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Cine

Buscando Un Amigo Para El Fin Del Mundo

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El fin del mundo está cerca. Tanto, que ha sido pronosticado miles de veces, siendo la más famosa de la generación el cambio de siglo, aunque siguen apareciendo agoreros que alinean los planetas, juntan plagas o desatan cataclismos globales. Este mito recorre las culturas y los pueblos, y es tan común para el hombre imaginar la desaparición de sí mismo y aquello que lo rodea, que la teología tiene una rama especial que se dedica a elucubrar sobre estas cuestiones la escatología. En la actualidad estas ideas, si bien han perdido la fuerza de épocas más oscuras, se han atomizado y diversificado. Ya no es necesario adscribir a una religión para sostener que todo se acabará y que será en un tiempo no lejano. Por eso el cine, sobre todo el comercial, ha recogido la inquietud derivada de teorías conspirativas y fanatismo religioso, para aportar un abanico de visiones acerca del término de las civilizaciones, el aniquilamiento de la vida humana o la destrucción del planeta. Y ya hemos visto demasiado, desde finales épicos de salvación a mundos post-apocalípticos, pasando por toda la destrucción que puedan crear las gráficas de un computador. Lo único que faltaba era una comedia romántica sobre el tema, y es lo que sustenta, como premisa, “Buscando Un Amigo Para El Fin Del Mundo”.

Dodge (Steve Carell) es un aburrido vendedor de seguros que ve a su mujer alejarse corriendo del auto, luego que los dos escuchan la inexorable noticia de que la misión para salvar al mundo falló, y el asteroide Matilde chocará con la Tierra en 21 días. Al asumir la separación tras saber que su mujer lo engañaba y para superar una depresión existencialista, Dodge se propone ir a buscar a su primer amor de secundaria, del cual nunca pudo recuperarse. Para ello, se hace acompañar de Penny (Keira Knightley), su vecina, melómana y con narcolepsia; quien ha perdido el último vuelo comercial y no podrá juntarse con sus padres para pasar con ellos el Apocalipsis.

La estructura narrativa es simple, incluso los giros son los esperables para un film de estas características. Estamos ante la presencia de una road movie, lo que termina por ser la elección más lógica, ya que ante la inevitable fatalidad de la existencia, lo único que queda es atesorar lo que nos define como individuos en el pasado. Por eso la pulsión de recorrer los antiguos barrios, visitar viejos amigos y arreglar esos pequeños grandes conflictos con los más cercanos. Pese a ser una premisa tan obvia en el papel, nunca se ve forzada, ya sea por la correcta puesta en escena o las actuaciones de los “cabezas de cartel”. Porque tiene mucho sentido querer revisitar los recuerdos antes del final, y no importa cuánto haya que recorrer para lograr ese objetivo.

Al estar enfocada en la pareja protagónica, es lamentable que la película descuide la construcción de personajes secundarios, tan necesarios para sostener historias y darles la a veces esquiva verosimilitud. También es bastante sensato evitar un abanico de personalidades complejas, porque crear un relato coral sería una empresa difícil de controlar, que en manos inexpertas terminaría por naufragar. El problema se presenta cuando se constata que casi todos los secundarios son caricaturas, demasiado exagerados o sin ninguna influencia para la pareja principal. Quizás la razón para eso esté en la necesidad de afirmar el carácter de comedia romántica de la cinta, pero este defecto le quita fuerza al resultado, haciendo que muchos episodios sobren más que aporten.

Por este detalle, lo mejor de “Buscando Un Amigo Para El Fin Del Mundo” se concentra en la pareja formada por Keira Knightley y Steve Carell, relación que pasa por la sorpresa de conocerse, a la complicidad, con las largas conversaciones en la carretera y la ternura antes de dormirse. Son estos pequeños diálogos, tan comunes que pueden parecer obvios, que en el contexto del fin del mundo toman una fuerza inusitada, hablando del sinsentido de la vida postmoderna, la búsqueda de la significación de la existencia a través del amor y de qué sucede cuando lo encontramos. Por eso, ante la destrucción de todo, lo único que queda es resolver el pasado, atesorar los recuerdos y morir con quien amas. Y ante el fin, la eternidad es lo último que verán nuestros ojos antes de cerrarse.

Por Juan Pablo Bravo

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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