera artística, e incluso se pregunta qué es lo real cuando se ve una película. Quentin Tarantino amplía su espectro más que nunca y, no conforme con la reescritura histórica que hizo en 2009 con “Inglourious Basterds”, ahora ataca otro nicho. Si antes sintió la necesidad de defender a su pueblo de los nazis, ahora lo hace con su pasión y oficio, y son el famoso distrito californiano y su amor por el cine los que obtienen esta corrección, la de imaginar qué hubiera pasado si…

Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) es un actor de westerns televisivos que empieza a enfrentar el declive de su carrera. Vive esta transición con quien es quizás su único amigo, su doble de acción Cliff Booth (Brad Pitt, en la clase de actuación que recae completamente en el carisma que sólo las estrellas pueden tener) en el Hollywood de 1969, el verano del amor en que los hippies pululaban por doquier antes de que los asesinatos mencionados ocurrieran, se rompiera la burbuja y se diera paso a unos más sombríos años 70. Dalton es vecino de Sharon Tate (Margot Robbie, más concepto que personaje) y, conociendo su destino, es sólo cuestión de tiempo para que la película una sus líneas narrativas, fusione personajes ficticios con aquellos basados en personas reales y se entienda el experimento que Tarantino propone en esta cinta.

Durante las primeras dos horas de metraje no ocurre mucho más que una presentación de personajes y situaciones a lo largos de dos días. Son la clase de licencias narrativas que hacen comprensible el que ya se haya anunciado la adaptación televisiva de “Había Una Vez… En Hollywood” las que permiten que el personaje de Brad Pitt tenga su propio corto de veinte minutos en la mitad de la película, o que un día en el set con DiCaprio parezca un capítulo aparte de la película que se está viendo. Y, más allá de molestar, son las mejores secuencias de la cinta. Este es un ritmo lento y desprovisto de conflicto, que parece una novedad para Tarantino y que da paso a preguntarse qué hay detrás de todo esto.

Hay un cuestionamiento constante sobre lo que es real y lo que no. A veces explícito, a veces integrado en situaciones. Margot Robbie va al cine a ver una película en la que actúa, pero lo que Tarantino proyecta es a la verdadera Sharon Tate. Se muestra una película de Steve McQueen, pero también al actor que lo interpreta y que claramente no es Steve McQueen. DiCaprio actúa de Dalton, un actor actuando de otro personaje para la televisión, y cuando se equivoca en sus líneas pareciera que es intencional el que por un segundo se piense que es el verdadero DiCaprio olvidándolas.

Y quizás esa es la lógica detrás del casting de Al Pacino en un cameo, o del desfile de rostros conocidos que presenta la película, que incluye a Dakota Fanning, Bruce Dern, Kurt Russell y Lena Dunham, empujando al espectador a distanciarse con las apariciones de actores que no llegamos a creer en sus personajes porque sólo vemos a quienes los interpretan. “Los actores son unos falsos, no puedes creer nada que salga de su boca”, dice un personaje de la película, pero los guionistas son iguales, y aquí Tarantino no nos deja olvidar que esta es una fantasía, que hasta su plano final tiene el propósito de evidenciar la ironía, que es él diciéndole al espectador constantemente: “No es cierto, ¿recuerdas? Esto no era verdad”. Es un cuento.

Y lo que queda entonces es entregarse a Tarantino en su versión más distendida y experimental. Disfrutar las escenas de Brad Pitt y Leonardo DiCaprio en el auto conversando como si no hubiese que llegar a alguna parte con cada escena. Asombrarse con ingenuidad junto a Margot Robbie por lo que depara un futuro que puede nunca llegar. Anticipar la violencia pop clásica del cineasta que se esconde, pero se anticipa porque la premisa de la película ya advirtió que existiría. Y reconocer que es una película diferente a lo que ha habido en el cine el último año y que sólo podría haber hecho un Tarantino que se está empujando un poco más.

Si esta fantasía sirve de algo, es para constatar que el director se sigue desafiando, que no descansa en lo construido con su filmografía y que, sin traicionarla, puede evolucionarla. Que puede madurar y entregar su película más personal, aquella que es capaz de proponer que la violencia no es el fin y que, aunque le parezca entretenida, no es el comentario con el que quiere que se vaya el espectador. Mejor aún, que ese comentario puede ser cualquier cosa que uno rescate del abanico de temas que propone y que uno tiene el tiempo de pensar mientras la película divaga, y uno divaga con ella, reflexionando que quizás no importa nada de lo que está pasando, que puede que todo sea mentira, pero que qué divertido es salir del mundo real e ir al cine un rato.


