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Las historias sobre grupos de gente penetrando en círculos para lograr un propósito, suelen ser terrenos excelentes para analizar las motivaciones de esos personajes, la naturaleza de los dilemas que deben enfrentar, las repercusiones emocionales de quienes empujan para romper el cerco, la validez de los métodos empleados y, más trascendental, la relevancia de alcanzar ese fin último. El director Tom McCarthy se encarga de ennoblecer el clasicismo de Hollywood con su quinta película, una cinta que afronta con una narración impecable un hecho complejo y amplio en repercusiones e involucrados. Concebido con esa génesis, la cinta da con la simpleza y la contundencia de un modo que el cine estadounidense parecía haber extraviado.

SPOTLIGHT 01Situada en 2001, la película arranca con la entrada de un nuevo editor a The Boston Globe, Marty Baron (Liev Schreiber), quien luego de leer una columna de un abogado que acusa al arzobispo de Boston de saber que un cura abusaba de niños y no haber hecho nada al respecto, incita a que Walter “Robby” Robinson (Michael Keaton) y el equipo de investigación que lidera, “Spotlight”, comiencen a seguir de cerca el tema. De ese modo, el pequeño grupo de periodistas dedicados a reportear durante meses antes de publicar, compuesto además por Michael Rezendes (Mark Ruffalo), Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams) y Matt Carroll (Brian d’Arcy James), se abocará a investigar a la iglesia y sus redes de pederastia.

En estrecha competencia en la temporada de premios con “The Revenant”, “The Big Short” y “Mad Max: Fury Road”, la cinta de Tom McCarthy, aunque es la más clásica y pequeña de todas ellas, expone algo tan simple como potente: que las buenas historias contadas por buenos narradores son el verdadero corazón de Hollywood, y donde la industria se reconoce a sí misma. Elaborando sobre una historia que a ojos de algunos puede parecer árida, el guión del propio director y Josh Singer se escabulle astutamente entre explicaciones, personajes y datos duros, para hilvanar una narrativa que mantiene cautivo.

SPOTLIGHT 02Es verdad que puede acercarse a contar algo tan poco digerible como lo que relata “Bridge Of Spies” (2015) de Spielberg, pero de su lado tiene algo intrínseco y muy favorable: si bien el grupo de periodistas persigue una historia de dimensiones devastadoras y difícil de encapsular, su propia historia es de por sí apasionante. Si a eso se añade que se encuentra basada en una investigación que ganó el Pulitzer y la revelación remeció a todo un país, y todo está en manos de un cineasta sagaz como McCarthy el asunto no tiene cómo desbandarse. Así, tal como “All The President’s Men” (1976) de Pakula, hace un portentoso uso del material que maneja y garantiza el mantener en vilo.

En un principio, la cantidad de nombres entregada puede abrumar, pero la película paulatinamente va afinando sus clavijas con la inclusión de un pulcro montaje paralelo. No obstante allanar el camino con recursos como ese, la cinta conserva lo propuesto inicialmente: esto es diálogo tras diálogo y acción tras acción, trabajado más finamente conforme la cuerda se tensa y las puertas para el equipo se van cerrando. Con un nervio constante y el disparo incesante de información que podría apuntar al éxito de la investigación, la cinta se hace un bocado irresistible, gozando como buen mérito de no tomar caminos fáciles para hacer más llano y digerible el relato. A su cuerpo también le añade pausas sustanciales, como cuando los personajes de Mark Ruffalo y Stanley Tucci se reúnen en SPOTLIGHT 03un bar y se detienen a observar por medio segundo el asunto desde fuera, por su sangre extranjera, y todo adquiere un carácter aún más devastador.

Todos esos atributos están bastante claros. No está tan claro qué tan contundente e incisiva es en escarbar en las honduras y ecos de lo que está contando. Si bien alude a la ciudad, a la iglesia como institución, hay un carácter de ingenuidad que recorre a los personajes del que la película no puede sacudirse. Mirado desde 2016, cuando ya se han destapado miles de casos en que la iglesia ha sido declarada culpable de ocultar delitos sexuales de sus propios miembros, cuesta compatibilizar con la incredulidad y vacilación que por momentos se manifiesta en su historia. Es una cuestión de sensibilidad, dirán algunos. Puede ser, pero si existe algo despejado de dudas es que la cinta no se cubre las espaldas respecto a la temporalidad y todo lo que ha cambiado la percepción del tema en el mundo. Eso no quita, por supuesto, que siga siendo efectiva en el impacto que provoca, especialmente con las entrevistas y cada episodio en que se les clausuran caminos a los periodistas.

