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A lo largo de su aclamada filmografía, Luc Besson ha cultivado una interesante fórmula que involucra a mujeres hermosas, poderosas y letales: Anne Parillaud en “Nikita” (1990), Milla Jovovich en “The Fifth Element” (1997) o Scarlett Johansson en “Lucy” (2014) son ejemplos donde los personajes femeninos toman el control de las narrativas para entregarnos historias llenas de acción explosiva y numerosos momentos memorables dentro de la cultura pop.

En “Anna”, Besson regresa a sus historias sobre espías y asesinos contando el relato de la joven Anna Poliatova (Sasha Luss), quien, luego de una serie de desafortunadas circunstancias, termina convirtiéndose en una habilidosa asesina profesional. Sin embargo, luego de tantas misiones y asesinatos, lo que Anna realmente quiere es tener su propia libertad, lejos de los gobiernos y agencias que sólo quieren controlarla o destruirla.

Acompañada de un reparto compuesto por Luke Evans, Cillian Muprhy y Helen Mirren, “Anna” es una historia cargada de acción que, lamentablemente, ya se ha visto muchas veces, incluso dentro de la filmografía de Besson con “Nikita”, pero que realmente destaca por su compleja línea cronológica y sus numerosos giros dentro de otros giros al revelarnos piezas claves del plan de Anna para ser libre.

La historia nos lleva a lo largo de una complicada partida de ajedrez entre Anna y sus superiores, centrándose en escenas ambientadas en Paris y Moscú, acompañadas por la ya conocida música del frecuente colaborador de Besson, Éric Serra. Las escenas de violencia y acción son algo exageradas pero coreografiadas a un ritmo que sólo el director y los efectos visuales saben demostrar en cámara; un excelente ejemplo de estas impecables secuencias de acción es una de las primeras misiones de Anna, donde debe recuperar un teléfono que pertenece a una figura masculina poderosa y bastante resguardada.

La complicada pero entretenida dinámica entre Mirren y Luss, es uno de los elementos más notables dentro del relato, y el triángulo amoroso entre los personajes de Luss, Evans y Murphy aporta una interesante profundidad al personaje de Anna y su valiente carácter dentro de un mundo dominado por los hombres.

El gran problema de esta película no son sus protagonistas o su historia, sino que la forma en la que es contada, usando una técnica narrativa que vuelve una y otra vez al pasado de lo que ya hemos visto, presentando nuevos detalles que vuelven aún mas complejo seguir el hilo de los hechos. En un comienzo es una herramienta bastante útil para conocer el pasado de la protagonista, pero en cuanto se comienzan a usar los flashbacks de manera repetitiva en la historia, es posible que el espectador pierda el interés por conocer el desenlace del complicado tercer acto.

A momentos tediosa, pero sin duda entretenida, “Anna” es el perfecto debut una supermodelo de talla mundial en las pantallas, y también es un recordatorio de que Luc Besson, muy a pesar de los escándalos que rodearon la película detrás de cámara, sabe muy bien cómo aportar una cuota explosiva de poder femenino a la pantalla y querer conocer las historias de estas mujeres tan poderosas como peligrosas.


Título Original: Anna

Director: Luc Besson

Duración: 119 minutos

Año: 2019

Reparto: Sasha Luss, Helen Mirren, Luke Evans, Cillian Murphy, Eric Godon, Eric Lampaert, Pauline Hoarau, Avant Strangel, Jan Oliver Schroeder, Rupert Wynne-James, Réginal Kudiwu


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Había Una Vez… En Hollywood

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Había Una Vez En Hollywood

Lo difícil de hablar sobre “Había Una Vez… En Hollywood” tiene que ver con que la película se rehúsa a ser reductible a un simple concepto o temática. Trata sobre los asesinatos de Charles Manson, sí, pero también sobre la época de transición entre el antiguo y el nuevo Hollywood, sobre los dos extremos de una misma carrera artística, e incluso se pregunta qué es lo real cuando se ve una película. Quentin Tarantino amplía su espectro más que nunca y, no conforme con la reescritura histórica que hizo en 2009 con “Inglourious Basterds”, ahora ataca otro nicho. Si antes sintió la necesidad de defender a su pueblo de los nazis, ahora lo hace con su pasión y oficio, y son el famoso distrito californiano y su amor por el cine los que obtienen esta corrección, la de imaginar qué hubiera pasado si…

Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) es un actor de westerns televisivos que empieza a enfrentar el declive de su carrera. Vive esta transición con quien es quizás su único amigo, su doble de acción Cliff Booth (Brad Pitt, en la clase de actuación que recae completamente en el carisma que sólo las estrellas pueden tener) en el Hollywood de 1969, el verano del amor en que los hippies pululaban por doquier antes de que los asesinatos mencionados ocurrieran, se rompiera la burbuja y se diera paso a unos más sombríos años 70. Dalton es vecino de Sharon Tate (Margot Robbie, más concepto que personaje) y, conociendo su destino, es sólo cuestión de tiempo para que la película una sus líneas narrativas, fusione personajes ficticios con aquellos basados en personas reales y se entienda el experimento que Tarantino propone en esta cinta.

Durante las primeras dos horas de metraje no ocurre mucho más que una presentación de personajes y situaciones a lo largos de dos días. Son la clase de licencias narrativas que hacen comprensible el que ya se haya anunciado la adaptación televisiva de “Había Una Vez… En Hollywood” las que permiten que el personaje de Brad Pitt tenga su propio corto de veinte minutos en la mitad de la película, o que un día en el set con DiCaprio parezca un capítulo aparte de la película que se está viendo. Y, más allá de molestar, son las mejores secuencias de la cinta. Este es un ritmo lento y desprovisto de conflicto, que parece una novedad para Tarantino y que da paso a preguntarse qué hay detrás de todo esto.

Hay un cuestionamiento constante sobre lo que es real y lo que no. A veces explícito, a veces integrado en situaciones. Margot Robbie va al cine a ver una película en la que actúa, pero lo que Tarantino proyecta es a la verdadera Sharon Tate. Se muestra una película de Steve McQueen, pero también al actor que lo interpreta y que claramente no es Steve McQueen. DiCaprio actúa de Dalton, un actor actuando de otro personaje para la televisión, y cuando se equivoca en sus líneas pareciera que es intencional el que por un segundo se piense que es el verdadero DiCaprio olvidándolas.

Y quizás esa es la lógica detrás del casting de Al Pacino en un cameo, o del desfile de rostros conocidos que presenta la película, que incluye a Dakota Fanning, Bruce Dern, Kurt Russell y Lena Dunham, empujando al espectador a distanciarse con las apariciones de actores que no llegamos a creer en sus personajes porque sólo vemos a quienes los interpretan. “Los actores son unos falsos, no puedes creer nada que salga de su boca”, dice un personaje de la película, pero los guionistas son iguales, y aquí Tarantino no nos deja olvidar que esta es una fantasía, que hasta su plano final tiene el propósito de evidenciar la ironía, que es él diciéndole al espectador constantemente: “No es cierto, ¿recuerdas? Esto no era verdad”. Es un cuento.

Y lo que queda entonces es entregarse a Tarantino en su versión más distendida y experimental. Disfrutar las escenas de Brad Pitt y Leonardo DiCaprio en el auto conversando como si no hubiese que llegar a alguna parte con cada escena. Asombrarse con ingenuidad junto a Margot Robbie por lo que depara un futuro que puede nunca llegar. Anticipar la violencia pop clásica del cineasta que se esconde, pero se anticipa porque la premisa de la película ya advirtió que existiría. Y reconocer que es una película diferente a lo que ha habido en el cine el último año y que sólo podría haber hecho un Tarantino que se está empujando un poco más.

Si esta fantasía sirve de algo, es para constatar que el director se sigue desafiando, que no descansa en lo construido con su filmografía y que, sin traicionarla, puede evolucionarla. Que puede madurar y entregar su película más personal, aquella que es capaz de proponer que la violencia no es el fin y que, aunque le parezca entretenida, no es el comentario con el que quiere que se vaya el espectador. Mejor aún, que ese comentario puede ser cualquier cosa que uno rescate del abanico de temas que propone y que uno tiene el tiempo de pensar mientras la película divaga, y uno divaga con ella, reflexionando que quizás no importa nada de lo que está pasando, que puede que todo sea mentira, pero que qué divertido es salir del mundo real e ir al cine un rato.


Título Original: Once Upon A Time… In Hollywood

Director: Quentin Tarantino

Duración: 161 minutos

Año: 2019

Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Emile Hirsch, Margaret Qualley, Al Pacino, Kurt Russell, Bruce Dern, Timothy Olyphant, Dakota Fanning, Damian Lewis, Luke Perry, Michael Madsen


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