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El Emperador de París El Emperador de París

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El Emperador de París

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La trepidante vida del legendario Eugène François Vidocq ha logrado múltiples encarnaciones en el cine, siendo su principal mérito el convertirse de prócer del hampa de los bajos fondos a director de la Seguridad Nacional de Francia a principios del siglo XIX. El de Vidocq es un caso peculiar: un ladrón reconvertido, poseedor de una magnética biografía, que ha servido de inspiración para autores de la talla de Balzac, Víctor Hugo y Alexandre Dumas, quienes, seducidos por sus audacias, le rindieron honores en sus obras. El filme “El Emperador de París” trata de lograr lo inalcanzable: comprimir todas las peripecias de Vidocq en dos horas de duración.

Acá Vidocq (Vincent Cassel) es retratado como un héroe de los bajos fondos parisinos, quien, tras salir airoso de un escape casi imposible, trata de cambiar su peligrosa impronta criminal por la de un simple comerciante. No obstante, no puede dejar atrás su prolífico currículum delictivo; esta vez, inculpado de un asesinato, está siendo perseguido por la policía de París. Es así como el sagaz Vidocq se las ingeniará para lograr un inusual trato con el jefe de policía local, siendo esta negociación una espada de doble filo, puesto que deberá redimir su pasado de hampón pasándose al lado de la policía, delatar y colaborar con la captura de criminales, a cambio de recibir una anhelada amnistía.

Este nuevo tributo que se ofrece a Vidocq de la mano del director Jean François-Richet se traduce en una película ágil, con acción y violencia, contrastando con los hermosos planos que retratan los excesos de la majestuosidad palaciega del París napoleónico del siglo XIX, contraponiéndose al “París B” y la crudeza de los bajos fondos. François-Richet nos sumerge en este submundo plagado de criminalidad, violencia, miseria y pobreza, con un acertado Vincent Cassel como el parco y efectivo Vidocq, casi como la antesala de un antihéroe de acción contemporáneo.

Visualmente, la fotografía que ofrece “El Emperador de París” a cargo de Manuel Dacosse (“Grâce à Dieu”, “L’Amant Double”) y el sutil e inteligente uso de la luz, la sitúa como una película bella de observar. Por otra parte, existe cuidado y dedicación con el vestuario, las actuaciones son honestas y las escenas de acción electrizantes, sin embargo, la cinta se sustenta por un guion que abusa de elementos de elipsis, entregando así pocas pistas o nada de contexto a quienes no son tan asiduos al aporte histórico y relevancia de la figura de François Vidocq.

Un problema que se extiende de lo anterior es que hay personajes interesantes que quizás pudieron tener más desarrollo, como el de la baronesa Roxane de Giverny (interpretada por Olga Kurylenko), quedando relegados sólo a unas pocas escenas, en un afán de compactación y optimización de recursos en pos del tiempo.

En conclusión, “El Emperador de París” es una película que asegura al espectador una buena estética y la opción de apreciar la belleza arquitectónica de la ciudad luz a través de sus estilizados planos y una cuidada escenografía. Sin embargo, las cargadas escenas de acción y la –por momentos– gratuita violencia, no parecen contribuir mucho a la construcción de un fiel (o no) retrato histórico de la vida de Vidocq, sino más bien apuntan sólo al mero entretenimiento. Y si eso es lo que perseguía su director, al menos cumple en aquel aspecto.


Título Original: L’Empereur de Paris

Director: Jean-François Richet

Duración: 120 minutos

Año: 2018

Reparto: Vincent Cassel, Patrick Chesnais, August Diehl, Olga Kurylenko, Denis Lavant, Freya Mavor, Denis Menochet, Jérôme Pouly, James Thiérrée, Fabrice Luchini, Vladimir Ostermann


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Mystify: Michael Hutchence

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Michael Hutchence

La mayor trampa de un documental musical es caer en el éxito objetivo más que en la potencia de los fracasos subjetivos. De hecho, cuando aquello ocurre, se olvida la fuerza de lo documental y se queda la predominancia de la música, de la figura, pero más allá de cualquier cosa, un hálito a discurso oficial que, pese a ciertos bemoles, no se advierte en “Mystify: Michael Hutchence”. Y eso es vital para que el trabajo evite quedarse a medio camino entre el brillo de una estrella de la música popular australiana y las tormentas que pueden aquejar a alguien que elige el aislamiento por sobre la petición de ayuda a los cercanos.

