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El Dictador

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Sacha Baron Cohen vuelve a la carga encarnando a uno de sus controvertidos personajes, para entregar una nueva dosis de humor políticamente incorrecto y mal gusto. El inglés sabe cuál es su gracia, y al target al cual van dirigidos sus largometrajes, por lo que si no son santos de su devoción y pusieron el grito en el cielo con películas como “Borat” (2006) o “Brüno” (2009), han de mantenerse lo más lejos posible de “El Dictador”. Para todos los demás, acomódense en sus asientos para disfrutar la última incursión de Cohen comandado por –el también controvertido-  Larry Charles.

Haffaz Aladeen (Sacha Baron Cohen) es el imponente dictador de la Republica de Wadiya, quien ve interrumpido su mandato cuando los Estados Unidos intervienen en su país acusándolo de poseer armas de destrucción masiva. Aladeen deberá viajar a Norteamérica para responder a las acusaciones, cuando Tamir (Ben Kingsley), tío de Aladeen, le tiende una trampa que lo despojará de su poder y lo obligará a vivir como un ciudadano común en la Gran Manzana. Aladeen deberá hacer lo imposible para retomar su cargo y proteger a su pueblo de las garras de la democracia que amenazan con instalarse en su ausencia.

La tónica y desfachatez es la misma que hemos podido ver en las películas anteriores del británico. Así también, sus virtudes y defectos. La crítica a la sociedad y política estadounidense es el norte a seguir en esta aventura de caída y ascenso, con un Aladeen que es un conjunto de las características más reconocibles de los dictadores en la historia de la humanidad, y que a pesar de ser un tirano desalmado, en el fondo de su corazón es un ser ingenuo y solitario, que encontrará en Zoey (Anna Faris), una joven activista que apoya todas las formas de vidas “alternativas”, el amor de su vida.

La película contiene un gran número de gags, algunos mejor logrados que otros, y al escapar de la forma del mockumentary, la cinta toma una línea mucho más convencional, entregando un guión bastante más redondo que las anteriores cintas de la dupla Cohen/Charles. Sin embargo, persisten los problemas para mantener a la historia en una constante progresión, sufriendo un serio declive en su segunda mitad, que aletarga el hilarante clímax. Ahora (y esto depende de la percepción de cada uno), el humor también se sigue pasando de la raya y quedando muchas veces fuera de lugar, incluso para una propuesta de estas características. No hay problema con querer mofarse de la pedofilia o de enfermedades terminales, mientras se cree un contexto que de pie para una buena broma, pero en muchas escenas de “El Dictador” la necesidad por despertar polémica y meter el dedo en la yaga, da como resultado escenas que son provocativas, pero no graciosas.

Irregular, pero aun así mejor que “Brüno”, “El Dictador” dejará contentos a los fanáticos de Cohen, quienes podrán encontrar en su entrañable Aladeen, una ácida crítica de la sociedad moderna y a la política de los Estados Unidos.

Por Sebastián Zumelzu

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Mystify: Michael Hutchence

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Michael Hutchence

La mayor trampa de un documental musical es caer en el éxito objetivo más que en la potencia de los fracasos subjetivos. De hecho, cuando aquello ocurre, se olvida la fuerza de lo documental y se queda la predominancia de la música, de la figura, pero más allá de cualquier cosa, un hálito a discurso oficial que, pese a ciertos bemoles, no se advierte en “Mystify: Michael Hutchence”. Y eso es vital para que el trabajo evite quedarse a medio camino entre el brillo de una estrella de la música popular australiana y las tormentas que pueden aquejar a alguien que elige el aislamiento por sobre la petición de ayuda a los cercanos.

La historia de Michael Hutchence podría ser pensada como la del ascenso y caída de INXS, conjunto clave para el pop-rock australiano, con una influencia mundial que se desvaneció más rápido de lo debido. Pero lo cierto es que la vida de Hutchence, y todo lo que la rodeaba, exigía un trabajo puntilloso y bien hilvanado. Eso es lo que el director Richard Lowenstein comprendió a la perfección, desde el armado estructural de la trama hasta la sensible decisión de que el relato fuera coral, sin entrevistas en cámara, sólo material de archivo y entrevistas en off, lo que puede mostrar ciertas incongruencias a nivel de guion, pero sin duda que permite mirar con diferentes ángulos la vida de Michael.

En vez de mostrar los hitos de INXS, como haría un documental clásico, por ejemplo, “Queen: Days Of Our Lives” (2011), lo que se va construyendo en “Mystify: Michael Hutchence” es cada parte de la persona detrás de la carismática, sensual y misteriosa figura del vocalista de la banda. Sus relaciones sentimentales, incluyendo testimonios de parejas históricas, como Michelle Bennett, Kylie Minogue o Helena Christensen, van dando a conocer no sólo los detalles de esos pasajes de la vida de Hutchence, sino también construyendo las certezas y dudas que él tenía consigo mismo, generando un puente entre sus historias en el presente narrado y su pasado, sus raíces familiares, y también sus intereses más allá de la música.

Algo que llama la atención es el nivel de extensión del archivo propio que tenía Michael Hutchence, incluso en su adolescencia, con material en video que mostraba lo que había detrás de las imágenes ya conocidas, permitiendo así que el retrato sea aún más fidedigno porque no hay necesidad en rellenar el documental con registros en vivo o entrevistados en pantalla. En vez de ello, la presencia del cantante es intoxicante, con pocos respiros, en un cúmulo de información que aprieta el pecho y dificulta la respiración, entregando parte de la experiencia que implicaba para el protagonista ser parte de su propia historia.

El punto más cercano a la creación de una historia oficial sobre Hutchence puede ser la forma cándida en la que se habla de drogas en el documental, algo que puede llevar a equívocos respecto a la influencia de este tipo de sustancias en la historia general o en sucesos específicos. Pero, fuera de ello, los roces creativos, administrativos, sentimentales o familiares se exponen con la suficiente imparcialidad como para entender que había una acumulación de experiencias más allá de las drogas, y que tenerlas lejos de la mira no era un acto de saneamiento, sino que de perspectiva para comprender cómo una vida puede recibir tantos estímulos externos e internos, como para que las drogas no parecieran ser tan fuertes.

El mayor problema en este trabajo audiovisual –que en lo técnico está claramente pensado para una sala de cine, desde la mezcla de sonido hasta la disposición de textos en pantalla– está en el guion, que cae en las trampas del relato coral y deja cojas algunas patas de la historia. “Mystify: Michael Hutchence” es exigente porque la cantidad de información, descripción y emoción dispuesta en pantalla es grande, y puede ser un tanto desconcertante para quien no sea conocedor de la historia de INXS o de su protagonista, pero también es parte de la experiencia, que en este caso, tal como el título de la obra, intenta engañar a quienes creían conocer al artista sólo por la altura de su figura, dando cuenta de todo lo auténtico que en verdad tenía un creador cuya pérdida más terrible no es la musical, sino la humana.


Título Original: Mystify: Michael Hutchence

Director: Richard Lowenstein

Duración: 102 minutos

Año: 2019

Reparto: Michael Hutchence, Patricia Hutchence, Kylie Minogue, Helena Christensen, Bob Geldof, Paula Yates, Lesley Lewis


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