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El Misterio de Soho El Misterio de Soho

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El Misterio de Soho

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Un día, el renacentista Jorge Manrique escribió sarcásticamente que “todo tiempo pasado fue mejor”. Hoy, 550 años después, se arrancaría el pelo al vernos usar su expresión literalmente, sin aprender la lección. Porque así es el ser humano: recuerda las cosas buenas y olvida las malas, incluso inventando nostalgias que trascienden generaciones. Por eso necesitamos fábulas como “El Misterio De Soho”, la primera película en la que el director Edgar Wright propone un terror serio (a diferencia de “Shaun Of The Dead”). Sin embargo, da la sensación de que no pudo dominar al género, el terror psicológico, por lo que tenemos un film con algunas deficiencias de fondo, pero compensadas con una forma que desborda estilo.

Lo mismo se podría decir de la soñadora y alegre Eloise (Thomasin Mackensie): una ingenua, pero talentosa joven, que deja su pequeño pueblo para triunfar como diseñadora de moda en Londres. Desde el principio, queda claro que es fanática de los años sesenta, y su madre, de quien heredó esas tendencias, se suicidó cuando aún era una niña, pero (inexplicablemente) eso no ha evitado que Eloise la siga viendo, muchas veces en los reflejos como un fantasma sonriente y mudo.

Así va apareciendo esta constante dualidad entre realidad o ficción, y entre pasado o presente; Eloise está tan inmersa en los sesenta, que recién al verla con audífonos modernos se establece que la trama es contemporánea y no retro. Pasa algo similar cuando llega a la pensión universitaria y conoce a unas desagradables compañeras: la recién llegada no sólo parece fuera de lugar, sino que fuera de tiempo. De hecho, es fácil imaginarla pensando “la gente está cada vez más mala”, mientras busca otro hogar para escapar del bullying.

No obstante, las cosas mejoran violentamente para ella cuando consigue que una estricta, pero acogedora señora Collins (la gran Diana Rigg, en su último papel) le arriende una habitación con un look sesentero. Al dormirse en su nueva cama, Eloise no sólo se sorprende de haber sido transportada al Soho de aquella década, sino que se da cuenta, frente al espejo, que está “habitando” el cuerpo de una hermosa y admirable joven llamada Sandie, interpretada por la hipnótica Anya Taylor-Joy.

A pesar del cliché de los “personajes optimistas que descubren la dura realidad al llegar a su destino”, Mackenzie entrega una actuación excelente, lo que ayuda a que el público no vea sus decisiones como incoherentes, sino acciones que se sienten impulsadas por una obsesión. Esa idea es fortalecida por lo irresistible de su nuevo amor platónico, Sandie, quien anhela con cantar y bailar en prestigiosos locales nocturnos. La encarnación de Taylor-Joy es perfecta, tanto cuando la vemos audicionar con su increíble voz, como cuando coquetea con un casanova del lugar, llamado Jack (Matt Smith).

Si la película fuera una mesa, el guion sería la pata floja. A pesar de que tiene puntos muy destacables, también se cae con algunas cosas, como la personalidad y complejidad del resto del reparto. Estos han sido, quizás intencionalmente, “opacados” en la trama y parecen estar sólo para destacar aún más a los protagonistas. La mayoría del elenco actúa bien, pero casos como el de la compañera que hace bullying, el afroamericano al que le gusta Eloise y el interpretado por Terence Stamp, son muy estereotipados. Por otra parte, a veces los personajes actúan de manera poco natural sólo para beneficiar a la trama. Eso, sumado a un par de twists que son un poco obvios, son las cosas que distraen a veces de la experiencia.

La señora Collins describe el escenario mejor que nadie: “Esto es Londres; en todas las habitaciones de todos los edificios de todas las calles de Londres ha muerto gente”, algo que descoloca un poco a la protagonista, pero no evita que siga con su plan. Aquello de que Soho tenga dos lados de la moneda es mucho más obvio para el espectador, pues un tremendo logro de la película es mostrar no sólo la visión perfecta y glamorosa de Eloise, sino también ir alternando eso con escenas extremadamente decadentes, que provocan un muy fuerte contraste. Por otra parte, los seguidores de Wright quizás extrañen sus típicos action shots, pero lo compensa con increíbles transiciones entre escenas y ángulos muy originales, que permitieran complejas secuencias con ambas actrices simultáneamente.

“El Misterio De Soho” es una gran película, visual y auditivamente inteligente, y su talón de Aquiles es relativamente menor: sacrificar un poco de fondo, por la forma. De todas maneras, la película no aburre y es más que suficiente para recordarnos que no debemos idealizar automáticamente el pasado, sino que despertar y ver las cosas por lo que son. No como Eloise, quien lo ignoró las múltiples veces en que le dijeron “Londres puede ser sobrecogedor”.