La historia de Michael Hutchence podría ser pensada como la del ascenso y caída de INXS, conjunto clave para el pop-rock australiano, con una influencia mundial que se desvaneció más rápido de lo debido. Pero lo cierto es que la vida de Hutchence, y todo lo que la rodeaba, exigía un trabajo puntilloso y bien hilvanado. Eso es lo que el director Richard Lowenstein comprendió a la perfección, desde el armado estructural de la trama hasta la sensible decisión de que el relato fuera coral, sin entrevistas en cámara, sólo material de archivo y entrevistas en off, lo que puede mostrar ciertas incongruencias a nivel de guion, pero sin duda que permite mirar con diferentes ángulos la vida de Michael.

En vez de mostrar los hitos de INXS, como haría un documental clásico, por ejemplo, “Queen: Days Of Our Lives” (2011), lo que se va construyendo en “Mystify: Michael Hutchence” es cada parte de la persona detrás de la carismática, sensual y misteriosa figura del vocalista de la banda. Sus relaciones sentimentales, incluyendo testimonios de parejas históricas, como Michelle Bennett, Kylie Minogue o Helena Christensen, van dando a conocer no sólo los detalles de esos pasajes de la vida de Hutchence, sino también construyendo las certezas y dudas que él tenía consigo mismo, generando un puente entre sus historias en el presente narrado y su pasado, sus raíces familiares, y también sus intereses más allá de la música.

Algo que llama la atención es el nivel de extensión del archivo propio que tenía Michael Hutchence, incluso en su adolescencia, con material en video que mostraba lo que había detrás de las imágenes ya conocidas, permitiendo así que el retrato sea aún más fidedigno porque no hay necesidad en rellenar el documental con registros en vivo o entrevistados en pantalla. En vez de ello, la presencia del cantante es intoxicante, con pocos respiros, en un cúmulo de información que aprieta el pecho y dificulta la respiración, entregando parte de la experiencia que implicaba para el protagonista ser parte de su propia historia.

El punto más cercano a la creación de una historia oficial sobre Hutchence puede ser la forma cándida en la que se habla de drogas en el documental, algo que puede llevar a equívocos respecto a la influencia de este tipo de sustancias en la historia general o en sucesos específicos. Pero, fuera de ello, los roces creativos, administrativos, sentimentales o familiares se exponen con la suficiente imparcialidad como para entender que había una acumulación de experiencias más allá de las drogas, y que tenerlas lejos de la mira no era un acto de saneamiento, sino que de perspectiva para comprender cómo una vida puede recibir tantos estímulos externos e internos, como para que las drogas no parecieran ser tan fuertes.

El mayor problema en este trabajo audiovisual –que en lo técnico está claramente pensado para una sala de cine, desde la mezcla de sonido hasta la disposición de textos en pantalla– está en el guion, que cae en las trampas del relato coral y deja cojas algunas patas de la historia. “Mystify: Michael Hutchence” es exigente porque la cantidad de información, descripción y emoción dispuesta en pantalla es grande, y puede ser un tanto desconcertante para quien no sea conocedor de la historia de INXS o de su protagonista, pero también es parte de la experiencia, que en este caso, tal como el título de la obra, intenta engañar a quienes creían conocer al artista sólo por la altura de su figura, dando cuenta de todo lo auténtico que en verdad tenía un creador cuya pérdida más terrible no es la musical, sino la humana.


Título Original: Mystify: Michael Hutchence

Director: Richard Lowenstein

Duración: 102 minutos

Año: 2019

Reparto: Michael Hutchence, Patricia Hutchence, Kylie Minogue, Helena Christensen, Bob Geldof, Paula Yates, Lesley Lewis


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