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Adaptar la novela “Dune” de Frank Herbert a la pantalla grande, ha sido ambición del séptimo arte desde su publicación en 1965. Conocidos son los casos de Alejandro Jodorowsky con un proyecto que, sin nunca haberse concretado, alcanzó estatus de culto, y el de la cinta de 1984 de David Lynch, fracaso crítico y de taquilla, que a la postre se convertiría en la única mochila con la que uno de los mejores directores del mundo ha debido cargar. De esta forma, la adaptación 2021 de “Duna”, a cargo del connotado Denis Villeneuve, se convertía en el esperado gran evento cinematográfico del último tiempo.

Es el año 10.191 y el emperador Shaddam IV mandata a la Casa de Atreides, regida por el Duque Leto, a trasladarse al desértico planeta Arrakis para encargarse de la explotación de la Melange, una sustancia con propiedades asombrosas. Leto se muda junto a Lady Jessica, su concubina y parte de la Bene Geserit (un grupo de misteriosas mujeres con habilidades mentales), y su hijo Paul, un muchacho que es percibido como una especie de mesías, además de todo su ejército y hombres de confianza, pero apenas llegan al lugar, percibe que, más que un servicio de honor, la movida podría ser una trampa del imperio en colusión con la Casa Harkonnen, regida por el malvado Barón Vladimir, para acabar con los Atreides.

En sus primeros minutos, lo primero que llama la atención de “Duna” es su empleo práctico de las secuencias: a diferencia de la cinta de 1984, e incluso de la misma novela, Villeneuve establece el universo de la historia sin muchos guiños a los aspectos filosóficos y psicológicos de los personajes, más bien va dejando en claro quién es quién y cómo se mueven dentro del tablero para luego, tal como ha hecho con sus películas anteriores, ir soltando pequeñas bombas de información y las motivaciones de cada personaje. Y esto se agradece, pues ese mecanismo le permite a la cinta avanzar sin tropiezos en el ritmo que establece en un principio.

Además del meticuloso guión, que denota un esfuerzo por incorporar todos los frentes de los postulados con los que Herbert nutrió su obra, lo anterior es encarnado por un reparto que está más que a la altura de las circunstancias, moviéndose por todos los extremos, mezclando de manera natural la impronta shakespeariana con las más atrevidas acrobacias físicas. En este sentido, Timothée Chalamet, como protagonista y quien más debe hacer gala de aquel rango dinámico, da el ancho a cabalidad. Por otra parte, destacables son las actuaciones de Charlotte Rampling y Stellan Skarsgård, quienes, con un velo sobre el rostro la primera y grandes capas de maquillaje el segundo, impresionan en sus cortas apariciones, sobre todo la presentación del Barón Harkonnen evocando sin empacho alguno a “Apocalypse Now” de Francis Ford Coppola.

Pero “Duna” también es una historia épica y bélica, donde el diseño de producción, los artilugios y el vestuario cumplen un rol importante, y en este aspecto la cinta deja boquiabierto. Se agradece que Villeneuve en su mayoría opte por efectos prácticos y sólo aplique CGI de manera circunstancial (gran acierto la forma en que es representada la Melange en el aire). Está todo tan bien trabajado, que queda la sensación de que uno como espectador jamás ha visto una puesta en escena como la que plantea el director junto a su equipo creativo y técnico, destacando los diseños de Patrice Vermette (con quien también trabajó en “Arrival” de 2016) y la fotografía del australiano Greig Fraser, últimamente un especialista en escenarios épicos, resaltando de distintas maneras en la ambientación de los planetas, cada uno con sus singularidades lumínicas. Como complemento a la maravilla visual, el diseño de sonido es impecable, y el score de Hans Zimmer, pese a sus pocas sutilezas por momentos, acompaña adecuadamente el relato y tiene un par de melodías que dejan sin aliento al son de sus característicos tambores y la destrucción que se muestra en pantalla.

Así como las virtudes de la película son evidentes, también lo son sus pequeños defectos. Al ser una novela con un abanico tan amplio de tópicos, Villeneuve es consciente de que debe elegir caminos, y en ese accionar va perdiendo los temas o, más bien, el foco va alumbrando discriminadamente a medida que el metraje se acerca a su último acto. Lo anterior genera los pasajes más bajos en cuanto a diálogo, ya que se ve en la obligación de desprender información de forma gruesa a través de los personajes para mantener el equilibrio de los hilos conceptuales, desembocando en un cambio de percepción rítmica. También hay ciertos datos que son omitidos, pero que en la cinta terminan siendo cruciales, casi como dirigidos exclusivamente al lector de la novela. Sin embargo, esto es apenas un lunar dentro del gran marco que la película propone, y bajo ningún sentido le resta mérito a todo lo visionado antes de los créditos finales.

“Duna” es un espectáculo narrativo y visual que le hace justicia a la gran obra de Herbert, donde la política, la religión, la ecología y el romance de la novela (este último sólo oníricamente) son tratados respetuosamente por Villeneuve, pese a las libertades creativas que se toma, donde los más puristas podrían poner el grito en el cielo. Si Jodorowsky representó el anhelo y Lynch el ensayo, Denis Villeneuve encarna el sueño cumplido, aunque sea de aquellos en que uno despierta a la mitad y se esfuerza por volver a dormir y retomarlo, simbolizando una segunda parte y final que, como ya es sabido, lamentablemente está supeditada a su resultado en la taquilla.


