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Drive

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“Drive” es el debut hollywoodense del danés Nicolas Winding Refn. El director tiene varios títulos a su nombre, y su cinta anterior, “Bronson” (2008), le ganó notoriedad y uno que otro seguidor, pero es con “Drive”, basada en la novela homónima de James Sallis, que realmente se da a conocer a audiencias internacionales.

La película trata sobre un mecánico y doble de escenas de acción (Ryan Gosling) que, durante la noche, opera como conductor de escape para distintos criminales. El Conductor –no se hace alusión al personaje a través de un nombre específico- ofrece un servicio en el que no hace preguntas, sólo conduce a sus clientes, les deja hacer lo suyo y cobra su parte. Durante el día vive una vida más normal, en la que forma una conexión con su vecina Irene (Carey Mulligan), una solitaria mujer con un hijo pequeño.

La cosa se complica cuando el esposo de Irene, Standard (Oscar Isaac), sale de prisión, pero sigue envuelto en deudas y problemas delictivos. El personaje de Gosling, por lo que suponemos que es lealtad a Irene y caballerosidad pura, se ofrece a colaborar con Standard para completar un último trabajo y así ayudarlo a cortar lazos con esa parte de su vida. El encargo no sale según lo esperado, lo que deja al Conductor solo, con una pila de dinero que no le pertenece y sumido en problemas con los verdaderos tipos malos, un par de mafiosos interpretados por Ron Perlman y Albert Brooks. Ahora es trabajo de él el arreglar la situación.

Definitivamente la fortaleza de “Drive”, así como lo que la distingue de otras películas de acción, es la inclusión que hace de elementos que normalmente no asociaríamos con este género. Es una cinta difícil de definir, y en eso radica su gracia. Su director la define como un cuento de hadas, lo que no es lo primero que se nos vendría a la mente, considerando el tono sombrío de la película, así como su desarrollo crecientemente violento.

Técnicamente, la cinta cuenta con una fotografía y montaje impecables. Largas tomas nos llevan por las calles nocturnas de Los Angeles, elegantemente iluminadas por focos y luces de neón, contraponiéndose con la más bien somnolienta manera en que están filmadas las escenas que ocurren durante el día, lo que sugiere, efectivamente, que en “Drive” lo interesante ocurre al caer la noche. Al contrario de lo que se podría pensar, la película no presenta muchas persecuciones o choques de autos, o escenas con cortes rápidos y frenéticos, sino que aprovecha de tomarse su tiempo para crear tensión, usando tomas largas y hasta en cámara lenta. Es interesante ver una película que tome estos riesgos, que no apunte a mantener a su audiencia en el borde de sus asientos de la forma convencional.

“Drive” utiliza poderosa iconografía -enfatizando elementos como un martillo, un mondadientes, un escorpión-, una tipografía rosada casi kitsch y un soundtrack cargado de temas electrónicos inspirados en música ochentera para acentuar su estilo. Estos elementos crean una estética retro que le da a la cinta un toque diferente, que rompe con lo que se podría esperar.

Winding Refn, ganador del premio al mejor director en el último Festival de Cannes, se encarga de que “Drive” sea un espectáculo visual, así como una de las películas más cool del último tiempo, pero esto no significa que la cinta sea un logro. Es justamente debido a sus aciertos estéticos y la elegante dirección, que la película nos encanta y nos hace pasar por alto aspectos en los que se queda corta.

La historia al centro de “Drive”, a pesar de no ser incoherente, es el principal problema. La trama es realmente convencional y no muestra nada que no hayamos visto antes. El guión no cuenta con giros impactantes o momentos de contenido dramático que generen una mayor expectación. Es más, la familiaridad de la historia no se aleja de la que podríamos esperar de una película B de acción. La diferencia aquí, es que se cuenta con un director que eleva considerablemente el material con el que está trabajando.

También es mérito de los actores que la película funcione en niveles en los que podría haber fallado. Ryan Gosling, considerado uno de los mejores actores de su generación, entrega una actuación sutil, que es efectiva en su minimalismo y crea un personaje introvertido e inescrutable, que paradójicamente resulta ser un protagonista atrayente e intrigante. Albert Brooks, por el otro lado, se roba la película con una interpretación diametralmente distinta: una caracterización ruidosa e intimidante del ostentoso líder mafioso que no tiene problema de ensuciarse las manos. Por su parte, Carey Mulligan añade una vulnerabilidad a su personaje que sirve tanto para entenderla a ella como al Conductor, pero la actriz, más que nada, está desperdiciada en un papel sin mucha carne.

En conclusión, “Drive” presenta una riqueza visual y aspectos distintivos que la caracterizan rápidamente y la convierten en una mezcla entre cine arte y película de acción hollywoodense, un híbrido entre el cine europeo y el americano, algo entre una historia de amor y un thriller violento. En fin, una película con identidad propia que se rehúsa a ser categorizada. Sin embargo, aunque la película sea entretenida, se destaque a nivel técnico y tenga mucho estilo, no nos debemos dejar engañar: no hay mucho debajo de su lustrosa superficie.

