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Christopher Nolan: Obsesión y adelanto

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Resulta irrebatible que sólo emerge un nombre cuándo se consulta por el mayor exponente del cine espectáculo con pretensiones artísticas: Christopher Nolan. Con ocho películas desde 1998 –que se desprenden en una estrenada bajo completo anonimato, dos que debutaron bajo cierta atención y cinco realizadas a gran escala-, el cineasta inglés se ha situado como el director más reverenciado de la industria dedicada al espectáculo. Con una cinematografía estimulante y evolutiva, e historias notablemente atadas en sus guiones, ha puesto en cuestión los límites del blockbuster, al proponer que el cine comercial puede ser exigente con el espectador sin dejar de proporcionar entretención, ambición que alcanzó su cumbre con la construcción de su trilogía de superhéroes con ecos políticos y sociales. Contra lo que haría el mayor porcentaje de directores en su posición, en su período de confort en la meca del cine, ha asombrado al jugarse por ser fiel a sí mismo y no quedarse estancado en los laureles del éxito, asentándose como uno de los pocos que buscan un objetivo mayor al ponerse detrás de producciones mastodónticas.

MEMENTOIntranquilo, crítico y decidido a expandir su universo fílmico sin traspapelar sus inquietudes, Christopher Nolan desde 2005 se encuentra en la cresta de la ola, gracias a haber elevado la figura del superhéroe a cotas impensadas en tres episodios y en medio de eso, además, haber realizado proyectos tan cautivantes como  “The Prestige” (2006) e “Inception” (2010). Pero el reconocimiento comenzó mucho antes, primero tenuemente con “Following” (1998) –una cinta financiada y filmada en conjunto con amigos que Nolan dirigió, fotografió, editó y produjo- y luego a rabiar con “Memento” (2000) –proyecto  que venía planeando desde 1997, con una construcción absorbente, donde un hombre se vale de notas y tatuajes en su cuerpo para dar con el asesino de su esposa-, dos ejercicios (el segundo más logrado que el primero) donde instalaba los temas que más le importaban (el principal, la obsesión como causante de autodestrucción) y dejaba en claro que le urgía hacer un cine de ideas sociológicas y filosóficas, a punta de personajes inundados en traumas y una narración jugada por desconcertar al espectador.

Con dos largos cautivantes bajo el brazo, no pareció descabellado que la siguiente parada fuera ponerse detrás de una producción por encargo de un estudio grande, “Insomnia” (2002), película para Warner Bros., producida por Steven Soderbergh y George Clooney. La historia de estos dos detectives enviados a un pueblo de Alaska a investigar el asesinato de una joven, estaba impregnada de muchas de las pautas anteriormente desarrolladas (con la peculiaridad de agregar como eje la reflexión en torno a la culpa y la moral), pero no alcanzó a brillar de la misma manera la autoría de sus dos primeros trabajos, resultando un filme mucho más tradicional, avivado por las interpretaciones de Al Pacino y Robin Williams, lo que quizás se explique porque la cinta era un remake de un thriller sueco estrenado cinco años antes y Nolan no figuraba oficialmente con créditos de guión, pese a que supuestamente escribió el borrador final.

BATMAN BEGINSEn concreto, más que para ensanchar su cine, la buena acogida de “Insomnia” le serviría como espaldarazo para a comienzos de 2003 mostrarle a Warner Bros. la idea para una nueva película en torno al hombre murciélago. La propuesta encantó al estudio y el resultado es largamente conocido. Con “Batman Begins” (2005) alejó al personaje de la fantasía y lo aproximó al drama serio, con algo interesante qué decir respecto a la sociedad. Además, integró con sentido quizás el gran tema de su filmografía: la obsesión como principal amenaza personal. Nolan no se convirtió en el primero en hacer buen cine con superhéroes como base, pero sí en un pionero en convertir a personajes acostumbrados a enfrentar dilemas ligeros en carne, heridas y angustias. Con las dos secuelas, “The Dark Knight” (2008) y “The Dark Knight Rises” (2012), Nolan fue evolucionando hacia un cine de veta más espectacular y al mismo tiempo más político-social, lo que implicó que apartara ligeramente las inquietudes por las que en un comienzo era simple distinguirlo.