Título Original: Once Upon A Time… In Hollywood

Director: Quentin Tarantino

Duración: 161 minutos

Año: 2019

Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Emile Hirsch, Margaret Qualley, Al Pacino, Kurt Russell, Bruce Dern, Timothy Olyphant, Dakota Fanning, Damian Lewis, Luke Perry, Michael Madsen


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1 Comentario

1 Comentario

  1. Rosaura

    17-Sep-2019 en 10:16 am

    Se me hizo eterna, vayan a verla si quieren ir a perder su tiempo

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Maléfica: Dueña del Mal

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Maléfica

El estreno de producciones animadas Disney en versiones live action ha traído discusiones frente a la real relevancia que dichas cintas tienen en el panorama actual. Y lo cierto es que la curiosidad de la audiencia asegura el éxito comercial. Sin embargo, el duplicado de estas producciones, dejando a un lado la originalidad de sus primeras versiones, obliga a recurrir a una expansión un poco más libre sobre la interpretación de los cuentos clásicos que inspiraron las obras del estudio. En este caso, el estreno de “Maleficent” en 2014 insinuó ciertos elementos que pretendían otorgar frescura a la reinvención de la malvada antagonista de “Sleeping Beauty” (1959).

Luego de varios años de los hechos ocurridos en la primera cinta, “Maléfica: Dueña del Mal” se centra en la relación que la oscura hada (Angelina Jolie) tiene con Aurora (Elle Fanning), luego de que esta anunciara su matrimonio con el príncipe Phillip (Harris Dickinson). La unión entre el reino y el páramo traerá rencillas entre humanos y hadas, poniendo a Maléfica y Aurora en lados opuestos para, a la vez, enfrentarse a un enemigo en común.

La primera cinta, con énfasis en la oscura hada, centraba su atención en cómo la traición forjaba las motivaciones de Maléfica, llevándola a actuar en venganza, siendo este su principal motor. La villana, que aparecía en la cinta original de 1959, se despojaba de un velo superficial, permitiendo escarbar entre sus profundas heridas y dejando entrever las razones para seguir con un plan trazado desde el momento en que se vio decepcionada con la raza humana.

Esta segunda parte deja a un lado la exploración de Maléfica hacia su pasado, concentrándose principalmente en su relación con Aurora y cómo juntas han mantenido la paz entre las criaturas del páramo y el reino de los humanos. Entre ellas se ha forjado un lazo cercano al de madre e hija, y los momentos retratados a solas dan cuenta de cómo su relación ha evolucionado y, al mismo tiempo, sitúa la urgencia cuando la paz que han construido se ve amenazada por el miedo y el poder de una fuerza externa que aparece temprano en el desarrollo del relato.

Una vez separadas, la cinta se toma el tiempo para explorar un lado más vulnerable de Maléfica, el que tiene relación con el origen de su raza y la forma en que la nueva conexión con los de su especie servirá como llama para encender una lucha interna que se veía apagada. Sin embargo, la exploración de aquel lado es trabajado de tal manera, que sólo la superficie es visible, pero no deja espacio para profundizar en cómo este descubrimiento realmente afecta a la protagonista, otorgando a la audiencia llenar ciertos espacios sólo gracias a las reacciones que el personaje tiene frente a ciertos estímulos.

La construcción visual del mundo ficticio donde habitan los personajes está basada principalmente en CGI, recurso que apoya la exploración de un mundo que sobreexplota colores y el diseño de algunas de las criaturas que habitan el lugar. El uso de imágenes creadas digitalmente está justificado frente al mundo de fantasía que se está presentando, pero, al mismo tiempo, su uso afecta visualmente la interacción entre humanos y criaturas, por lo tanto, es necesario entrar en este universo con ojos crédulos frente a lo que ocurre en pantalla.

Dirigida claramente para un público infantil, “Maléfica: Dueña del Mal” no reúne el mínimo compendio de características para sostenerse como una secuela necesaria, olvidando los elementos que le otorgaron frescura a su antecesora y fallando principalmente en la exploración de su protagonista, quien con sus apariciones no justifica la existencia de esta producción.


Título Original: Maleficent: Mistress of Evil

Director: Joachim Rønning

Duración: 118 minutos

Año: 2019

Reparto: Angelina Jolie, Michelle Pfeiffer, Elle Fanning, Ed Skrein, Chiwetel Ejiofor, Juno Temple, Sam Riley, David Gyasi, Lesley Manville, Imelda Staunton, Harris Dickinson, Jenn Murray


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