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Búsqueda Implacable 3

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Entre los logros de “Búsqueda Implacable” (2008), una producción francesa de moderado presupuesto liderada por un director sin obras significativas a su haber, estuvo el haberse vuelto un extraordinario éxito de taquilla a nivel internacional y el marcar un punto de giro en la carrera de su protagonista Liam Neeson, quien en sus cincuenta se convirtió en un atípico referente como héroe de acción. Lógico fue entonces que se intentara repetir el fenómeno causado por la cinta sobre el agente retirado de la CIA que se embarca en una misión para salvar a su hija, llegando así la inevitable “Búsqueda Implacable 2” (2012) y ahora la inferior “Búsqueda Implacable 3”, que indica el fin de esta inesperada franquicia.

TAKEN 3 01La trama debe mantenerse lo suficientemente similar a las instalaciones anteriores para ofrecer cierta coherencia en los temas que trata la saga, por lo que nuevamente el agente Bryan Mills (Liam Neeson) se ve envuelto en una matanza a innumerables extranjeros, para luchar en nombre de sus seres queridos antes de que sea demasiado tarde. Esta vez, Mills es acusado de un asesinato que no cometió, y debe escapar de la escena del crimen y de la subsecuente cacería por parte de la policía para limpiar su nombre y tomar venganza contra quienes intentaron inculparlo.

Si en las cintas anteriores se le sacó el jugo a París y Estambul como locaciones no sólo atractivas, sino también funcionales para el desarrollo de la trama, ahora Los Angeles toma el lugar como el casual escenario en que se lleva a cabo la historia, pero desde el principio la ciudad está utilizada tan poco creativamente, que sólo sirve para augurar un número mayor de decepciones por venir. Tanto las locaciones como los enemigos y los conflictos son menos interesantes y originales que en el pasado.

Liam Neeson sigue cumpliendo diligentemente con las tareas que le ponen delante a su personaje, desde las escenas más cursis en que se relaciona con su familia, hasta las inverosímiles secuencias de TAKEN 3 02acción que nunca suponen un riesgo real para un personaje que se ha demostrado indestructible anteriormente, y que en esta entrega escapa de la muerte de formas aún menos creíbles. La única que parece correr algún riesgo real es su hija Kim (Maggie Grace), que inexplicable pero convenientemente no es capaz de mantenerse fuera de peligro. En este mundo en que las mujeres mueren, necesitan ser salvadas por hombres o simplemente no existen; Kim se mantiene como la eterna víctima.

La historia no es digna de mayor mención o análisis. Es una serie de persecuciones y escapes trillados, planes aparatosos de villanos caricaturescos y giros predecibles que cuestionan la inteligencia del espectador escena tras escena. Incluso las secuencias de acción son poco gratificantes en el sentido que resultan simplemente confusas. La propuesta de montaje es la de una sucesión vertiginosa de planos que repiten información y no duran más que un par de segundos. Pero cuando la explosión de un auto es mostrada a través de once cortes, es evidente que la técnica se vuelve excesiva y termina por abstraer de la historia. En innumerables secuencias el ritmo de videoclip de la cinta parece obedecer más al déficit atencional de adolescentes inquietos que a otra cosa, lo que es especialmente doloroso al inicio de la película, en que un poco más de permanencia en cada plano hubiera permitido una introducción más efectiva a la historia y un involucramiento mayor con los personajes.

TAKEN 3 03El crédito de Luc Besson en el guión –al igual que en las dos predecesoras- aclara un poco las exageraciones a las que se permite llegar la cinta y los giros absurdos de los que peca, recursos que suelen dar mejores resultados cuando se tiene a un realizador más apto liderando el proyecto. Pierre Morel supo manejar estos elementos más exitosamente en el caso de la primera entrega y el mismo Besson los utilizó a su favor recientemente en la ridícula pero exitosa “Lucy” (2014), sin embargo, aquí el director Olivier Megaton parece simplemente no entender cuál es la mejor forma de encausar el material con el que está trabajando, dirigiendo ineptamente la atención a lo más obvio y no aportando nada original a esta nueva instalación.

La existencia de “Búsqueda Implacable 3” es sólo otro exponente de una de las más frustrantes –pero comprensibles- tendencias de Hollywood: repetir algo interminablemente cuando nota que funciona y le reporta beneficios, sin particular preocupación por la calidad del producto entregado. Tras esta decepcionante entrega, sólo queda esperar que el tagline de la película (“Todo termina aquí”) sea una promesa más que un gancho publicitario, y que esta película le dé fin a una saga a la que ya le llegó la hora de terminar.

Por Ignacio Goldaracena

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Felipe Haldo Oliveros Carrasco

    29-Ene-2015 en 10:50 pm

    Son entero pollos a mi me gusto.

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David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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