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Annabelle 3: Viene a Casa

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Un elemento importante en el cine de terror tradicional, teniendo como referentes películas como “Rosemary’s Baby” (1968), “The Exorcist” (1973) e incluso “The Conjuring” (2013), es que por lo general hay una historia de peso, personajes queribles con los que empatizar, o por lo menos un misterio que resolver al final. ¿Qué es lo que está afectando a esta familia? ¿Cuál es el motivo del espíritu que está acosando a esta niña? “Annabelle 3: Viene A Casa” no se molesta en plantear una pregunta, resolver un misterio, ni conocer a un grupo de personajes, sino más bien busca una excusa para generar situaciones de miedo y atmósferas surreales y opresivas, todas metas que cumple. El misterio aquí es si eso es suficiente para sostener una película, incluso cuando esta descansa en los hombros de una saga ya conocida para fans del género.

La trama comienza cuando Ed y Lorraine Warren (Patrick Wilson y Vera Farmiga) dejan a su hija Judy (McKenna Grace) junto a Mary Ellen (Madison Iseman), su niñera, para pasar la noche fuera de casa. Los inocentes planes de las dos chicas se ven truncados por Daniela (Katie Sarife), amiga de Mary Ellen, que busca curiosear entre los artefactos embrujados que los Warren guardan en su casa. Accidentalmente deja salir a la muñeca demoníaca Annabelle de su caja protectora, lo que trae catastróficas consecuencias.

La de esta tercera parte es una trama sumamente básica, que sirve más que nada como excusa para poner a nuevos personajes a merced de la muñeca Annabelle, junto a un montón de otros artefactos y espíritus malévolos que atormentan a las chicas durante la noche. El problema es que la excusa que encuentran los realizadores es una situación tan acotada y la escala de la historia es tan pequeña, que cada escena de terror lleva a la siguiente sin un sentido de progresión y sin darnos tiempo para procesar lo que está ocurriendo.

Es casi como una colección de cortometrajes de terror que, si bien tienen un hilo conductor, perfectamente podrían ser igual de efectivos por separado. Este factor hace que la película se sienta menos épica y, por lo tanto, menos importante lo que pasa en ella. Esto se nota sobre todo en comparación con otras películas del mismo género, e incluso de la misma saga, en que lo que está en juego se siente mucho más grande sólo porque tuvimos más tiempo para conocer a los personajes involucrados.

A pesar de esto, los momentos de suspenso y terror en la película están bastante bien trabajados. Se nota la dedicación y experiencia de los realizadores en el género de terror. Gary Dauberman, siendo esta su opera prima, juega muy bien con los recursos audiovisuales para generar atmósferas tensas y surreales. Sin embargo, varias de las entidades y artefactos retratados se pueden sentir un poco fuera de lugar, cayendo a veces en lo ridículo, incluso en un universo tan variado como el de “The Conjuring”. Además, a medida que la trama avanza y se acerca al clímax, las situaciones se van volviendo cada vez más rebuscadas, llegando al peak del absurdo en una escena que involucra un exorcismo y una proyección de film de 8mm. Esto puede sacar a algunos espectadores de la suspensión de incredulidad, pero no es tan disruptivo como para arruinar la película completamente.

Las actuaciones por lo general funcionan, el terror que sienten las tres protagonistas resulta real y visceral. Lamentablemente, no hay muchos momentos entre medio del horror para dejarnos conocerlas más, pese a los intentos del director por construirles historias y motivaciones. Debido a esto terminan sintiéndose superficiales, funcionales y estereotípicas. Vera Farmiga y Patrick Wilson, por otra parte, de nuevo venden efectivamente a la adorable pareja Warren, a pesar de su poco tiempo en pantalla.

“Annabelle 3: Viene A Casa” es, como se mencionó anteriormente, una película de terror que no se preocupa por tener una historia compleja, ni tratar temas profundos, y ni siquiera por retratar a personajes de carne y hueso, con personalidad, sueños y temores. Es una película que se preocupa por una cosa y una cosa solamente: asustar. Y esto lo logra con bastante éxito, a pesar de a veces caer en lo ridículo y desinflarse al final, pecado en que caen muchas películas de este género.


Título Original: Annabelle Comes Home

Director: Gary Dauberman

Duración: 106 minutos

Año: 2019

Reparto: Mckenna Grace, Patrick Wilson, Vera Farmiga, Madison Iseman, Katie Sarife, Stephen Blackehart, Steve Coulter, Eddie J. Fernandez, Michael Cimino, Emily Brobst, Alison White, Paul Dean


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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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