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Carol

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El cine queer, como se ha llamado a las películas que tratan sobre la disidencia en asuntos de identidad de género, encontró su nicho en el cine independiente, pero ha logrado  progresivamente instalarse en salas comerciales y, con ello, en el espacio reservado para aquellas dignas de los más prestigiosos galardones . Sin duda que un hito en esta apertura lo marcó el éxito de “Brokeback Mountain” (2005), y de ahí en adelante, todo ha sido avanzar. Este año, son dos las cintas que responden a esta temática y que se sitúan como potenciales candidatas a más de alguna estatuilla en los Oscar: “The Danish Girl” (2015), basada en la historia real de la primera persona transexual que se enfrentó a un cambio de sexo, y “Carol”, adaptación al cine de la ficción literaria escrita en 1948 por Patricia Highsmith, quien debió esperar 4 años a su publicación, bajo un pseudónimo y diferente título, tras el rechazo de diferentes editores a causa de su contenido lésbico.

CAROL 01Therese Belivet (Rooney Mara), una aspirante a fotógrafa marcada por la indecisión y en plena fase de búsqueda de su identidad, se ve instantáneamente atraída por la presencia de Carol Aird (Cate Blanchett), una mujer madura atrapada en medio de un tormentoso divorcio. La elegancia y sofisticación de Carol, además de sus principios, liberales para la Nueva York de los 50, forman parte del encanto de la mujer que será objeto no sólo del gusto sino que también de la admiración de Therese, quien se irá sirviendo de todos estos elementos para alcanzar sus propios desafíos.

Con la dirección en manos de Todd Haynes –recordado, entre otros trabajos, por la lucidez plasmada en “Velvet Goldmine” (1998), donde la temática homosexual formaba parte del relato sobre el esplendor del glam rock allá en los 70–, era de esperarse que en esta producción el tema fuese tratado con sutil irreverencia, por medio de relatos pulcros que dejan entrever su visión crítica respecto de las dificultades de la liberación sexual en diferentes épocas y contextos. Y es que si hay algo que Carol y Therese tienen en común, es esa irrefrenable inquietud por ser y hacer en CAROL 02un contexto donde la dominación masculina se sitúa como intangible pero siempre al acecho, en el marido que se niega a asumir que una esposa no es una propiedad, en el pretendiente que da por hecho que en la insistencia y los obsequios se encuentra el argumento irrebatible para ganar los favores de la cortejada.

En este contexto, ambas protagonistas verán en el apoyo mutuo la posibilidad de emancipación y autorrealización, dos objetivos casi impensados para el arquetipo de “buena mujer” de mediados del siglo XX. Por cierto, todo este mensaje reside perfectamente camuflado tras la delicadeza que hay en la historia de dos mujeres que han comenzado a gustar particularmente de la mutua compañía. Y qué fácil es encariñarse con estas dos protagonistas, cuando son interpretadas con la maestría que Cate Blanchett y Rooney Mara han sabido imprimir a sus respectivos personajes: la primera, cuánta prestancia y seguridad en sus actos, la segunda, manejando a la perfección miradas y gestos que acusan de su indisimulada inocencia.

CAROL 03Cinta modesta en su producción pero ambiciosa en lo que se propone, “Carol” cuenta con que cada elemento seleccionado para dar vida a un estupendo guión se encuentra absolutamente bien logrado, y con creces. Su exquisito trabajo técnico da como resultado una reconstrucción de la NuevaYork de posguerra visualmente muy atractiva, rica en detalles y de muy buen gusto. A esto se suma el tratamiento de fotografía, el cual tiende al uso de tonos cálidos y se ayuda frecuentemente de vidrios y espejos para agregar efectos de forma natural a la visualización, dando como resultado un bello lienzo sobre el cual retratar la femineidad disidente de los años 50. El ritmo pausado que posee el desarrollo de la película podría llegar a jugarle en contra, pero de todas formas pareciese la decisión más certera, ya que da lugar al espacio necesario para apreciar la multiplicidad de detalles tanto estéticos como argumentales.

A pesar de ser la gran ganadora en la premiación del Círculo de Críticos de Nueva York, se especula que la cinta podría finalizar la jornada de este domingo con las manos vacías, principalmente a causa de la dura competencia que representan otros trabajos nominados. No obstante, más allá de galardones y reconocimientos, sin duda es un agrado recibir en cines chilenos trabajos que retraten con tal detalle y lucidez las diversas aristas que componen la sexualidad femenina, tanto en un contexto histórico distante como también en dos diferentes etapas en la vida de una persona, y que además sean ejecutados con tanta calidad técnica como para situarse dentro de lo más destacado por la crítica y la Academia de cuanto nos ofreció el año recién pasado.

