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Caleuche, El Llamado del Mar

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El cine de género vuelve a inspirar a la filmografía chilena, esta vez siendo el turno del terror, de la mano del cuarto largometraje del pionero del género en nuestro país, Jorge Olguín, quien para ser sinceros, no había podido dar el palo al gato en sus anteriores filmes, siendo “Solos” (2008) el título que causó un rechazo casi absoluto por parte del público y la crítica, debido a sus nefastas decisiones de guión y puesta en escena, que hacían parecer a la propuesta un trabajo de estudiantes más que de un cineasta que iba por su tercera gran producción. “Caleuche, El Llamado del Mar” es la producción más grande de la que se ha hecho cargo el chileno, la más ambiciosa, y por qué no, la más atractiva debido al uso de la fantástica mitología chilota como base de la historia. Lo cierto es que sin ser una película perfecta, Jorge Olguín al fin logra entregarnos un relato coherente, en su mejor cinta hasta la fecha.

Isabel Millalobos (Giselle Itié) es una científica marina radicada en Estados Unidos, que sufre los síntomas de una extraña enfermedad heredada por su padre, la misma que le quitó la vida hace unos años. Cumpliendo la promesa que le hizo cuando pequeña, Isabel regresará a Chile, específicamente a la misteriosa isla Millalobos en Chiloé, para rencontrarse con sus raíces y descubrir la increíble historia que se esconde detrás de su origen.

Situándose en un paraje natural tan imponente como la isla de Chiloé, la película no se gasta en mostrar los hermosos paisajes en los que se sitúa la historia, bajo una fotografía lúgubre y enigmática que se transforma en la columna vertebral de la notable atmósfera que consigue el filme, revelando la hermosura y el misterio de la isla. En términos de producción, la película también está impecable y demuestra que existe más ambición en esta entrega, que en cualquier otra en la que haya estado involucrado el realizador.

Todo va excelente en este apartado, hasta que comienzan a aparecer las animaciones en CGI, repitiendo los mismos errores que en sus apuestas anteriores con todo y la traumática imagen del pulpo gigante en la escena final de “Solos”. El diseño del barco fantasma, mejor conocido como el Caleuche, está muy bien en su diseño, pero cada vez que aparece en escena es imposible creérselo debido a lo precario de la tecnología que se usó para modelarlo, pareciendo una marioneta sin vida ni tripulación, que sí la tiene, y es un hibrido entre caballeros y samuráis bastante extraños y cuyo efecto en pantalla es solvente a ratos, especialmente en los momentos en que se insinúa su presencia por sobre aquellos que se muestran en plena acción. Esta obsesión por “mostrar”, echa a perder la correcta escena final, que contenía emoción y cerraba bien la historia, para rematar con un último plano simplemente bochornoso. Si no hay presupuesto para hacer las cosas bien, mejor ahorrarse los intentos mediocres y usar la lógica del “menos es más”, que en algunas escenas funciona a la perfección. El pobre uso del CGI se contrapone al acertado diseño de criaturas realizadas en base a maquillajes y disfraces, sin ser la gran cosa tampoco, funcionan y se hacen interesantes en pantalla.

En cuanto a la historia, estamos ante un guión clásico y bien estructurado, con un par de lagunas que no terminan por opacar a la trama, la que peca de ser demasiado extensa, sin mostrar nada que no venga a cuento, pero la falta de síntesis en el tramo final, teniendo todo listo para llegar al clímax, provoca distender aún más el desarrollo de las acciones. El ritmo tampoco ayuda a despertar el interés por el visionado, avanzando muy lentamente y distendiendo situaciones que, de haber sido mejor cohesionadas, se hubiesen potenciado de mucha mejor manera.

En cuanto al reparto, la actriz mexicana Giselle Itié es la chica en busca de su pasado, y entrega una correcta interpretación, incluso teniendo que hablar español chilenizado con acento gringo. Catalina Saavedra hace una versión terrorífica de la nana que interpretó hace unos años y Eduardo Paxeco, menguado por su perfecta dicción y léxico, es el que más se sale del contexto “isleño”. El resto del elenco hace papeles más pequeños, destacando Marcelo Alonso como el villano y Luz Valdivieso como la madre desesperada por tener un hijo y que manda a su marido a buscar al Caleuche para que le conceda uno.