Título Original: Last Night In Soho

Director: Edgar Wright

Duración: 116 minutos

Año: 2021

Reparto: Thomasin McKenzie, Anya Taylor-Joy, Matt Smith, Terence Stamp, Diana Rigg, Rita Tushingham, Synnove Karlsen, Joakim Skarli, Andrew Bicknell, Colin Mace, Michael Ajao, Will Rogers


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Matrix Resurrecciones

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Matrix Resurrecciones

Más de 20 años después de “The Matrix”, la primera entrega de la saga “Matrix”, Lana Wachowski vuelve al universo que creó junto a su hermana para traer de vuelta a los icónicos Neo, Trinity y Morpheus. No obstante, y a pesar de que no que parecieran ser sus intenciones, “Matrix Resurrecciones” se siente como otro cínico intento de apelar a la nostalgia con una película que, si bien tiene algunos elementos interesantes, termina sintiéndose innecesaria.

Thomas Anderson (Keanu Reeves) es un famoso desarrollador de videojuegos que, luego de haber cambiado el mundo con una trilogía de juegos llamados “The Matrix”, se siente atrapado por el éxito y un trabajo que no lo satisface. Sin embargo, una serie de experiencias lo llevan a creer que los eventos de los juegos que desarrolló son en realidad recuerdos y que, tal como en ellos, la realidad es una simulación generada por computadoras para mantener a la humanidad esclavizada.

Esta es una forma interesante de comenzar una secuela, y de alguna forma resetea la historia que finalizó con “Matrix Revolutions” (2003) para recontextualizar los eventos de las primeras películas, de una forma en que referenciarlos se vuelve un poco más natural dentro del universo. Esto permite a la directora hacer algunos juegos meta-narrativos, reflexionando sobre la naturaleza de los reboots, secuelas y remakes, que tan populares se han hecho en Hollywood. Además, transforma a muchos de los personajes de la cinta en literales fans de la trilogía, quienes comentan los eventos de las primeras películas tal como los fans en la vida real lo hacen. Neo es tan legendario en el universo de Matrix, como lo es en nuestro universo.

Este último es uno de los elementos más interesantes de la película y es definitivamente un paso deliberado para transformar a esta entrega en algo más que una simple secuela basada en la nostalgia, generando los momentos más interesantes de “Matrix Resurrecciones”. Sin embargo, estas reflexiones se quedan a medio camino y, a medida que la película avanza, comienza a caer en los mismos vicios que critica en su primera mitad.

Los personajes que no conocíamos hasta ahora son muy poco desarrollados, siendo utilizados casi exclusivamente como artefactos para traer de vuelta a los protagonistas, afectando negativamente el clímax del relato, ya que muchos de estos personajes no generan suficiente apego, y los momentos de tensión pierden peso. Además, la estructura de “Matrix Resurrecciones” es demasiado similar a la primera Matrix, lo que la lleva a ser algo predecible. Excepto en su giro final, que, si bien resulta sorprendente al romper algunas de las reglas establecidas en la cinta de 1999, se siente como un intento poco auténtico de fan service.

Visualmente adquiere a ratos una imagen demasiado digital, que, aunque deja atrás el look verdoso y enfermizo de la primera trilogía, no le da suficiente originalidad y personalidad en ese apartado. Los efectos digitales funcionan bastante bien, y tienen la pomposidad y el estilo por las que las Wachowski se han destacado a lo largo de su carrera, incluso fuera del universo de Matrix, el problema es que muchas veces estos sirven para replicar algunos de los momentos icónicos de las primeras películas, lo que funciona a veces, pero ya hacia el final de la película se vuelve un poco tedioso. Aquello, eso sí, no significa que absolutamente todo sea guiños. Durante el clímax hay algunas sorpresas visuales bastante atractivas, que contribuyen a darle algo de particularidad a esta cuarta parte, sin embargo, aparecen demasiado tarde, y durante el resto de la película ni las peleas, ni los juegos visuales, ni los efectos bullet time resultan suficientes para darle mayor atractivo.

Con todos estos elementos, “Matrix Resurrecciones” resulta una película muy poco consistente. Si bien, su argumento parte con reflexiones y cuestionamientos interesantes sobre el estado actual de Hollywood y la cultura de fandom, estas se disuelven y prácticamente desaparecen a mitad de la película para transformarse en un intento de actualizar el universo Matrix con elementos de la actualidad. Lamentablemente, al no comprometerse completamente con ninguna de estas temáticas, el argumento termina sintiéndose blando e incoherente, y la conclusión sumamente insatisfactoria. Más que plantear preguntas sobre la cultura pop y los peligros actuales de la tecnología, la pregunta que queda en el aire es: ¿Qué quería decir Lana Wachowski con esta película?


Título Original: The Matrix Resurrections

Director: Lana Wachowski

Duración: 148 minutos

Año: 2021

Reparto: Keanu Reeves, Carrie-Anne Moss, Neil Patrick Harris, Yahya Abdul-Mateen II, Jada Pinkett Smith, Jessica Henwick, Priyanka Chopra, Jonathan Groff, Ellen Hollman, Brian J. Smith


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