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Aladdin

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El ejercicio de recordar tiempos pasados ha servido como pretexto para que la luz verde sea concedida a producciones audiovisuales en formato de remakes, reboots o secuelas, y el éxito de ciertas producciones ha hecho que la industria cinematográfica estruje esta idea en base a que la nostalgia vende. Y Disney, uno de los más grandes estudios, ha seguido esta senda anunciando una serie de remakes en acción real de sus grandes clásicos animados. Luego de la sorpresa que dio “The Jungle Book” (2016), el foco ha estado puesto en aquellos éxitos que dejó el llamado “Renacimiento de Disney” en la década de los noventa, y luego del éxito comercial de la esperada “The Beauty And The Beast” (2017), se esperan muchas más adaptaciones a este formato, siendo “Aladdin” la escogida para seguir este camino.

Aladdin (Mena Massoud) es un joven ladrón que vive en las calles de Agrabah. Luego de su casual encuentro con la hija del Sultán, la princesa Jasmine (Naomi Scott), Aladdin intentará todo para conquistarla, incluso aceptar el desafío del visir a Jafar (Marwan Kenzari), quien lo hace entrar en una cueva llena de tesoros, entre ellos, una lámpara mágica con Genio (Will Smith) que vive en ella y que ayudará al joven a cumplir todos sus deseos.

La cinta original de 1992 es recordada con éxito, y luego de veintisiete años sus personajes aún viven en la memoria. Esta nueva versión cuenta con el desafío de avanzar con ese peso sobre los hombros y justificar su existencia como adaptación a los tiempos modernos, por lo que la tarea de revisitar una historia familiar se podría complicar cuando hay una nueva audiencia que recién se está familiarizando con esta historia y sus personajes. Sin embargo, en un inicio el relato decide ser contado para quienes ya conocen la historia y no necesitan grandes introducciones, pues rápidamente, y en una secuencia que se interna en los rincones del reino ficticio de Agrabah, los personajes son presentados casi asumiendo que los argumentos que cruzan la historia son de conocimiento de todo el público.

Esta apresurada introducción podría traer problemas para desarrollar el conflicto principal, pero también establece claramente que esta nueva versión es una visita a la nostalgia y quiere mantenerse fiel a su espíritu original, y lo logra sin mayor esfuerzo. Pese a que transita un camino familiar y sigue una estructura narrativa y visual muy similar a la de 1992, la modernización de “Aladdin” no pretende ser un espejo donde se pueda ver cuadro a cuadro un reflejo idéntico, otorgando algo de frescura a una adaptación que cuida sus detalles para no dañar el material de origen, pero que, al mismo tiempo, quiere tímidamente explorar nuevos rincones.

La propuesta de modernizar esta historia está principalmente en las manos de sus protagonistas y las características que a estos se les otorgan, ya que el carisma de algunos y las propiedades acentuadas de otros los hacían parecer caricaturas que sólo cumplían un propósito en función de una cinta animada. No obstante, en esta nueva versión se vislumbra la exigencia de complejizar a personajes que han vivido en la cultura popular por mucho tiempo, pero que muy poco se sabe de ellos. Y si bien se mantiene la esencia de cada uno, estos dejan el disfraz de caricatura y se transforman en seres reales, con particularidades que los acercan a tiempos modernos y que los vuelven mucho más interesantes de explorar.

El principal desafío de adaptar una cinta animada con personajes de carne y hueso radica en la interpretación de un mundo que visualmente pareciera poseer recursos ilimitados y, aun así, verse real y tangible. En ese sentido, el uso de CGI es el principal apoyo para representar lugares ficticios y personajes que muchas veces desafían lo verosímil, y en esta cinta el uso de este recurso cumple con crear este mundo lleno de magia. Aunque no deja de parecer un elemento extraño, este se adapta a la historia que quiere ser contada. Por otro lado, las cintas producidas por el estudio son concebidas y reconocidas como películas musicales, y es justamente esta característica una de las mayores fortalezas de este remake, pues la grandilocuencia visual y el trabajo de Alan Menken en los números musicales hacen que “Aladdin” funcione como un viaje ligero y entretenido de ver.

El éxito comercial que ha dejado el experimento de rehacer los clásicos de Disney es la justificación suficiente para seguir explotando este modelo. No hay manera de detener la ola de estrenos que inundarán la cartelera, evocando una época donde la nostalgia es la protagonista. Y aunque la nueva versión de “Aladdin” no alcanza a justificar su existencia por sí sola, esta logra sobrepasar la evocación de tiempos pasados y adaptarse al mundo actual, funcionando como un apropiado intento de revitalizar una historia que podría quedarse anclada en lo anticuado, pero que, resistiéndose a esa idea, logra marchar con nuevas ideas.


