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Ese Es Mi Hijo

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El humor burdo y facilista es el norte a seguir en esta comedia protagonizada por Adam Sandler, quien en su incansable peregrinaje por cintas de dudosa calidad, ahora se alía con el cómico estadounidense Andy Samberg, quien ha logrado una fama considerable en el último tiempo gracias a sus ingeniosos sketchs en el programa Saturday Night Live, para encarnar a la dupla protagonista de “Ese Es Mi Hijo”, filme dirigido por Sean Anders, quien ya ha demostrado sus “virtudes” cinematográficas en títulos como “Sex Drive” (2008) o “Mr. Popper’s Penguins” (2011), esa aberración para la familia que dejó al descubierto el hecho de que Jim Carrey no está pasando por su mejor momento, y cuyo guión fue firmado por Anders. A la vista de estos antecedentes, el panorama no es de lo más auspicioso.

“Ese Es Mi Hijo” cuenta la historia de Donny (Adam Sandler), un chico que cumplió la fantasía de muchos al acostarse con la profesora más deseada de su escuela. Sosteniendo una relación en la clandestinidad, el escándalo se desata cuando se descubre que la profesora del colegio está abusando de un preadolescente. Sentenciada a treinta años de cárcel, la mujer deja a cargo de Donny, un bebe que fue concebido durante su romance. Años más tarde, Donny es recordado como el chico que se acostó con su maestra, fama que le valió grandes dividendos monetarios, los cuales despilfarró hasta encontrarse con una deuda descomunal causada por la evasión de impuestos, y que  lo enviará a la cárcel de no pagarla durante los próximos días. Desesperado, decide buscar a su hijo, luego de que un programa de televisión le ofreciera una gran suma de dinero si es capaz de reunir a su pupilo con su madre. Por su parte, Todd (Andy Samberg), hijo de Donny, ha borrado cualquier huella de su vergonzoso origen logrando éxito económico y pronto a contraer matrimonio. Todd verá su mundo remecido cuando su irresponsable padre llegue a invadir su vida.

Incesto, masturbación, flatulencias y fluidos corporales, son la principal inspiración para crear los gags de “Ese Es Mi Hijo”. Material que en manos más habilidosas, como pueden ser las de los ingleses o cualquier otro país europeo, hubiese resultado mucho más gracioso sin sacrificar la irreverencia y la mala leche, pero agregando algo más de ingenio a los cansinos chistes del tipo “caca, pichí, peo”, dignos de un escolar de educación básica y que pululan sin asco en un sinnúmero de comedias norteamericanas de medio pelo. Para hacer una comparación, tenemos el caso de “El Dictador” (2012), que estuvo en cartelera hasta hace un par de semanas, y donde Sacha Baron Cohen hacía gala de su polémico sentido del humor, sin tapujos a la hora de burlarse de enfermedades terminales o la pedofilia. La gran diferencia entre ese filme y el que nos ocupa, es que el exceso estaba bien planteado, bajo un contexto y tono que sacaban carcajadas de temas tan delicados como es el abuso a un menor. En “Ese Es Mi Hijo” no existe nada de eso, y sólo prima la tontera y el mal gusto, factores que claramente no son suficientes para provocar risas, a menos que se tenga la mente de un adolescente que se esfuerza en aguantar la carcajada al escuchar la palabra “pene” durante la clase de biología.

Aunque en numerosos sentidos la película es detestable, tiene un par de momentos que sí provocan risa y la historia se desarrolla con fluidez a pesar de lo absurdo de la trama. Adam Sandler, que es amado y odiado por partes iguales, hace lo que sabe hacer y cumple con la caricatura que es su personaje. Una pena por Andy Samberg, quien hasta el momento había demostrado ser un tipo con bastante tino y cabeza para el humor, pero en esta ocasión como co-protagonista de una producción mayor, ve mermada su simpatía por la mediocridad de la película. De todas formas se salva de la quema, dando vida a un personaje que es, por lo menos, querible.

En fin, si son de los que disfrutaron con la saga de “Scary Movie” o cualquier otra incursión de Adam Sandler en el cine, gozarán con “Ese Es Mi Hijo”. Para el resto, no hay muchos argumentos que se puedan formular como para convencerlos de ir a ver esta comedia que le sobra grosería, pero le falta ingenio.

Por Sebastián Zumelzu

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La Mirada Incendiada

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La Mirada Incendiada

Tiempos de dictadura, un hijo de exiliados políticos que vuelve a Chile por cuenta propia y un crimen de crueldad inconmensurable por parte de las fuerzas de orden. El tercer largometraje de ficción de la directora Tatiana Gaviola, “La Mirada Incendiada”, inicia con las palabras “Inspirada en un hecho real”, tomando como punto de partida el conocido Caso Quemados, atentado en el que Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri fueron víctimas de un ataque incendiario por parte de militares a plena luz del día en la vía pública.

