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El estudio de personajes complejos y cómo se enfrentan a la adversidad, es un punto de vista que puede entregar saldos positivos si es trabajado con cierta profundidad y cuidado. No es casualidad que estas producciones cinematográficas lleven el nombre de su protagonista en el título, pequeño pero importante detalle que predispone a quienes se van a enfrentar a una historia que invita a conocer a una persona en sus rincones más ocultos. Es por esto que, a tres años del estreno de “Jackie”, el reconocido director Pablo Larraín sigue experimentando y centrándose en historias más íntimas, pero de ostentosa producción.

Ema (Mariana Di Girolamo) es una joven bailarina que ve cómo su vida se desmorona cuando decide entregar al hijo que había adoptado junto a Gastón (Gael García Bernal), luego de un violento accidente provocado por el niño. Así, Ema inicia un viaje de auto liberación que oculta un plan para recuperar lo perdido.

“Ema” es desde un inicio una cinta que se combina con el baile, y a partir de ahí propone su configuración. Desde la danza experimental –parte de la disciplina que la protagonista ejecuta con la compañía de la que es parte– hasta la nueva perspectiva que se le da al reggaetón, siendo este último ritmo preponderante al momento de representar la visión que Ema tiene de la vida y la sociedad. Siendo la música fundamental para contar esta historia, la estructura visual que Larraín construye se asemeja a un gran video clip, donde el baile se toma las calles de Valparaíso, siendo esta ciudad otro elemento que estimula la energía desbordante de sus personajes. Este gran video musical toma ciertas pausas llenas de un dramatismo casi teatral, el que ayuda a entender cómo se van hilando los hechos y nos sitúa en una progresión un poco más cercana a lo habituado.

Y en el centro de la pista de baile se encuentra Ema, una joven con ímpetu y un atractivo que tiene a todos intrigados y atrapados. En ella se han concentrado conceptos que la hacen ver como una mujer llena de una fuerza imparable y un carácter inusual y deseado. Por ello sus planes siempre logran ser alcanzados, casi como si las puertas se abrieran automáticamente sólo para ella, y quienes se cruzan en su camino hacen lo posible para que el tránsito le sea mucho más fácil. En ese sentido, la cinta resulta ser el estudio de un personaje antojadizo, pero lleno de capas que no son resueltas en lo que dura el metraje, sino que la información que se otorga de la protagonista está puesta para ser completada en medio de un conflicto donde no se alcanzan a dimensionar motivos, casi como si faltaran piezas fundamentales para comprender las consecuencias en su totalidad.

Ema es retratada como una mujer compleja, pero al mismo tiempo inestable, y son los personajes a su alrededor los responsables de nutrir sus actitudes volubles. Particularmente Gastón, quien, siendo su pareja, comparte la tarea de perpetuar una relación tóxica donde cada una de las partes utiliza al otro para descargar sus frustraciones. A través de planos donde los personajes miran directamente a la cámara, pareciera que se agravaran las acusaciones, pero, al mismo tiempo, se logra ver el hastío frente a una vida cargada de culpa y desilusión.

Por otra parte, las amigas que acompañan a Ema parecen canalizar todo el vigor juvenil y la protección que esta necesita, y en su madre y hermanas encuentra la energía femenina capaz de levantarla y ayudarla a seguir adelante. En ese sentido, queda manifestado cómo la sororidad y la maternidad es parte de lo que propone “Ema” como sus temáticas, y específicamente pone a su protagonista como figura a discutir frente a su propia maternidad y las diferentes formas de ser madre; en ella se orienta el discurso que existe frente a lo que se entiende socialmente por cumplir aquel rol.

Todas estas ideas y personajes de características intensas se desenvuelven en las calles de Valparaíso, lugar que es mostrado de una forma diferente a lo que se podría esperar, siendo representada como una ciudad con rincones ocultos, pero poseedores de una belleza única. La dirección de Larraín hace que la cinta logre beneficiarse de un atractivo visual casi hipnótico, donde la noche se ilumina por el fuego que literalmente Ema carga en su espalda, intercalando secuencias eróticas retratadas con un alto cuidado visual.

“Ema” sin dudarlo, es el trabajo más arriesgado en la filmografía de Pablo Larraín, casi como si fuera un experimento visual capaz de atraer o desagradar a quienes se exponen a ella, dando como resultado un viaje visual lleno de elementos que suman en su totalidad, y enfocándose en el estudio de un personaje frente a las consecuencias de sus actos y cómo estos afectan a quienes la rodean.


