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El Hoyo El Hoyo

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El Hoyo

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Tras un inexplicable recorrido en festivales, llega a Netflix la película española “El Hoyo”, un high-concept de ciencia ficción que busca hacer reflexionar con la metáfora que envuelve su premisa filosófica, y asquear con un estilo gore provocativo. Una mezcla que puede parecer mal planeada, pero que al parecer fue lo suficientemente chocante o interesante como para convertir a la producción en uno de los títulos más populares de la plataforma de streaming.

Toda la película ocurre en “el hoyo”, una prisión con cientos de niveles de pocos metros cuadrados cada uno. En cada piso, dos personas elegidas al azar deben compartir espacio por un mes, después del cual son repartidos aleatoriamente a cualquier otro piso. El giro es que cada nivel tiene en el centro un agujero por el que cada día desciende desde el piso más alto un banquete para alimentar a los presos. La comida es abundante y podría dar abasto para alimentar a todos los integrantes del hoyo, pero, por supuesto, los de arriba no se demoran en terminársela, forzando a los de abajo a luchar por restos, desnutrirse, comerse entre ellos, volverse locos o suicidarse.

Esto lo vemos desde la perspectiva de Goreng (Iván Massagué), un nuevo recluso/potencial mesías que lógicamente cuestiona este sistema. Por suerte, una serie de personajes no se molestan en explicarle todo el funcionamiento. “El Hoyo” tiene muchas reglas y, a pesar de ser molesta y constante, la sobreexposición está generalmente justificada por los requisitos de la película de construir la metáfora. “Los de arriba son los de arriba y los de abajo son los de abajo”, es la sabiduría que le transmite al protagonista Trimagasi (Zorion Eguileor), su primer compañero y desde entonces la no tan sutil comparación con el mundo exterior que la cinta está haciendo se vuelva evidente.

Si bien, el comunismo y la equitativa repartición de los recursos es lo que debería salvar el sistema, las cosas no funcionan así, y la exploración de la película de por qué esto no sucede es lo que hace avanzar la trama a medida que Goreng pasa por diferentes pisos y entendemos al revés y al derecho el funcionamiento del calabozo.

La película tiene ideas sobre lo difícil que es convencer a los privilegiados de que piensen en el resto, de cómo los desfavorecidos terminan obligados a pelear entre ellos y sobre que, finalmente, cada uno vela por sí mismo. Toda postura está representada: desde aquellos personajes que buscan el diálogo, otros que entienden que las cosas se hacen por la fuerza, los que quieren solucionar el problema para todos, aquellos que buscan sobrevivir y los que simplemente se rinden, cuyos cuerpos pisos y pisos de reclusos ven caer hasta llegar al fondo.

Esto es lo más interesante de la película, pero no viene sin reparos. “El Hoyo” ve las cosas demasiado en blanco o negro, forzando a personajes a actuar de maneras exageradas o irreales y a eventos demasiado convenientes a ocurrir para marcar el evidente punto que está probando. Es un experimento social interesante, pero nunca es sutil (al contrario), y la metáfora que tanto se esfuerza en construir no es tan inteligente o novedosa. Es una constatación de lo que muchos sabemos y sentimos, y que otras películas como “Snowpiercer” (2013) o “Parasite” (2019) ya dejaron claro antes y con mayor maestría.

Lo que sí tiene esta película son unas inagotables e inofensivas ganas de entretener, y cuando uno deja de molestarse por los argumentos filosóficos que insiste en presentar como si fueran grandes descubrimientos, puede impactarse con la cantidad de sangre que se sacan sus personajes, ya sea por defensa propia o canibalismo, sorprenderse con las peripecias de un guion hiperkinético que le saca todo el jugo a una locación limitada y regocijarse en la exageración total que supone la mera existencia de una obra como esta. “El Hoyo” no nos dice nada nuevo, y es más entretenimiento que filosofía, pero es inexplicablemente efectiva y fácil de ver, y de paso nos repite un par de cosas que están mal con el sistema que nunca está de más recordarnos.


Título Original: El Hoyo

Director: Galder Gaztelu-Urrutia

Duración: 94 minutos

Año: 2019

Reparto: Ivan Massagué, Zorion Egileor, Antonia San Juan, Emilio Buale, Alexandra Masangkay, Eric Goode, Algis Arlauskas, Miriam Martín, Óscar Oliver


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Matrix Resurrecciones

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Matrix Resurrecciones

Más de 20 años después de “The Matrix”, la primera entrega de la saga “Matrix”, Lana Wachowski vuelve al universo que creó junto a su hermana para traer de vuelta a los icónicos Neo, Trinity y Morpheus. No obstante, y a pesar de que no que parecieran ser sus intenciones, “Matrix Resurrecciones” se siente como otro cínico intento de apelar a la nostalgia con una película que, si bien tiene algunos elementos interesantes, termina sintiéndose innecesaria.

