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Godzilla 2: El Rey de los Monstruos

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Desde su aparición cinematográfica en 1954, la figura de Godzilla se sostiene a través del tiempo como el monstruo gigante que es. Este titán de grandes proporciones es la franquicia más extensa aún en vigencia. Su reinició en la cinta de 2014 dirigida por Gareth Edwards generó un sorprendente éxito y plantó la semilla de lo que  se conoce como Monsterverse. La segunda parte de esta nueva saga, “Kong: Skull Island” (2017), expandió sus horizontes al presentar y preparar un enfrentamiento con Kong. En esta tercera parte, Godzilla vuelve a ser protagonista y su universo narrativo se expande al introducir el resto de las bestias que se esconden en la Tierra.

Los criptozoólogos de la agencia Monarch han descubierto la manera de controlar a bestias que se esconden en los rincones del mundo. Sin embargo, sus planes se ven truncados cuando estos monstruos demuestren que no pueden ser domados y pondrán en peligro la vida de los humanos en el planeta.

El reinicio de “Godzilla” permitió comenzar una nueva era donde monstruos gigantescos serían protagonistas de colosales batallas en pantalla, trayendo de regreso a uno de los personajes cinematográficos más reconocidos de todos los tiempos. La cinta logró una buena acogida por parte de la audiencia y de la crítica, gracias a que existió un cuidado visual al retratar al titán y el relato que se centraba en los personajes humanos cumplía en función de la aparición de Godzilla, pero al mismo tiempo estaba construido de una manera para que el drama se acoplase sin mayor esfuerzo a las escenas de destrucción que caracteriza a este tipo de producciones. Sin embargo, una de las mayores críticas que se le asoció a aquella cinta tenía que ver con la poca aparición del monstruo protagonista en pantalla, considerando que es el principal atractivo de la historia.

Siendo conscientes de aquellas críticas, esta continuación de la cinta de 2014, cuyo relato continúa un par de años después de los desastres dejados por Godzilla, se hace cargo de aquellos comentarios y permite que los monstruos gigantescos sean el verdadero centro de atención. Así, la mayoría de las secuencias son dedicadas a exhibir a las legendarias bestias que ya forman parte del universo ficticio donde Godzilla es el indiscutible soberano, entre ellos Mothra, Rodan y King Ghidorah, quienes en un excelente diseño digital provocan admiración frente a su grandeza y, a la vez, el temor debido a su presencia inquietante. Y aunque la presentación de cada uno podría parecer forzada, logran justificar su aparición y otorgan los momentos más interesantes de la cinta.

Pese a lo bien que puede funcionar la aparición de los monstruos, se intenta unir todas estas escenas con el drama que involucra a los personajes humanos, quienes tratan de otorgar un contexto donde la manifestación espontánea de cada uno de estos kaiju causará la agitación en el mundo y detonará los momentos más ostentosos y atractivos de la cinta. Sin embargo, la inclusión de ellos resulta ser la mayor falencia, porque la carencia de sustancia en la construcción de sus conflictos termina por generar una despreocupación frente a los peligros que estos se enfrentan.

La historia familiar que se encuentra en el centro del desastre se limita a entregar trozos de información innecesaria y que poco aportan al relato que se está construyendo, fallando al momento de presentarse como el hilo conductor de una historia donde sólo importan las batallas más grandes que están ocurriendo en pantalla. Además de la falta de profundidad de estos personajes y sus conflictos, se suman los cabos sueltos generados cuando se quiere explorar la mitología detrás de estas bestias y los intentos que realizan los personajes que buscan la manera de enfrentarse a ellos, llegando a un punto donde el caos no permite que se entiendan del todo los caminos que estos deben seguir, por lo que las soluciones que aparecen para darle un final a la historia parecen claramente forzadas y sin un apoyo firme para sostenerlas.

Por el contrario, una vez que se deja a un lado el drama humano y los titanes se enfrentan el uno al otro, es cuando la película se levanta rápida y vertiginosamente avanza sin obstáculos y justifica su existencia, apoyándose en batallas de un corte épico, donde no se escatima en el espectáculo visual con tal de dejar satisfecho a los seguidores de Godzilla y cualquier espectador casual que busca ser sorprendido por bestias diseñadas digitalmente, donde el CGI funciona y evidencia que las leyes físicas se pueden romper con tal de asombrar al público.

“Godzilla 2: El Rey de los Monstruos” resulta ser una secuela donde es necesario hacer ciertas concesiones con su construcción narrativa para disfrutar del espectáculo visual que se ofrece. Y si bien la ostentosidad presentada en las batallas a las que se enfrentan estos colosos logra justificar esta tercera parte del Monsterverse, lo cierto es que se revela fácilmente el deseo comercial de forzar una franquicia y se establece el camino para el siguiente enfrentamiento entre Godzilla y Kong.