Por Ignacio Goldaracena

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La Mirada Incendiada

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La Mirada Incendiada

Tiempos de dictadura, un hijo de exiliados políticos que vuelve a Chile por cuenta propia y un crimen de crueldad inconmensurable por parte de las fuerzas de orden. El tercer largometraje de ficción de la directora Tatiana Gaviola, “La Mirada Incendiada”, inicia con las palabras “Inspirada en un hecho real”, tomando como punto de partida el conocido Caso Quemados, atentado en el que Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri fueron víctimas de un ataque incendiario por parte de militares a plena luz del día en la vía pública.

Protagonizado por Juan Carlos Maldonado en el papel de Rodrigo, el filme prometía sin duda ser un aporte para la memoria de nuestro país, dada la historia en cuestión y su contexto, sin embargo, esta promesa metamorfoseó hasta convertirse no sólo en polémica, debido a la nula influencia que tuvo la familia de Rojas de Negri en materias de decisión cinematográfica, sino que también es una cinta que no cumple del todo con los objetivos que parece perseguir.

El inicio de la película muestra a Rodrigo volviendo a Chile con una cámara bajo el brazo y el propósito de desempeñarse cómo fotógrafo profesional. Tras andar un rato medio perdido, y luego de ser ayudado por una amiga vecina de su tía, logra llegar a la casa de esta y sus dos primas menores, quienes cariñosamente lo acogen a lo largo de la trama. Tras esto, se forjan lazos emotivos que dan cuenta de la personalidad dulce y templada del protagonista. De esta forma, se retrata claramente cómo Rodrigo influyó en la vida del resto de los personajes mediante escenas variadas, que muestran momentos íntimos en los que estos interactúan, desde conversaciones nocturnas y abrazos diurnos, hasta experiencias traumáticas que refuerzan vínculos.

A lo mencionado anteriormente, se suma la manera en que los personajes se comunican entre sí. Si bien, el guión resulta claro y conciso, los intercambios de palabras se articulan principalmente a través de diálogos medianamente breves y en ocasiones incluso un poco rígidos, cayendo en la sobre explicación del contexto dictatorial en el que ocurren los eventos una y otra vez, resultando en parte obvios. Además, el guión demuestra la clara intención de introducir gran variedad –y cantidad– de expresiones y/o dichos chilenos, dando así a entender una identidad lingüística acertada, que da cuenta de aspectos de nuestra cultura, pudiendo haber sido presentado de manera igualmente oportuna, pero a través de matices más sutiles.

Por otro lado, Rodrigo es retratado a través de conversaciones y acciones como un joven que no se encuentra realmente al tanto ni de la situación a nivel país, ni de las restricciones que esto implica, modificando el relato y añadiendo romanticismo mediante la presencia de un protagonista en parte inocente, que sueña con denunciar las injusticias del golpe sin pensar en repercusiones. En este sentido, resalta también el carácter poético que busca reflejar la voz en off de narradora de la historia –perteneciente al personaje de Carmen Gloria Quintana–, sugiriendo la existencia de una profunda relación previa al hecho incendiario entre Carmen Gloria y Rojas de Negri, interpelando acciones y decisiones tomadas por el protagonista. Esto agrega de manera similar un toque de romanticismo que resulta algo forzado y, sobre todo, algo lejano a la realidad de los hechos.

En cuanto a la atmósfera, la película logra reflejar el miedo colectivo y la tensión de la época, además de espacios y elementos característicos que resultan clave para retratar el período, tales como cacerolazos, protestas y allanamientos. Las escenas no son demasiado largas, por lo que hacen que la cinta sea dinámica y en su mayoría liviana, teniendo en consideración la carga del tema que trata. Sin embargo, esto mismo es lo que también genera que en algunas ocasiones se pierda un poco la continuidad entre una escena y la siguiente.

Por último, cabe destacar que, si bien las heridas dejadas por el flagelo dictatorial a lo largo y ancho de este territorio siguen estando cargadas de un rojo fresco y humeante, vale la pena que historias como estas vean a la luz en el formato cinematográfico, alimentando la memoria de nuestro país mediante expresiones artísticas cargadas de historia. Por desgracia, “La Mirada Incendiada” no cumple del todo con este objetivo, quedando al debe principalmente en temas de fidelidad con la memoria histórica nacional y la empatía hacia víctimas del caso, ya que, a pesar de que se deja en claro que el filme tan sólo se inspira en los hechos reales, este sin duda abre paso a preguntas que vale la pena hacerse. ¿Hasta qué punto es viable mezclar realidad y ficción? ¿De qué manera abordar temáticas delicadas de la manera más empática posible? Lamentablemente, en ese sentido “La Mirada Incendiada” desarrolla su narrativa omitiendo aquel elemento tan importante.


Título Original: La Mirada Incendiada

Director: Tatiana Gaviola

Duración: 102 minutos

Año: 2021

Reparto: Juan Carlos Maldonado, Catalina Saavedra, Gonzalo Robles, María Izquierdo, Cristina Aburto, Constanza Sepúlveda, Belén Herrera, Pascal Balart, Estrella Ortiz


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