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Dolor y Gloria Dolor y Gloria

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Dolor y Gloria

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Algunos autores lo hacen al principio, no pudiendo escapar de sus propias influencias; otros deciden hacerlo hacia el ocaso de una carrera marcada por logros que no supusieron este nivel de exposición personal. Son creaciones como “8 ½” de Fellini o “Stardust Memories” de Woody Allen donde el autor se refleja sin tapujos en su obra, haciendo explícita su biografía y poniendo como tela de conflicto sus propias inseguridades y ruminaciones. En “Dolor y Gloria” Pedro Almodóvar nos muestra pasajes que, por ser personales, nos afectan más de lo que deberían. El niño que pasa del pueblo rural a la escuela de curas, la madre que le pide no ser retratada, pero a quien homenajea de todas maneras, y un protagonista, de pelo canoso y parado, que se planta temeroso ante su carrera de cineasta.

Aquí Antonio Banderas es Salvador Mallo, un hipocondríaco y enfermo director de cine, que afirma en reiteradas ocasiones que su vida no tiene sentido si no está rodando, pero que se demuestra reticente a volver a escribir o filmar alguna película. Está en un momento de parálisis creativa, una abundancia de tiempo libre que sólo lo lleva a enfermarse más, deprimirse y entregarse a los vicios.

Retraído, esta estasis se rompe por una serie de coincidencias que, más que fortuitas, son señaladas por el guion como tales, de esas que podrían ocurrir en la vida: el reencuentro con un amor no superado, una pintura significativa que reaparece desde su infancia, un actor problemático con el que peleó hace años. Salvador se plantea frente a las circunstancias que remecen su bloqueo con la calma de alguien que no espera mucho más de la vida, mientras internamente se empiezan a mover los engranajes que lo podrían impulsar de vuelta a la acción.

Es Almodóvar haciendo las paces con la vida, cerrando ciclos, admitiendo errores, saldando deudas. Deambulante, la película no siempre anuncia hacia dónde va, o incluso se podría decir que ese destino no está tan claro o prefijado. Son, en muchos sentidos, pasajes de la vida. Escenas sorprendentemente cortas, cómicas o dramáticas; momentos o frases que sentimos que el autor anotó en su celular o una servilleta cuando ocurrieron en la vida real, de escasa relevancia dramática a primera vista, pero que van armando un efecto acumulativo mayor al que tendría la más prístina y compleja de las tramas.

Almodóvar es un maestro guionista, y en varias de sus películas anteriores es el plot, los giros narrativos y las sorpresas lo que exige la atención del espectador. Ese nivel de dominio parece haberle enseñado al director que lo contrario puede ser igualmente efectivo, y aquí se plantea algo similar a lo insinuado en “Los Abrazos Rotos” (2009), también la historia de un cineasta, valiéndose más de una atmósfera melancólica que de impresionantes giros dramáticos.

Es una suerte de síntesis del trabajo de Almodóvar en una trama muy poco almodovaresca, un experimento –o auto ficción, como lo llamaría él– que huele un poco a despedida y nos deja con la duda de hacia dónde irá después. Si bien, no es su obra más conmovedora o dramática, “Dolor y Gloria” se trata –como ha anunciado la crítica y él no se ha molestado en desmentir– del trabajo más personal de uno de los directores más influyentes de la historia, y esa es razón suficiente para inmiscuirse en el mundo que decidió compartir con nosotros.


Título Original: Dolor y Gloria

Director: Pedro Almodóvar

Duración: 113 minutos

Año: 2019

Reparto: Antonio Banderas, Asier Etxeandia, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia,Julieta Serrano, Nora Navas, Asier Flores, César Vicente, Raúl Arévalo, Neus Alborch, Cecilia Roth, Pedro Casablanc


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Matrix Resurrecciones

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Matrix Resurrecciones

Más de 20 años después de “The Matrix”, la primera entrega de la saga “Matrix”, Lana Wachowski vuelve al universo que creó junto a su hermana para traer de vuelta a los icónicos Neo, Trinity y Morpheus. No obstante, y a pesar de que no que parecieran ser sus intenciones, “Matrix Resurrecciones” se siente como otro cínico intento de apelar a la nostalgia con una película que, si bien tiene algunos elementos interesantes, termina sintiéndose innecesaria.

