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Brooklyn: Un Amor Sin Fronteras

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Un inamovible en los recuentos de fin de año son las películas de molde correcto y sintético, que no se aproximan ni un centímetro a remecer o tocar alguna fibra, pero que gustan más que propuestas que cobijan al menos intenciones de permanecer en la memoria. Se trata de cintas que por lo general son sólidas en cuestiones ajenas al corazón mismo de la obra y que terminan concitando más atención y aplausos de los que merecerían, y que suelen calzarse el traje de filme de época. “Brooklyn: Un Amor Sin Fronteras” podría haber sido eso, otra más del grupo, pero en su interior palpita algo que por sí solo la levanta y la erige como una película de gran belleza.

BROOKLYN 01Estacionada a comienzos de los años 50, la cinta sigue a Eilis Lacey (Saoirse Ronan), una joven irlandesa que vive en un pequeño pueblo junto con su madre (Jane Brennan) y hermana (Fiona Glascott), y que pasa los fines de semana trabajándole a una hosca señora en una tienda en el centro. Llegado un día, a la muchacha se le presenta la oportunidad de emigrar a Estados Unidos, por lo que pasa de vivir en la quietud de su tierra natal a trasladarse a Brooklyn, donde es acogida en una casa solo habitada por mujeres liderada por Madge Kehoe (Julie Walters). Si bien al poco tiempo consigue empleo, Eilis no termina de acomodarse a su nueva vida y extraña a su tierra y su familia, lo que cambiará sólo cuando se cruce en su camino Anthony (Emory Cohen).

Aunque el amor en sus distintas formas transita a lo largo y ancho de todo el relato, la película rehúye quedarse sólo en esos reducidos terrenos. Cadenciosa y pulcramente, a través de la historia de la marcha de una chica y el desamparo de armar algo desde la nada, escudriña sobre cuestiones simples pero trascendentales, partiendo por el apego a las raíces y lazos de sangre, cruzando por el dolor intrínseco de dejar atrás personas y otros tiempos, hasta el vértigo que implica decidir qué y quién se quiere ser en esta vida. La protagonista son nuestros ojos y lo que vive por momentos es desgarrador, por lo que todo su recorrido se percibe cercano y casi propio. Lo que mueve las bujías es cómo esa niña temerosa y vulnerable pasa a ser algo más, cómo se sacude de todos esos miedos y mira hacia adelante BROOKLYN 02y se esfuerza por tomar decisiones que la enorgullezcan. Emprendemos el viaje y la cinta nos hace seguir por completo y sin jugarretas ni ambigüedades la evolución de Eilis. La película es ella y es la actuación de Saoirse Ronan, en un papel que parece haber nacido para interpretar. Silenciosa, dulce, frágil, lentamente va experimentando cambios, en un compás que la perfila como una encarnación de tantas mujeres que tuvieron una historia similar.

Puntualmente, sus deseos de ser una obra que condense una época y a millones no son desbocados. De hecho, el filme encuentra esos ecos casi naturalmente, en una búsqueda que corre más de la mano con la modestia. Y como tiene muy bien decidido qué historia de inmigrantes desea contar –no una cruda o atormentada, no una donde las injusticias copen el relato, no una especialmente política ni social– posiblemente no pase a la posteridad como una cinta sobre el tema. La película descarta esas luchas y no huye de lo que es; tal como “Creed: Corazón de Campeón”, otro estupendo estreno de esta semana, no se esfuerza por taparse de prendas que no le pertenecen. Es sencilla pero tan jugada y honesta en sus propósitos que se termina configurando como una obra de considerable valor.

Navegando en esas búsquedas, el filme no teme sacar provecho del vestuario, la fotografía y la música para ilustrar el tránsito de un punto a otro. En cintas similares todo eso puede estar muy bien cuidado, pero pocas veces es expuesto como un baluarte y un apoyo, como sí ocurre en este largo. En esas decisiones hay prestancia y por sobre todo un BROOKLYN 03punto de vista que calza con lo autoral. John Crowley compone con belleza los planos, no sólo ubica la cámara correctamente como dicta el manual genérico de películas de época. Acá hay cine y una utilización de los recursos acorde, no sólo una buena historia, por lo que tiene asegurado un lugar de privilegio dentro de las pequeñas y modestas producciones que de cuando en cuando aparecen y nos encantan con elementos que al ser bien utilizados no lucen anticuados.