Menos punzante es en cuanto a las repercusiones íntimas y profesionales que muestran sus personajes, pues aunque a medida que la historia progresa va adentrándose en los caracteres de cada uno, no se introduce a plenitud en sus ambigüedades. Lo más lejos que llega es con el personaje de Ruffalo –el más protagonista– y su estallido en la SPOTLIGHT 04oficina de “Spotlight”. Eso se puede explicar en que, audazmente, la película prefiere privilegiar la narración y usar esas vacilaciones y particularidades para hacer un juego de mostrar-ocultar que termina por generar más tensión e intriga. Ahí la cinta no muestra indecisión; todo lo contrario: ante el desafío de contar una historia de estas dimensiones desde una óptica más grupal que personal, prefiere darle espesor y oscuridad al relato, en vez de complejizar a sus personajes y aumentar su riesgo artístico. De ese modo genera más dudas y contribuye en hacer todo más cautivador, pero desperdicia oportunidades, como ahondar aún más en los dilemas del personaje de Keaton, el más complicado moralmente del The Boston Globe. Así se termina por configurar una película moderada en lo formal, pero completamente arrojada en su ímpetu narrativo e interpretativo. No luce como una obra trascendental, pero su meticulosidad, inteligencia y audacia merecen aplausos. Como una “Argo” (2012) menos pop y en el mundo del periodismo, es digna heredera del cine que se dejó de hacer hace más de cuarenta años.

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Mystify: Michael Hutchence

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Michael Hutchence

La mayor trampa de un documental musical es caer en el éxito objetivo más que en la potencia de los fracasos subjetivos. De hecho, cuando aquello ocurre, se olvida la fuerza de lo documental y se queda la predominancia de la música, de la figura, pero más allá de cualquier cosa, un hálito a discurso oficial que, pese a ciertos bemoles, no se advierte en “Mystify: Michael Hutchence”. Y eso es vital para que el trabajo evite quedarse a medio camino entre el brillo de una estrella de la música popular australiana y las tormentas que pueden aquejar a alguien que elige el aislamiento por sobre la petición de ayuda a los cercanos.

La historia de Michael Hutchence podría ser pensada como la del ascenso y caída de INXS, conjunto clave para el pop-rock australiano, con una influencia mundial que se desvaneció más rápido de lo debido. Pero lo cierto es que la vida de Hutchence, y todo lo que la rodeaba, exigía un trabajo puntilloso y bien hilvanado. Eso es lo que el director Richard Lowenstein comprendió a la perfección, desde el armado estructural de la trama hasta la sensible decisión de que el relato fuera coral, sin entrevistas en cámara, sólo material de archivo y entrevistas en off, lo que puede mostrar ciertas incongruencias a nivel de guion, pero sin duda que permite mirar con diferentes ángulos la vida de Michael.

En vez de mostrar los hitos de INXS, como haría un documental clásico, por ejemplo, “Queen: Days Of Our Lives” (2011), lo que se va construyendo en “Mystify: Michael Hutchence” es cada parte de la persona detrás de la carismática, sensual y misteriosa figura del vocalista de la banda. Sus relaciones sentimentales, incluyendo testimonios de parejas históricas, como Michelle Bennett, Kylie Minogue o Helena Christensen, van dando a conocer no sólo los detalles de esos pasajes de la vida de Hutchence, sino también construyendo las certezas y dudas que él tenía consigo mismo, generando un puente entre sus historias en el presente narrado y su pasado, sus raíces familiares, y también sus intereses más allá de la música.

Algo que llama la atención es el nivel de extensión del archivo propio que tenía Michael Hutchence, incluso en su adolescencia, con material en video que mostraba lo que había detrás de las imágenes ya conocidas, permitiendo así que el retrato sea aún más fidedigno porque no hay necesidad en rellenar el documental con registros en vivo o entrevistados en pantalla. En vez de ello, la presencia del cantante es intoxicante, con pocos respiros, en un cúmulo de información que aprieta el pecho y dificulta la respiración, entregando parte de la experiencia que implicaba para el protagonista ser parte de su propia historia.

El punto más cercano a la creación de una historia oficial sobre Hutchence puede ser la forma cándida en la que se habla de drogas en el documental, algo que puede llevar a equívocos respecto a la influencia de este tipo de sustancias en la historia general o en sucesos específicos. Pero, fuera de ello, los roces creativos, administrativos, sentimentales o familiares se exponen con la suficiente imparcialidad como para entender que había una acumulación de experiencias más allá de las drogas, y que tenerlas lejos de la mira no era un acto de saneamiento, sino que de perspectiva para comprender cómo una vida puede recibir tantos estímulos externos e internos, como para que las drogas no parecieran ser tan fuertes.

El mayor problema en este trabajo audiovisual –que en lo técnico está claramente pensado para una sala de cine, desde la mezcla de sonido hasta la disposición de textos en pantalla– está en el guion, que cae en las trampas del relato coral y deja cojas algunas patas de la historia. “Mystify: Michael Hutchence” es exigente porque la cantidad de información, descripción y emoción dispuesta en pantalla es grande, y puede ser un tanto desconcertante para quien no sea conocedor de la historia de INXS o de su protagonista, pero también es parte de la experiencia, que en este caso, tal como el título de la obra, intenta engañar a quienes creían conocer al artista sólo por la altura de su figura, dando cuenta de todo lo auténtico que en verdad tenía un creador cuya pérdida más terrible no es la musical, sino la humana.


Título Original: Mystify: Michael Hutchence

Director: Richard Lowenstein

Duración: 102 minutos

Año: 2019

Reparto: Michael Hutchence, Patricia Hutchence, Kylie Minogue, Helena Christensen, Bob Geldof, Paula Yates, Lesley Lewis


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