Thomas Anderson (Keanu Reeves) es un famoso desarrollador de videojuegos que, luego de haber cambiado el mundo con una trilogía de juegos llamados “The Matrix”, se siente atrapado por el éxito y un trabajo que no lo satisface. Sin embargo, una serie de experiencias lo llevan a creer que los eventos de los juegos que desarrolló son en realidad recuerdos y que, tal como en ellos, la realidad es una simulación generada por computadoras para mantener a la humanidad esclavizada.

Esta es una forma interesante de comenzar una secuela, y de alguna forma resetea la historia que finalizó con “Matrix Revolutions” (2003) para recontextualizar los eventos de las primeras películas, de una forma en que referenciarlos se vuelve un poco más natural dentro del universo. Esto permite a la directora hacer algunos juegos meta-narrativos, reflexionando sobre la naturaleza de los reboots, secuelas y remakes, que tan populares se han hecho en Hollywood. Además, transforma a muchos de los personajes de la cinta en literales fans de la trilogía, quienes comentan los eventos de las primeras películas tal como los fans en la vida real lo hacen. Neo es tan legendario en el universo de Matrix, como lo es en nuestro universo.

Este último es uno de los elementos más interesantes de la película y es definitivamente un paso deliberado para transformar a esta entrega en algo más que una simple secuela basada en la nostalgia, generando los momentos más interesantes de “Matrix Resurrecciones”. Sin embargo, estas reflexiones se quedan a medio camino y, a medida que la película avanza, comienza a caer en los mismos vicios que critica en su primera mitad.

Los personajes que no conocíamos hasta ahora son muy poco desarrollados, siendo utilizados casi exclusivamente como artefactos para traer de vuelta a los protagonistas, afectando negativamente el clímax del relato, ya que muchos de estos personajes no generan suficiente apego, y los momentos de tensión pierden peso. Además, la estructura de “Matrix Resurrecciones” es demasiado similar a la primera Matrix, lo que la lleva a ser algo predecible. Excepto en su giro final, que, si bien resulta sorprendente al romper algunas de las reglas establecidas en la cinta de 1999, se siente como un intento poco auténtico de fan service.

Visualmente adquiere a ratos una imagen demasiado digital, que, aunque deja atrás el look verdoso y enfermizo de la primera trilogía, no le da suficiente originalidad y personalidad en ese apartado. Los efectos digitales funcionan bastante bien, y tienen la pomposidad y el estilo por las que las Wachowski se han destacado a lo largo de su carrera, incluso fuera del universo de Matrix, el problema es que muchas veces estos sirven para replicar algunos de los momentos icónicos de las primeras películas, lo que funciona a veces, pero ya hacia el final de la película se vuelve un poco tedioso. Aquello, eso sí, no significa que absolutamente todo sea guiños. Durante el clímax hay algunas sorpresas visuales bastante atractivas, que contribuyen a darle algo de particularidad a esta cuarta parte, sin embargo, aparecen demasiado tarde, y durante el resto de la película ni las peleas, ni los juegos visuales, ni los efectos bullet time resultan suficientes para darle mayor atractivo.

Con todos estos elementos, “Matrix Resurrecciones” resulta una película muy poco consistente. Si bien, su argumento parte con reflexiones y cuestionamientos interesantes sobre el estado actual de Hollywood y la cultura de fandom, estas se disuelven y prácticamente desaparecen a mitad de la película para transformarse en un intento de actualizar el universo Matrix con elementos de la actualidad. Lamentablemente, al no comprometerse completamente con ninguna de estas temáticas, el argumento termina sintiéndose blando e incoherente, y la conclusión sumamente insatisfactoria. Más que plantear preguntas sobre la cultura pop y los peligros actuales de la tecnología, la pregunta que queda en el aire es: ¿Qué quería decir Lana Wachowski con esta película?


Título Original: The Matrix Resurrections

Director: Lana Wachowski

Duración: 148 minutos

Año: 2021

Reparto: Keanu Reeves, Carrie-Anne Moss, Neil Patrick Harris, Yahya Abdul-Mateen II, Jada Pinkett Smith, Jessica Henwick, Priyanka Chopra, Jonathan Groff, Ellen Hollman, Brian J. Smith


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