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Ad Astra: Hacia Las Estrellas

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Ad astra per aspera”, o “A las estrellas a través del sacrificio” en una traducción al español, es la frase que acompaña la placa en Cabo Cañaveral en homenaje a los tres astronautas de la misión Apolo 1 que murieron debido a un incendio en la cabina. Por lo que se puede deducir que, en el camino para lograr un objetivo, los sacrificios son necesarios, particularmente en el viaje hacia la exploración espacial, lugar donde el ser humano ha descubierto su fragilidad frente a la inmensidad de lo que nos rodea fuera del planeta Tierra. “Ad Astra: Hacia Las Estrellas” pretende explorar las interrogantes que existen frente a estas exploraciones, donde además de la imponencia de los astros, lo más trivial e íntimo del ser humano es capaz de salir a la luz.

Roy McBride (Brad Pitt) es un ingeniero que perdió a su padre, quien partió sin retorno a una misión a Neptuno para buscar vida inteligente. Veinte años más tarde, los signos de aquella misión parecen ser visibles, por lo que Roy emprenderá la búsqueda de su padre y, al mismo tiempo, de sí mismo.

“Ad Astra: Hacia Las Estrellas” muestra en una primera instancia, y en una visión futurista bastante realista, el avance de la humanidad en la exploración del espacio y la conquista de nuevos lugares fuera de nuestro planeta, aludiendo a la evidente e inevitable idea del ser humano y la explotación de un lugar sólo por el beneficio económico. El claro esbozo de este comentario da paso natural a que las preguntas en la cinta se vayan tornando mucho más grandes y volcándose hacia lo más esencial del ser humano, por esta razón, la motivación de enviar a un astronauta en búsqueda de una misión que parecía pérdida se gesta de forma natural, donde la urgencia está puesta en el heroísmo, pero, al mismo tiempo, hay razones ocultas mucho más robustas que empujan al protagonista a aceptar el desafío.

El heroísmo que implica la misión de exploración y rescate está puesto en los hombros de Roy McBride, un hombre construido con capas sólidas y que pareciera ser insensible frente a lo adverso, en sintonía con la representación de Neil Armstrong en “First Man” (2018), donde en ambos personajes se puede sentir la presión que existe por ser victoriosos en sus tareas, pero sin interés en el éxito personal, sino más bien alcanzar el triunfo por un bien mucho mayor.

La construcción por capas que se le asigna a Roy se utiliza para establecer ciertos comentarios frente al coraje y la masculinidad, pero aquella coraza se irá descascarando paulatinamente hasta descubrir su vulnerabilidad, despojándolo de cualquier disfraz de estabilidad, pues la soledad del espacio exterior pareciera ser el escenario perfecto para desvestir y exhibir la fragilidad humana, siendo a través de monólogos internos la manera que tenemos para conectar con los pensamientos más íntimos del protagonista.

Si “The Lost City of Z” (2016), el anterior trabajo de James Gray, utilizaba el viaje por las amazonas en búsqueda de la obsesión por un lugar, “Ad Astra: Hacia Las Estrellas” tiene el espacio exterior como el escenario para una intrincada travesía. Para lograrlo, el trabajo fotográfico a cargo de Hoyte Van Hoytema provoca una inmersión en los distintos paraderos en los que el astronauta transita; la expedición visual a través de los distintos cuerpos celestes es capaz de envolver y fascinar al espectador. Siendo ayudado por la música de Max Richter, la cinta resulta un deleite audiovisual al capturar la inmensidad del espacio exterior.

“Ad Astra: Hacia Las Estrellas” está levemente inspirada en “Heart Of Darkness”, novela corta escrita por Joseph Conrad, el material de fuente para “Apocalypse Now” (1979), por lo que sutiles ideas pueden ser conectadas entre ambas cintas, siendo un complejo y oscuro viaje por destruir un objetivo la más fuerte de todas. Lo cierto es que en la cinta de James Gray esta idea va quedando en evidencia hacia el tercer acto, donde se van develando las reflexiones y el enrevesado camino de autodescubrimiento que hace el protagonista, donde, sin buscarla, se encuentra con la redención de las personas que lo rodean y de sí mismo. Momento donde la reflexión frente a la relación con su padre se transforma en la idea fundamental de una cinta que busca hacer preguntas intimas en un espacio de grandes dimensiones. Afortunadamente estos cuestionamientos se acoplan naturalmente al relato que se ha construido.

Siendo una cinta de ciencia ficción, sus parientes “Interstellar” (2014), “Gravity” (2013) e incluso “Solyaris” (1972) se hacen presente para recordar el pretexto que se utiliza en el género para trabajar ideas relacionadas con nuestra propia humanidad y las eternas preguntas filosóficas que nos acompañan. “Ad Astra: Hacia Las Estrellas” logra capturar esa esencia y asombrar con sus interrogantes en el espacio íntimo de la mente del protagonista, pero en medio de la inmensidad y soledad del espacio exterior.


Título Original: Ad Astra

Director: James Gray

Duración: 122 minutos

Año: 2019

Reparto: Brad Pitt, Liv Tyler, Ruth Negga, Tommy Lee Jones, Donald Sutherland, John Finn, Kayla Adams, Kimmy Shields, Bayardo De Murguia, Lorell Bird Dorfman, Sasha Compère


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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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