Título Original: Dune

Director: Denis Villeneuve

Duración: 155 minutos

Año: 2021

Reparto: Timothée Chalamet, Rebecca Ferguson, Oscar Isaac, Josh Brolin, Jason Momoa, Stellan Skarsgård, Zendaya, Javier Bardem, Sharon Duncan-Brewster, Charlotte Rampling, Chang Chen, Stephen Henderson, Dave Bautista


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Matrix Resurrecciones

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Matrix Resurrecciones

Más de 20 años después de “The Matrix”, la primera entrega de la saga “Matrix”, Lana Wachowski vuelve al universo que creó junto a su hermana para traer de vuelta a los icónicos Neo, Trinity y Morpheus. No obstante, y a pesar de que no que parecieran ser sus intenciones, “Matrix Resurrecciones” se siente como otro cínico intento de apelar a la nostalgia con una película que, si bien tiene algunos elementos interesantes, termina sintiéndose innecesaria.

Thomas Anderson (Keanu Reeves) es un famoso desarrollador de videojuegos que, luego de haber cambiado el mundo con una trilogía de juegos llamados “The Matrix”, se siente atrapado por el éxito y un trabajo que no lo satisface. Sin embargo, una serie de experiencias lo llevan a creer que los eventos de los juegos que desarrolló son en realidad recuerdos y que, tal como en ellos, la realidad es una simulación generada por computadoras para mantener a la humanidad esclavizada.

Esta es una forma interesante de comenzar una secuela, y de alguna forma resetea la historia que finalizó con “Matrix Revolutions” (2003) para recontextualizar los eventos de las primeras películas, de una forma en que referenciarlos se vuelve un poco más natural dentro del universo. Esto permite a la directora hacer algunos juegos meta-narrativos, reflexionando sobre la naturaleza de los reboots, secuelas y remakes, que tan populares se han hecho en Hollywood. Además, transforma a muchos de los personajes de la cinta en literales fans de la trilogía, quienes comentan los eventos de las primeras películas tal como los fans en la vida real lo hacen. Neo es tan legendario en el universo de Matrix, como lo es en nuestro universo.

Este último es uno de los elementos más interesantes de la película y es definitivamente un paso deliberado para transformar a esta entrega en algo más que una simple secuela basada en la nostalgia, generando los momentos más interesantes de “Matrix Resurrecciones”. Sin embargo, estas reflexiones se quedan a medio camino y, a medida que la película avanza, comienza a caer en los mismos vicios que critica en su primera mitad.

Los personajes que no conocíamos hasta ahora son muy poco desarrollados, siendo utilizados casi exclusivamente como artefactos para traer de vuelta a los protagonistas, afectando negativamente el clímax del relato, ya que muchos de estos personajes no generan suficiente apego, y los momentos de tensión pierden peso. Además, la estructura de “Matrix Resurrecciones” es demasiado similar a la primera Matrix, lo que la lleva a ser algo predecible. Excepto en su giro final, que, si bien resulta sorprendente al romper algunas de las reglas establecidas en la cinta de 1999, se siente como un intento poco auténtico de fan service.

Visualmente adquiere a ratos una imagen demasiado digital, que, aunque deja atrás el look verdoso y enfermizo de la primera trilogía, no le da suficiente originalidad y personalidad en ese apartado. Los efectos digitales funcionan bastante bien, y tienen la pomposidad y el estilo por las que las Wachowski se han destacado a lo largo de su carrera, incluso fuera del universo de Matrix, el problema es que muchas veces estos sirven para replicar algunos de los momentos icónicos de las primeras películas, lo que funciona a veces, pero ya hacia el final de la película se vuelve un poco tedioso. Aquello, eso sí, no significa que absolutamente todo sea guiños. Durante el clímax hay algunas sorpresas visuales bastante atractivas, que contribuyen a darle algo de particularidad a esta cuarta parte, sin embargo, aparecen demasiado tarde, y durante el resto de la película ni las peleas, ni los juegos visuales, ni los efectos bullet time resultan suficientes para darle mayor atractivo.

Con todos estos elementos, “Matrix Resurrecciones” resulta una película muy poco consistente. Si bien, su argumento parte con reflexiones y cuestionamientos interesantes sobre el estado actual de Hollywood y la cultura de fandom, estas se disuelven y prácticamente desaparecen a mitad de la película para transformarse en un intento de actualizar el universo Matrix con elementos de la actualidad. Lamentablemente, al no comprometerse completamente con ninguna de estas temáticas, el argumento termina sintiéndose blando e incoherente, y la conclusión sumamente insatisfactoria. Más que plantear preguntas sobre la cultura pop y los peligros actuales de la tecnología, la pregunta que queda en el aire es: ¿Qué quería decir Lana Wachowski con esta película?


Título Original: The Matrix Resurrections

Director: Lana Wachowski

Duración: 148 minutos

Año: 2021

Reparto: Keanu Reeves, Carrie-Anne Moss, Neil Patrick Harris, Yahya Abdul-Mateen II, Jada Pinkett Smith, Jessica Henwick, Priyanka Chopra, Jonathan Groff, Ellen Hollman, Brian J. Smith


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