Thomas Anderson (Keanu Reeves) es un famoso desarrollador de videojuegos que, luego de haber cambiado el mundo con una trilogía de juegos llamados “The Matrix”, se siente atrapado por el éxito y un trabajo que no lo satisface. Sin embargo, una serie de experiencias lo llevan a creer que los eventos de los juegos que desarrolló son en realidad recuerdos y que, tal como en ellos, la realidad es una simulación generada por computadoras para mantener a la humanidad esclavizada.

Esta es una forma interesante de comenzar una secuela, y de alguna forma resetea la historia que finalizó con “Matrix Revolutions” (2003) para recontextualizar los eventos de las primeras películas, de una forma en que referenciarlos se vuelve un poco más natural dentro del universo. Esto permite a la directora hacer algunos juegos meta-narrativos, reflexionando sobre la naturaleza de los reboots, secuelas y remakes, que tan populares se han hecho en Hollywood. Además, transforma a muchos de los personajes de la cinta en literales fans de la trilogía, quienes comentan los eventos de las primeras películas tal como los fans en la vida real lo hacen. Neo es tan legendario en el universo de Matrix, como lo es en nuestro universo.

Este último es uno de los elementos más interesantes de la película y es definitivamente un paso deliberado para transformar a esta entrega en algo más que una simple secuela basada en la nostalgia, generando los momentos más interesantes de “Matrix Resurrecciones”. Sin embargo, estas reflexiones se quedan a medio camino y, a medida que la película avanza, comienza a caer en los mismos vicios que critica en su primera mitad.

Los personajes que no conocíamos hasta ahora son muy poco desarrollados, siendo utilizados casi exclusivamente como artefactos para traer de vuelta a los protagonistas, afectando negativamente el clímax del relato, ya que muchos de estos personajes no generan suficiente apego, y los momentos de tensión pierden peso. Además, la estructura de “Matrix Resurrecciones” es demasiado similar a la primera Matrix, lo que la lleva a ser algo predecible. Excepto en su giro final, que, si bien resulta sorprendente al romper algunas de las reglas establecidas en la cinta de 1999, se siente como un intento poco auténtico de fan service.

Visualmente adquiere a ratos una imagen demasiado digital, que, aunque deja atrás el look verdoso y enfermizo de la primera trilogía, no le da suficiente originalidad y personalidad en ese apartado. Los efectos digitales funcionan bastante bien, y tienen la pomposidad y el estilo por las que las Wachowski se han destacado a lo largo de su carrera, incluso fuera del universo de Matrix, el problema es que muchas veces estos sirven para replicar algunos de los momentos icónicos de las primeras películas, lo que funciona a veces, pero ya hacia el final de la película se vuelve un poco tedioso. Aquello, eso sí, no significa que absolutamente todo sea guiños. Durante el clímax hay algunas sorpresas visuales bastante atractivas, que contribuyen a darle algo de particularidad a esta cuarta parte, sin embargo, aparecen demasiado tarde, y durante el resto de la película ni las peleas, ni los juegos visuales, ni los efectos bullet time resultan suficientes para darle mayor atractivo.

Con todos estos elementos, “Matrix Resurrecciones” resulta una película muy poco consistente. Si bien, su argumento parte con reflexiones y cuestionamientos interesantes sobre el estado actual de Hollywood y la cultura de fandom, estas se disuelven y prácticamente desaparecen a mitad de la película para transformarse en un intento de actualizar el universo Matrix con elementos de la actualidad. Lamentablemente, al no comprometerse completamente con ninguna de estas temáticas, el argumento termina sintiéndose blando e incoherente, y la conclusión sumamente insatisfactoria. Más que plantear preguntas sobre la cultura pop y los peligros actuales de la tecnología, la pregunta que queda en el aire es: ¿Qué quería decir Lana Wachowski con esta película?


Título Original: The Matrix Resurrections

Director: Lana Wachowski

Duración: 148 minutos

Año: 2021

Reparto: Keanu Reeves, Carrie-Anne Moss, Neil Patrick Harris, Yahya Abdul-Mateen II, Jada Pinkett Smith, Jessica Henwick, Priyanka Chopra, Jonathan Groff, Ellen Hollman, Brian J. Smith


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