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Cine

Chicas Armadas y Peligrosas

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Definidas tradicionalmente como cintas que tienen una dupla de hombres como protagonista y una mínima presencia femenina, las buddy movies han estado encarnadas por realizaciones tan distintas como “Butch Cassidy And The Sundance Kid” (1969), “The Blues Brothers” (1980) o “Hot Fuzz” (2007). Esta clase de filmes comenzó a vivir un período de esplendor a partir de los 80’s, con los códigos del policial como punta de lanza del auge. Si bien la cinta responsable de ponerlas de moda fue “Lethal Weapon” (1988) de Richard Donner, que le dio una vuelta de tuerca a muchas de sus claves, fue “48 Hrs.” (1982) de Walter Hill la que seis años antes situó las bases. “Chicas Armadas y Peligrosas” se THE HEAT 01instala en el terreno de la comedia policial y cuenta con todos los elementos de una buddy movie, con la diferencia de que se encuentra protagonizada por dos mujeres.

Sarah Ashburn (Sandra Bullock) es una destacada agente del FBI, cuya peculiar personalidad provoca que tenga una difícil convivencia con sus compañeros. Su jefe decide enviarla a Boston para que investigue a un capo del narcotráfico, bajo la excusa de que prontamente la ascenderá si demuestra estar capacitada para trabajar en equipo. Una vez en la ciudad, conoce a Shannon Mullins (Melissa McCarthy), una policía que posee una forma de trabajo más desprolija e impetuosa, con la que inevitablemente chocará. La orden es que trabajen juntas en capturar al criminal, por lo que contra su voluntad se verán obligadas a trabajar codo a codo.

Lo ideal en este tipo de películas no es ubicar a un protagonista con un compañero que lo secunde, sino que colocar dos personajes con el mismo peso, sustituyendo el tradicional romance por una relación de amistad. Esta cinta consigue con creces esto, al poner exactamente al mismo nivel a Ashburn y Mullins, siendo fiel a la tradición que escoge. Con un humor desatado y certero, la película aprovecha las ventajas que tiene seguir este molde: el inicial choque de personalidades permite generar con mayor facilidad prolongados peloteos de bromas. Y en este caso no estamos hablando de THE HEAT 02sólo chistes cortos y apenas pasajes de diversión, también se la juega por otros más currados y aprovecha muy bien el humor físico. Así, el nivel cómico se mantiene elevado durante buena parte de su metraje, aunque, por supuesto, no se pueden desconocer bajas.

La historia no guarda mayores complejidades ni tampoco es difícil anticiparse a su devenir. A pesar de que el punto de partida es limitado y presiona teclas sin gran novedad, el filme se las arregla para armar una trama bien desplegada, generando un tejido de atinado y coherente desarrollo. Lo corriente de su planteamiento lo suple no restringiéndose a la hora de los balazos y la violencia, en una decisión que va en sentido contrario a la apuesta habitual de la comedia. Esto termina suscitando real nervio, lo que le permite obtener un interés transversal a la cinta. Adicional a eso, está el que proporciona una evolución no menor a sus personajes y aborda con bastante tino los cambios de tono, lejos de lo brusco y destemplado que podría haber resultado todo.

Esenciales en el resultado final son sus actrices protagónicas, que juntas pasan a ser pura dinamita y jamás caen en anularse la una a la otra. Melissa McCarthy es una estupenda comediante, que acá está en plena forma y lanza un arsenal descomunal de bromas. Sandra Bullock, por su parte, se desenvuelve cómoda y demuestra el suficiente carisma para no ser opacada por el huracán McCarthy, THE HEAT 03dejando en evidencia que no se le da mal la comedia cuando tiene un buen material entre manos. Su personaje parece ser el mismo de “Miss Congeniality” (2000), pero la actriz demuestra tener los suficientes atributos como para proporcionarle un cariz levemente distinto.

La película dura 117 minutos, extensión que se hace sentir. Si bien es una cinta de buena dinámica, tiende a agotar el que se afirme tanto en el carisma de su pareja protagónica. No tiene el asombroso despegue de “Bridesmaids” (2011) –anterior filme de Paul Feig-, pero aprovecha parte importante de sus posibilidades cómicas y consigue un buen equilibrio entre los géneros que aúna, haciéndole, de pasada, justicia a las realizaciones que se concibieron como buddy movies en los 80’s. En definitiva, esta comedia proporciona suficiente diversión como para que quedemos expectantes ante la inminente secuela.

Por Gonzalo Valdivia

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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