Título Original: Ema

Director: Pablo Larraín

Duración: 102 minutos

Año: 2019

Reparto: Mariana Di Girolamo, Gael García Bernal, Santiago Cabrera, Giannina Fruttero, Catalina Saavedra, Eduardo Paxeco, Mariana Loyola, Paola Giannini, Antonia Giesen, Josefina Fiebelkorn


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Maléfica: Dueña del Mal

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Maléfica

El estreno de producciones animadas Disney en versiones live action ha traído discusiones frente a la real relevancia que dichas cintas tienen en el panorama actual. Y lo cierto es que la curiosidad de la audiencia asegura el éxito comercial. Sin embargo, el duplicado de estas producciones, dejando a un lado la originalidad de sus primeras versiones, obliga a recurrir a una expansión un poco más libre sobre la interpretación de los cuentos clásicos que inspiraron las obras del estudio. En este caso, el estreno de “Maleficent” en 2014 insinuó ciertos elementos que pretendían otorgar frescura a la reinvención de la malvada antagonista de “Sleeping Beauty” (1959).

Luego de varios años de los hechos ocurridos en la primera cinta, “Maléfica: Dueña del Mal” se centra en la relación que la oscura hada (Angelina Jolie) tiene con Aurora (Elle Fanning), luego de que esta anunciara su matrimonio con el príncipe Phillip (Harris Dickinson). La unión entre el reino y el páramo traerá rencillas entre humanos y hadas, poniendo a Maléfica y Aurora en lados opuestos para, a la vez, enfrentarse a un enemigo en común.

La primera cinta, con énfasis en la oscura hada, centraba su atención en cómo la traición forjaba las motivaciones de Maléfica, llevándola a actuar en venganza, siendo este su principal motor. La villana, que aparecía en la cinta original de 1959, se despojaba de un velo superficial, permitiendo escarbar entre sus profundas heridas y dejando entrever las razones para seguir con un plan trazado desde el momento en que se vio decepcionada con la raza humana.

Esta segunda parte deja a un lado la exploración de Maléfica hacia su pasado, concentrándose principalmente en su relación con Aurora y cómo juntas han mantenido la paz entre las criaturas del páramo y el reino de los humanos. Entre ellas se ha forjado un lazo cercano al de madre e hija, y los momentos retratados a solas dan cuenta de cómo su relación ha evolucionado y, al mismo tiempo, sitúa la urgencia cuando la paz que han construido se ve amenazada por el miedo y el poder de una fuerza externa que aparece temprano en el desarrollo del relato.

Una vez separadas, la cinta se toma el tiempo para explorar un lado más vulnerable de Maléfica, el que tiene relación con el origen de su raza y la forma en que la nueva conexión con los de su especie servirá como llama para encender una lucha interna que se veía apagada. Sin embargo, la exploración de aquel lado es trabajado de tal manera, que sólo la superficie es visible, pero no deja espacio para profundizar en cómo este descubrimiento realmente afecta a la protagonista, otorgando a la audiencia llenar ciertos espacios sólo gracias a las reacciones que el personaje tiene frente a ciertos estímulos.

La construcción visual del mundo ficticio donde habitan los personajes está basada principalmente en CGI, recurso que apoya la exploración de un mundo que sobreexplota colores y el diseño de algunas de las criaturas que habitan el lugar. El uso de imágenes creadas digitalmente está justificado frente al mundo de fantasía que se está presentando, pero, al mismo tiempo, su uso afecta visualmente la interacción entre humanos y criaturas, por lo tanto, es necesario entrar en este universo con ojos crédulos frente a lo que ocurre en pantalla.

Dirigida claramente para un público infantil, “Maléfica: Dueña del Mal” no reúne el mínimo compendio de características para sostenerse como una secuela necesaria, olvidando los elementos que le otorgaron frescura a su antecesora y fallando principalmente en la exploración de su protagonista, quien con sus apariciones no justifica la existencia de esta producción.


Título Original: Maleficent: Mistress of Evil

Director: Joachim Rønning

Duración: 118 minutos

Año: 2019

Reparto: Angelina Jolie, Michelle Pfeiffer, Elle Fanning, Ed Skrein, Chiwetel Ejiofor, Juno Temple, Sam Riley, David Gyasi, Lesley Manville, Imelda Staunton, Harris Dickinson, Jenn Murray


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