Título Original: Godzilla: King Of The Monsters

Director: Michael Dougherty

Duración: 131 minutos

Año: 2019

Reparto: Millie Bobby Brown, Kyle Chandler, Vera Farmiga, Bradley Whitford, Charles Dance, Thomas Middleditch, Sally Hawkins, Aisha Hinds, Ken Watanabe, Randy Havens, Anthony Ramos


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Había Una Vez… En Hollywood

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Había Una Vez En Hollywood

Lo difícil de hablar sobre “Había Una Vez… En Hollywood” tiene que ver con que la película se rehúsa a ser reductible a un simple concepto o temática. Trata sobre los asesinatos de Charles Manson, sí, pero también sobre la época de transición entre el antiguo y el nuevo Hollywood, sobre los dos extremos de una misma carrera artística, e incluso se pregunta qué es lo real cuando se ve una película. Quentin Tarantino amplía su espectro más que nunca y, no conforme con la reescritura histórica que hizo en 2009 con “Inglourious Basterds”, ahora ataca otro nicho. Si antes sintió la necesidad de defender a su pueblo de los nazis, ahora lo hace con su pasión y oficio, y son el famoso distrito californiano y su amor por el cine los que obtienen esta corrección, la de imaginar qué hubiera pasado si…

Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) es un actor de westerns televisivos que empieza a enfrentar el declive de su carrera. Vive esta transición con quien es quizás su único amigo, su doble de acción Cliff Booth (Brad Pitt, en la clase de actuación que recae completamente en el carisma que sólo las estrellas pueden tener) en el Hollywood de 1969, el verano del amor en que los hippies pululaban por doquier antes de que los asesinatos mencionados ocurrieran, se rompiera la burbuja y se diera paso a unos más sombríos años 70. Dalton es vecino de Sharon Tate (Margot Robbie, más concepto que personaje) y, conociendo su destino, es sólo cuestión de tiempo para que la película una sus líneas narrativas, fusione personajes ficticios con aquellos basados en personas reales y se entienda el experimento que Tarantino propone en esta cinta.

Durante las primeras dos horas de metraje no ocurre mucho más que una presentación de personajes y situaciones a lo largos de dos días. Son la clase de licencias narrativas que hacen comprensible el que ya se haya anunciado la adaptación televisiva de “Había Una Vez… En Hollywood” las que permiten que el personaje de Brad Pitt tenga su propio corto de veinte minutos en la mitad de la película, o que un día en el set con DiCaprio parezca un capítulo aparte de la película que se está viendo. Y, más allá de molestar, son las mejores secuencias de la cinta. Este es un ritmo lento y desprovisto de conflicto, que parece una novedad para Tarantino y que da paso a preguntarse qué hay detrás de todo esto.

Hay un cuestionamiento constante sobre lo que es real y lo que no. A veces explícito, a veces integrado en situaciones. Margot Robbie va al cine a ver una película en la que actúa, pero lo que Tarantino proyecta es a la verdadera Sharon Tate. Se muestra una película de Steve McQueen, pero también al actor que lo interpreta y que claramente no es Steve McQueen. DiCaprio actúa de Dalton, un actor actuando de otro personaje para la televisión, y cuando se equivoca en sus líneas pareciera que es intencional el que por un segundo se piense que es el verdadero DiCaprio olvidándolas.

Y quizás esa es la lógica detrás del casting de Al Pacino en un cameo, o del desfile de rostros conocidos que presenta la película, que incluye a Dakota Fanning, Bruce Dern, Kurt Russell y Lena Dunham, empujando al espectador a distanciarse con las apariciones de actores que no llegamos a creer en sus personajes porque sólo vemos a quienes los interpretan. “Los actores son unos falsos, no puedes creer nada que salga de su boca”, dice un personaje de la película, pero los guionistas son iguales, y aquí Tarantino no nos deja olvidar que esta es una fantasía, que hasta su plano final tiene el propósito de evidenciar la ironía, que es él diciéndole al espectador constantemente: “No es cierto, ¿recuerdas? Esto no era verdad”. Es un cuento.

Y lo que queda entonces es entregarse a Tarantino en su versión más distendida y experimental. Disfrutar las escenas de Brad Pitt y Leonardo DiCaprio en el auto conversando como si no hubiese que llegar a alguna parte con cada escena. Asombrarse con ingenuidad junto a Margot Robbie por lo que depara un futuro que puede nunca llegar. Anticipar la violencia pop clásica del cineasta que se esconde, pero se anticipa porque la premisa de la película ya advirtió que existiría. Y reconocer que es una película diferente a lo que ha habido en el cine el último año y que sólo podría haber hecho un Tarantino que se está empujando un poco más.

Si esta fantasía sirve de algo, es para constatar que el director se sigue desafiando, que no descansa en lo construido con su filmografía y que, sin traicionarla, puede evolucionarla. Que puede madurar y entregar su película más personal, aquella que es capaz de proponer que la violencia no es el fin y que, aunque le parezca entretenida, no es el comentario con el que quiere que se vaya el espectador. Mejor aún, que ese comentario puede ser cualquier cosa que uno rescate del abanico de temas que propone y que uno tiene el tiempo de pensar mientras la película divaga, y uno divaga con ella, reflexionando que quizás no importa nada de lo que está pasando, que puede que todo sea mentira, pero que qué divertido es salir del mundo real e ir al cine un rato.


Título Original: Once Upon A Time… In Hollywood

Director: Quentin Tarantino

Duración: 161 minutos

Año: 2019

Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Emile Hirsch, Margaret Qualley, Al Pacino, Kurt Russell, Bruce Dern, Timothy Olyphant, Dakota Fanning, Damian Lewis, Luke Perry, Michael Madsen


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