Terror fantástico y chileno es lo que trae “Caleuche, El Llamado del Mar”. Sin ser una película redonda, es un producto más que digno, y de corregir los vicios que hasta la fecha le han jugado en contra, puede que en su próximo filme, Jorge Olguín nos entregue por fin una película de terror como la gente. Por ahora, tenemos la mejor película de su carrera.

Por Sebastián Zumelzu

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Cine

Star Wars: Los Últimos Jedi

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Star Wars: Los Últimos Jedi

Enfrentarse al desafío de continuar el legado de la magnánima franquicia de Star Wars, es un reto que no sólo debe tomarse con precaución, sino también con valentía. “Star Wars: Los Últimos Jedi” se posiciona en la cartelera con el camino bien pavimentado. Tras la sorpresiva aparición de “The Force Awakens” (2015) y el arrollador éxito de “Rogue One” (2016), el episodio ocho tiene por desafío mantener (y elevar) la barra de calidad que sus dos antecesoras han cimentado. Así como sus protagonistas tienen la responsabilidad de hacerse cargo del lado luminoso y oscuro de La Fuerza, esta película tiene como meta no sólo entretener y dar taquilla, sino cambiar el paradigma con el cual la saga se ha abordado en sus cuarenta años de historia.

La película retoma donde nos dejó el episodio VII. La primera orden ha destruido a la nueva República y, a pesar de haber perdido la base Starkiller, su superioridad militar respecto a la resistencia deja a los rebeldes al borde de la desaparición. Por otro lado, la chatarrera sensible a La Fuerza, Rey (Daisy Ridley), intenta traer de vuelta a la resistencia al legendario y deprimido Jedi, Luke Skywalker (Mark Hamill). La paz en la galaxia pende de un hilo y las fuerzas de ambos bandos se jugarán todas sus cartas en un choque inevitable, del cual uno de los dos no saldrá bien parado.

La trama de “Los Últimos Jedi” no deja espacios para respirar. Juega a tres bandas argumentales que consiguen conjugarse con la armoniosa astucia que sólo Disney parece conocer: la tensa acción, la sensible introspección y la rápida comedia. Porque sí, “Los Últimos Jedi” encaja perfectamente en la efectiva fórmula de las películas de Marvel; un equilibrio eficaz entre el vértigo, la intimidad y el cómodo drama, todo condimentado con amplias dosis de risas fáciles. Gracias a esto, la trama planteada por el director y guionista, Rian Johnson, consigue avanzar rápidamente y no deja muchos momentos para la discusión (aunque después del análisis ciertas cosas no cuadran mucho). Aun así, la historia se hilvana perfectamente con la línea editorial planteada en “The Force Awakens”, o más bien consigue madurar esas directrices y las empuja hacia los límites que su cinética narrativa permite. El guion avanza en tres líneas narrativas que progresan con una lógica aceptable y que consigue sumergirnos en el suspenso, la intriga y, sobre todo, la sobretonal emoción que la película pretende ostentar.

Los personajes se dividen en dos grupos claramente definidos: la nueva generación y las antiguas leyendas. Finn (John Boyega) y Poe Dameron (Oscar Isaac), rostros habituales, encabezan cada uno un arco argumental cargado de tensión y contratiempos. Finn juega un papel fundamental en el desarrollo de la trama entre la resistencia/primera orden y, aunque sus acciones se delimiten más por el azar que por mérito propio, consigue desarrollar una historia funcional y sin vueltas muy complejas. Dameron, por otro lado, finalmente protagoniza la trama que se le debía desde el episodio pasado y, como comandante de la resistencia, se enfrenta a decisiones morales que conllevan a enfrentar un tópico recurrente en el universo Star Wars: la impetuosa juventud versus la sabiduría que da la experiencia ¿Qué es más necesario, mártires o líderes? Una reflexión que la franquicia había obviado y que, por fin, se materializa con orgánica eficacia en la trama del piloto más hábil de la resistencia.