Si hubiese que organizar su filmografía en torno a temas, la trilogía de Batman es la que menos tiene en común con el resto, en especial los últimos dos episodios, donde profundizó en vertientes que cuestionaban al individuo y a la sociedad, y sumó con tesón la espectacularidad a su batería de recursos, mientras que prescindió de su gusto por contar las historias de manera no tradicional y abandonó, en parte, las constantes de su cine, todo para darle a la saga el desarrollo e impulso que pedía. En rigor, se concentró en temas como el terrorismo, el caos, la escalada de violencia y los conflictos de clase, y el resultado fue disímil: descomunal en “The Dark Knight” y sólo aceptable en “The Dark Knight Rises”. Con la primera de estas dos mencionadas estuvo más cerca que nunca de cruzar espectáculo con arte, mientras que con la segunda no le faltó emoción, pirotecnia y ambición, pero armó una historia sobrecargada y ambigua en sus alcances y convicciones.

THE PRESTIGEMás allá de los resultados de esa trilogía sobre el justiciero urbano por excelencia, lo real es que hay una línea que separa la saga Batman del resto de su obra, y los dos trabajos que hizo entremedio están, en efecto, mucho más conectados con sus otras cintas. En “The Prestige” (2006) –basada en una novela de Christopher Priest- retrató la rivalidad de dos magos en el siglo XIX, dos seres de luces y sombras que, cegados por la competencia, dañan todo a su alrededor; una historia por medio de la cual consiguió complejizar sus constantes habituales, mientras que al mismo tiempo pudo volver a retorcer la narrativa convencional al dividir la acción en tres espacios temporales.

Ese gusto por jugar con la mente del espectador lo replicaría de cierto modo en “Inception” (2010), una película de ciencia ficción instalada en el mundo de los sueños que, en términos narrativos, no acude más que a pequeños flashblacks, pero que transcurre en distintos niveles oníricos. Tal como en “Memento” y “The Prestige”, se encarga de ir dejando multitud de pistas para que el espectador más despierto pueda resolver el misterio, con lo que una vez más ratificaba su intención de desafiar las capacidades de la audiencia. Además, sumergido en un género que le era ajeno hasta ese momento, dio otro paso más en aunar espectáculo con sustancia y hondura.

Trabajando codo a codo junto a su hermano Jonathan y su esposa, Emma Thomas, Christopher Nolan ha dado vida a un cine arrojado, cambiante y propositivo. Probablemente jamás lo veamos de vuelta en cintas de bajo o mediano perfil, pero es altamente probable que siga estirando y desafiando los límites que se ha impuesto en el cine de consumo masivo. Y que, al mismo tiempo, siga haciendo filmes de impronta muy personal, porque como ningún otro director inmerso en la industria hollywoodense, ha sabido mantenerse a una distancia que le permite contar las historias que desea de la manera que le apasiona. Eso no asegura que todas sus películas sean imperdibles o joyas cinematográficas, pero sí que sean mucho más interesantes de ver y descubrir que el grueso de INTERSTELLARsuperproducciones que se vienen haciendo en Hollywood desde  hace décadas. ¿Ha cambiado la industria con la irrupción de su visión más madura y realista del blockbuster? Ese es un tema que aún está por verse, pero es posible aseverar que superproducciones como “Dawn Of The Planet Of The Apes” (2014)  o “Captain America: The Winter Soldier” (2014) probablemente no se habrían hecho si él no hubiese sentado las bases años antes.

Ahora su nombre vuelve a estar en boca de todos con su segunda cinta de ciencia ficción, “Interstelar”, que integra viajes espaciales  y temporales, y que se encuentra capitaneada actoralmente por Matthew McConaughey, Anne Hathaway y Jessica Chastain. La cita es el 6 de noviembre, cuando podremos constatar si Christopher Nolan regresa revitalizado y sigue desafiando los límites de una industria urgida de talentos como el suyo.

Por Gonzalo Valdivia

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