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Lightyear

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“Lightyear” inicia con un pequeño título que dice que, en los años noventa, Andy, el personaje de la serie de “Toy Story”, recibió un juguete de su película favorita, y esta es esa película. Lo anterior podría llevar a imaginar que la cinta en cuestión tendría una estética noventera o tomaría elementos de películas de aventura de la época, de la misma manera que, por ejemplo, la serie “Stranger Things” se apoya en la estética y el estilo del terror de esa época, apropiándose de la narrativa y el estilo de esa década. Sin embargo, acá las referencias a la época comienzan y terminan con ese título inicial, y la obra rápidamente se transforma en otra simple película de aventura. Esto no es necesariamente malo, “Lightyear” es una película completamente funcional, entretenida y que, aunque a ratos se puede volver predecible, logra sorprender con algunos giros, pero esto genera que ese título inicial pierda sentido, y pone en cuestionamiento la razón de ser de esta película.

La historia comienza cuando, luego de quedar varados en un planeta hostil, Buzz Lightyear junto a su compañera Alisha hacen lo posible por llevar a la tripulación de vuelta a casa. Con la ayuda de científicos logran desarrollar un combustible experimental que podría salvarlos, pero durante los experimentos descubren que Buzz Lightyear, piloteando la nave de prueba, experimenta el tiempo de manera diferente: lo que en esa nave son minutos, en la superficie del planeta son años. Sin embargo, Buzz es incapaz de rendirse, y lo sigue intentando durante años y años, durante los cuales sus amigos y colegas envejecen mientras él se mantiene de la misma edad. Todo cambia cuando, al volver de uno de estos ensayos, descubre que algo ha cambiado: el planeta ha sido invadido por robots alienígenas. Con la ayuda de Izzy, nieta de su compañera, Lightyear deberá enfrentarse a estos robots para salvar al planeta y tener una oportunidad para volver a casa.

La de “Lightyear” es una trama que, a pesar de tocar temáticas interesantes sobre el paso del tiempo y la culpa, a ratos se siente muy complicada, ya que pasa mucho antes de que la trama principal siquiera comience. Esto hace que los tópicos que la película tratará a lo largo de su conflicto principal queden un tanto sobreexplicadas durante la primera media hora, lo que genera una desconexión entre lo que los personajes experimentan versus lo que los espectadores entendemos. Cuando Buzz se da cuenta de qué es lo que debe aprender para resolver el conflicto, es algo que se ve venir desde el principio de la historia.

Si bien, esto puede hacer que la película se sienta algo predecible desde un punto de vista temático, desde una perspectiva narrativa funciona bastante bien como cinta de acción y aventura. El universo que construye es visualmente rico y bastante especial, y se beneficia de diversas ideas sobre física cuántica que han sido exploradas en gran cantidad por películas de ciencia ficción, particularmente desde el aspecto de viajes en el tiempo.

Es interesante además que, a diferencia de muchos otros productos de nostalgia actuales, “Lightyear” se ve obligada a construir un universo completamente nuevo, puesto que las referencias que existen en las películas de “Toy Story” son sumamente vagas y genéricas, y es un desafío que el equipo tras esta película logra cumplir de forma satisfactoria. Buzz Lightyear, como personaje, es complejo e interesante, alejándose lo suficiente del juguete de sus películas madre para sostenerse como protagonista, pero logrando mantener suficientes elementos para sentirse familiar. Después de todo, el juguete supuestamente está basado en este personaje.

Por cierto, es difícil alejarse de las películas de “Toy Story”, no sólo porque “Lightyear” sea supuestamente el origen del juguete, sino porque está llena de referencias a la saga. La sombra de la tetralogía lo toca todo, tanto así, que a ratos pareciera que esta película es más una historia fan-made sobre el juguete que el verdadero origen del personaje. Y esto se debe a que no se siente como un producto de la época que supuestamente existe junto a los juguetes en el universo de “Toy Story”, sino que, en muchos sentidos, se percibe supeditada a los juguetes, tanto en sus referencias como en, incluso, un giro cerca del final de la historia.

Lo que queda es una sensación algo agridulce, ya que, cuando se concentra en ser sólo una película de aventuras, “Lightyear” funciona bastante bien, con un universo interesante, personajes coloridos y tensas secuencias de acción, incluso si no llega a los niveles de profundidad temática y madurez emocional de otras películas de Pixar. Lo anterior hace que se sienta como una oportunidad perdida porque como referencia a “Toy Story” no funciona tan bien como parecían ser sus intenciones, pero cuando se aleja de ella la historia marcha mucho mejor y queda la sensación de que hubiera sido aún mejor sin ninguna referencia, sólo existiendo por sí misma.


Título Original: Lightyear

Director: Angus MacLane

Duración: 100 minutos

Año: 2022

Reparto: (voces) Chris Evans, Keke Palmer, Peter Sohn, Taika Waititi, Dale Soules, James Brolin, Uzo Aduba, Mary McDonald-Lewis, Isiah Whitlock Jr., Angus MacLane, Bill Hader


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