Pero todo esto no es más que un acompañamiento para lo realmente interesante, Rey y Kylo Ren (Adam Driver), quienes se roban toda la atención del filme al ser, quizás, los personajes de la franquicia fílmica que mayor conexión tienen con La Fuerza. En este punto, Johnson consigue un sorprendente manejo del suspenso y la inmersión. Nos mantiene capturados durante toda la película en espera a ver cómo se resuelven las dudas planteadas en el episodio anterior y consigue cosechar un crecimiento, si bien no sobresaliente, al menos creíble de sus nuevos héroes. El manejo del misterio y la intriga en la trama de los dos sensibles a La Fuerza es el punto más destacado de esta historia, la cual no termina por sorprender, pero si consigue coherencia y solidez respecto a los personajes que construye. Rey evoluciona, con sentido y razón, pero sigue siendo un personaje plano y bidimensional, mientras que Kylo Ren no hace más que avanzar, a veces desde la puberta hipérbole, como el gran protagonista de la nueva franquicia.  Ambos son los indiscutibles líderes de esta nueva camada de películas, quienes, en distinta medida, mantienen con vida la ambigüedad que implica La Fuerza, la luz y el lado oscuro; lo correcto y lo necesario.

Por otra parte, es imposible obviar a las leyendas Luke Skywalker y Leia Organa (Carrie Fisher). La princesa cumple su rol como general y personaje de apoyo, mientras que Luke, en esta faceta decaída y cabizbaja, entrega una interesante interpretación como último y decadente maestro Jedi. En este punto vale la pena detenerse, pues Disney parece no tener escrúpulos en volver evidente su divorcio con el legado de George Lucas y continuar con su insípido manejo de los personajes clásicos. Los hermanos Skywalker tienen limitados momentos propios a lo largo del filme, pero, por cómo se les aborda, pareciera que cuarenta años de legado súbitamente han desaparecido en provecho de los nuevos protagonistas. Asimismo, los secundarios “de antaño” han desparecido casi por completo y sus participaciones son limitadas a la comedia y los gags. Una lástima.

En lo técnico la película es un acierto en todas sus áreas. Fotográficamente, la madurez de la saga salta a la vista. Diversos fotogramas nos entregas variadas metáforas visuales que nos hablan del mundo interno de los personajes, como la frustración que siente Luke o la soledad que rodea a Rey y Kylo. La música, a cargo del maestro John Williams, se empareja con el montaje y levantan escenas enteras, entregándonos un espectáculo de vértigo, suspenso y emociones.

Visualmente el filme es un éxito en justa regla. La brutal pericia de la post producción demostrada por LucasFilm en las dos entregas anteriores alcanza su peak en este momento, dando vida a mundos llenos de detalles (el caso de los planetas) y dotando de espectacularidad toda la marcialidad de la Nueva Orden. En terrenos espaciales, las batallas están logradas bastante bien y, aunque limitadas, divierten dentro de lo posible. En general los combates, espaciales y terrestres, no son el plato fuerte del filme (en comparación con la suprema “Rogue One”), no así las coreografías e intrépidas batallas de sables láser y similares, las cuales deslumbran gratamente. Esta es una película que visualmente envejecerá muy bien y cuyos méritos en ese apartado no pasan solamente por la solidez de sus efectos especiales, sino también por la clara sensibilidad detrás de su visión fotográfica y su armado de montaje.

“Los Últimos Jedi” finalmente se libera de la mochila que implica cargar con ocho películas en su espalda y, a la velocidad de la luz, emprende vuelo propio en pos de la nueva generación, tanto de héroes como de espectadores. Los tiempos han cambiado y así mismo lo han hecho las audiencias y los realizadores, por lo que es obvio que la narrativa de Star Wars mute hacia la sintonía de Disney y sus otras patentes: comedia fácil, villanos planos y héroes bidimensionales que coexisten en una trama de manual escrita por talentosos guionistas. Si “The Force Awakens” fue un evidente tributo a la trilogía original, “Los Últimos Jedi” toma limitados y puntuales elementos de la saga, les da identidad propia y consigue entregarnos algo jamás visto, nuevo y propio. Quienes esperen revisionar “The Empire Strikes Back” (1980), acá no la van a encontrar. La saga ha tomado su propia ruta y, salvo puntuales momentos, delimita un nuevo camino por el que continuará la franquicia; no hay vuelta atrás. El filme es el heredero perfecto para la línea editorial planteada en el episodio VII, la hija prodigio de la space opera de J.J. Abrams. Sea esto bueno o malo, sólo el tiempo lo dirá.


Título Original: Star Wars: The Last Jedi

Director: Rian Johnson

Duración: 152 minutos

Año: 2017

Reparto: Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Óscar Isaac, Mark Hamill, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Benicio del Toro, Laura Dern, Gwendoline Christie, Kelly Marie Tran, Lupita Nyong’o, Anthony Daniels, Andy Serkis, Warwick Davis


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