Protagonizado por Juan Carlos Maldonado en el papel de Rodrigo, el filme prometía sin duda ser un aporte para la memoria de nuestro país, dada la historia en cuestión y su contexto, sin embargo, esta promesa metamorfoseó hasta convertirse no sólo en polémica, debido a la nula influencia que tuvo la familia de Rojas de Negri en materias de decisión cinematográfica, sino que también es una cinta que no cumple del todo con los objetivos que parece perseguir.

El inicio de la película muestra a Rodrigo volviendo a Chile con una cámara bajo el brazo y el propósito de desempeñarse cómo fotógrafo profesional. Tras andar un rato medio perdido, y luego de ser ayudado por una amiga vecina de su tía, logra llegar a la casa de esta y sus dos primas menores, quienes cariñosamente lo acogen a lo largo de la trama. Tras esto, se forjan lazos emotivos que dan cuenta de la personalidad dulce y templada del protagonista. De esta forma, se retrata claramente cómo Rodrigo influyó en la vida del resto de los personajes mediante escenas variadas, que muestran momentos íntimos en los que estos interactúan, desde conversaciones nocturnas y abrazos diurnos, hasta experiencias traumáticas que refuerzan vínculos.

A lo mencionado anteriormente, se suma la manera en que los personajes se comunican entre sí. Si bien, el guión resulta claro y conciso, los intercambios de palabras se articulan principalmente a través de diálogos medianamente breves y en ocasiones incluso un poco rígidos, cayendo en la sobre explicación del contexto dictatorial en el que ocurren los eventos una y otra vez, resultando en parte obvios. Además, el guión demuestra la clara intención de introducir gran variedad –y cantidad– de expresiones y/o dichos chilenos, dando así a entender una identidad lingüística acertada, que da cuenta de aspectos de nuestra cultura, pudiendo haber sido presentado de manera igualmente oportuna, pero a través de matices más sutiles.

Por otro lado, Rodrigo es retratado a través de conversaciones y acciones como un joven que no se encuentra realmente al tanto ni de la situación a nivel país, ni de las restricciones que esto implica, modificando el relato y añadiendo romanticismo mediante la presencia de un protagonista en parte inocente, que sueña con denunciar las injusticias del golpe sin pensar en repercusiones. En este sentido, resalta también el carácter poético que busca reflejar la voz en off de narradora de la historia –perteneciente al personaje de Carmen Gloria Quintana–, sugiriendo la existencia de una profunda relación previa al hecho incendiario entre Carmen Gloria y Rojas de Negri, interpelando acciones y decisiones tomadas por el protagonista. Esto agrega de manera similar un toque de romanticismo que resulta algo forzado y, sobre todo, algo lejano a la realidad de los hechos.

En cuanto a la atmósfera, la película logra reflejar el miedo colectivo y la tensión de la época, además de espacios y elementos característicos que resultan clave para retratar el período, tales como cacerolazos, protestas y allanamientos. Las escenas no son demasiado largas, por lo que hacen que la cinta sea dinámica y en su mayoría liviana, teniendo en consideración la carga del tema que trata. Sin embargo, esto mismo es lo que también genera que en algunas ocasiones se pierda un poco la continuidad entre una escena y la siguiente.

Por último, cabe destacar que, si bien las heridas dejadas por el flagelo dictatorial a lo largo y ancho de este territorio siguen estando cargadas de un rojo fresco y humeante, vale la pena que historias como estas vean a la luz en el formato cinematográfico, alimentando la memoria de nuestro país mediante expresiones artísticas cargadas de historia. Por desgracia, “La Mirada Incendiada” no cumple del todo con este objetivo, quedando al debe principalmente en temas de fidelidad con la memoria histórica nacional y la empatía hacia víctimas del caso, ya que, a pesar de que se deja en claro que el filme tan sólo se inspira en los hechos reales, este sin duda abre paso a preguntas que vale la pena hacerse. ¿Hasta qué punto es viable mezclar realidad y ficción? ¿De qué manera abordar temáticas delicadas de la manera más empática posible? Lamentablemente, en ese sentido “La Mirada Incendiada” desarrolla su narrativa omitiendo aquel elemento tan importante.


Título Original: La Mirada Incendiada

Director: Tatiana Gaviola

Duración: 102 minutos

Año: 2021

Reparto: Juan Carlos Maldonado, Catalina Saavedra, Gonzalo Robles, María Izquierdo, Cristina Aburto, Constanza Sepúlveda, Belén Herrera, Pascal Balart, Estrella Ortiz


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