Título Original: Aladdin

Director: Guy Ritchie

Duración: 128 minutos

Año: 2019

Reparto: Mena Massoud, Naomi Scott, Will Smith, Billy Magnussen, Nasim Pedrad, Numan Acar, Navid Negahban, Amir Boutrous, Alan Tudyk, Marwan Kenzari, Nikkita Chadha, Kamil Lemieszewski


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Había Una Vez… En Hollywood

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Había Una Vez En Hollywood

Lo difícil de hablar sobre “Había Una Vez… En Hollywood” tiene que ver con que la película se rehúsa a ser reductible a un simple concepto o temática. Trata sobre los asesinatos de Charles Manson, sí, pero también sobre la época de transición entre el antiguo y el nuevo Hollywood, sobre los dos extremos de una misma carrera artística, e incluso se pregunta qué es lo real cuando se ve una película. Quentin Tarantino amplía su espectro más que nunca y, no conforme con la reescritura histórica que hizo en 2009 con “Inglourious Basterds”, ahora ataca otro nicho. Si antes sintió la necesidad de defender a su pueblo de los nazis, ahora lo hace con su pasión y oficio, y son el famoso distrito californiano y su amor por el cine los que obtienen esta corrección, la de imaginar qué hubiera pasado si…

Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) es un actor de westerns televisivos que empieza a enfrentar el declive de su carrera. Vive esta transición con quien es quizás su único amigo, su doble de acción Cliff Booth (Brad Pitt, en la clase de actuación que recae completamente en el carisma que sólo las estrellas pueden tener) en el Hollywood de 1969, el verano del amor en que los hippies pululaban por doquier antes de que los asesinatos mencionados ocurrieran, se rompiera la burbuja y se diera paso a unos más sombríos años 70. Dalton es vecino de Sharon Tate (Margot Robbie, más concepto que personaje) y, conociendo su destino, es sólo cuestión de tiempo para que la película una sus líneas narrativas, fusione personajes ficticios con aquellos basados en personas reales y se entienda el experimento que Tarantino propone en esta cinta.

Durante las primeras dos horas de metraje no ocurre mucho más que una presentación de personajes y situaciones a lo largos de dos días. Son la clase de licencias narrativas que hacen comprensible el que ya se haya anunciado la adaptación televisiva de “Había Una Vez… En Hollywood” las que permiten que el personaje de Brad Pitt tenga su propio corto de veinte minutos en la mitad de la película, o que un día en el set con DiCaprio parezca un capítulo aparte de la película que se está viendo. Y, más allá de molestar, son las mejores secuencias de la cinta. Este es un ritmo lento y desprovisto de conflicto, que parece una novedad para Tarantino y que da paso a preguntarse qué hay detrás de todo esto.

Hay un cuestionamiento constante sobre lo que es real y lo que no. A veces explícito, a veces integrado en situaciones. Margot Robbie va al cine a ver una película en la que actúa, pero lo que Tarantino proyecta es a la verdadera Sharon Tate. Se muestra una película de Steve McQueen, pero también al actor que lo interpreta y que claramente no es Steve McQueen. DiCaprio actúa de Dalton, un actor actuando de otro personaje para la televisión, y cuando se equivoca en sus líneas pareciera que es intencional el que por un segundo se piense que es el verdadero DiCaprio olvidándolas.

Y quizás esa es la lógica detrás del casting de Al Pacino en un cameo, o del desfile de rostros conocidos que presenta la película, que incluye a Dakota Fanning, Bruce Dern, Kurt Russell y Lena Dunham, empujando al espectador a distanciarse con las apariciones de actores que no llegamos a creer en sus personajes porque sólo vemos a quienes los interpretan. “Los actores son unos falsos, no puedes creer nada que salga de su boca”, dice un personaje de la película, pero los guionistas son iguales, y aquí Tarantino no nos deja olvidar que esta es una fantasía, que hasta su plano final tiene el propósito de evidenciar la ironía, que es él diciéndole al espectador constantemente: “No es cierto, ¿recuerdas? Esto no era verdad”. Es un cuento.

Y lo que queda entonces es entregarse a Tarantino en su versión más distendida y experimental. Disfrutar las escenas de Brad Pitt y Leonardo DiCaprio en el auto conversando como si no hubiese que llegar a alguna parte con cada escena. Asombrarse con ingenuidad junto a Margot Robbie por lo que depara un futuro que puede nunca llegar. Anticipar la violencia pop clásica del cineasta que se esconde, pero se anticipa porque la premisa de la película ya advirtió que existiría. Y reconocer que es una película diferente a lo que ha habido en el cine el último año y que sólo podría haber hecho un Tarantino que se está empujando un poco más.

Si esta fantasía sirve de algo, es para constatar que el director se sigue desafiando, que no descansa en lo construido con su filmografía y que, sin traicionarla, puede evolucionarla. Que puede madurar y entregar su película más personal, aquella que es capaz de proponer que la violencia no es el fin y que, aunque le parezca entretenida, no es el comentario con el que quiere que se vaya el espectador. Mejor aún, que ese comentario puede ser cualquier cosa que uno rescate del abanico de temas que propone y que uno tiene el tiempo de pensar mientras la película divaga, y uno divaga con ella, reflexionando que quizás no importa nada de lo que está pasando, que puede que todo sea mentira, pero que qué divertido es salir del mundo real e ir al cine un rato.


Título Original: Once Upon A Time… In Hollywood

Director: Quentin Tarantino

Duración: 161 minutos

Año: 2019

Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Emile Hirsch, Margaret Qualley, Al Pacino, Kurt Russell, Bruce Dern, Timothy Olyphant, Dakota Fanning, Damian Lewis, Luke Perry, Michael Madsen


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