Como buena cinta británica, por entremedio también se cuela el humor fino y ajustado y las convencionalidades de rigor –la dinámica de las comidas en la casa que habita la muchacha–, como si no pudiera pasarlas por alto. Eso, aunque la empuja hacia un terreno más familiar y cotidiano, y por lo tanto, también más conservador, no le resta sus destellos. Buenos méritos que probablemente no se veían manifestados en una película de la isla desde “An Education” (2009), un filme sobre una chica que se enamora de alguien mayor y en el camino enfrenta decepciones, dolores y más de una alegría, pero que finalmente crece. La cercanía cinematográfica no es antojadiza: ambas cuentan con guión del escritor Nick Hornby, quien consiguió nominación al Oscar por los dos trabajos. Llevar a un personaje de un punto a otro y no abandonarlo en el camino es la historia de esas cintas con la firma del autor inglés y también de tantas otras, pues finalmente es tan viejo como el arte mismo. Ahora, hacerlo con fineza y cariño, no es llegar y jalar del buzón.

Por Gonzalo Valdivia

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Contra Lo Imposible

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Contra Lo Imposible

Plasmar cinematográficamente acontecimientos relacionados con el deporte implica trazar una línea, aludiendo al proceso detrás de la preparación antes de enfrentarse a un gran evento, con los conflictos situados entre medio configurando la trayectoria de quienes protagonizan grandes hazañas deportivas. Una de las carreras de automovilismo más prestigiosas sirve como el escenario perfecto para situar fuerzas opuestas en medio de un conflicto de intereses donde las destrezas, el compañerismo y la determinación serán fundamentales para alcanzar el éxito. Dos años después de su exitosa “Logan”, James Mangold dirige una historia inspirada en hechos reales y que tiene al centro a dos de las grandes compañías de automóviles del mundo: Ford y Ferrari.

“Contra Lo Imposible” se centra en el visionario diseñador de autos Carroll Shelby (Matt Damon) y el corredor Ken Miles (Christian Bale). Ambos estarán encargados de diseñar y construir un auto de carreras para la compañía Ford, el que debe ser capaz de vencer a su oponente más poderoso en manos de Enzo Ferrari (Remo Girone). Juntos deberán luchar contra los intereses corporativos para, al mismo tiempo, alcanzar sus victorias personales.

La cinta aprovecha desde su inicio el concepto en el que se encuentra inmersa, pues las carreras de autos son su principal motor, y estas son representadas con una mirada intuitiva, capaz de exhibir con agilidad cada momento y componente de una carrera automovilística. Y considerando su extensión, alcanzando las dos horas y treinta minutos, el ritmo agitado se vuelve esencial para conducir un relato que realmente profundiza en su principal temática.

Las decisiones de encuadres y montaje ayudan a edificar una historia que arranca tal como lo hace un auto de carrera y debe avanzar poniendo especial atención a las curvas con las que se encuentra. Y es ahí donde las pausas son necesarias para así poder evidenciar el entramado que se teje al interior de la compañía Ford y, a la vez, aprovechando de adentrarse en la vida personal del corredor que estará a cargo de conducir el moderno automóvil.

Para poder construir una historia que intenta alcanzar un nivel épico dentro de su contexto, esta es divida en dos trayectos que avanzan a la vez y que juntan su camino en la carrera de Las 24 Horas de Le Mans. Por una parte, la compañía Ford y su lucha por competir con las grandes entidades del mundo automotriz, es el centro y detonador que empujará a sus protagonistas a enfrentarse a grandes obstáculos para alcanzar el principal objetivo. La compañía es a la vez representada como quienes instalan los inconvenientes corporativos, donde los intereses monetarios preponderan frente a la pasión que significa para los protagonistas el poder diseñar el revolucionario nuevo modelo.

Por otra parte, el encargado de conducir el nuevo automóvil es el obstinado Ken Miles, el que simboliza un espíritu agitador y con el objetivo de alterar la firmeza de la compañía. Junto a su carácter testarudo y poco apacible, Ken es el personaje que más cambios sufre a través del relato, siendo capaz de transformar su razonamiento, pero gracias a quienes lo rodean, su esposa e hijo. Sin embargo, su camino no podría completarse sin el apoyo de su amigo y socio en este negocio, Caroll Shelby. La relación de ambos es la manifestación del compañerismo y el cariño fraternal; en ellos está puesta la cuota necesaria de idealismo, la que los ayudará a continuar adelante, pese a las adversidades.

James Mangold logra crear un drama deportivo complejo y con las características de un cine algo más clásico, rememorando a producciones hollywoodenses de antaño, pero con la apariencia física de una obra moderna que cuida su tratamiento. “Contra Lo Imposible” alcanza un nivel satisfactorio, donde el mundo que retrata queda plasmado con total firmeza y es coherente con sí misma hasta el final.


Título Original: Ford v Ferrari

Director: James Mangold

Duración: 152 minutos

Año: 2019

Reparto: Matt Damon, Christian Bale, Jon Bernthal, Caitriona Balfe, Noah Jupe, Josh Lucas, Tracy Letts, JJ Feild, Ray McKinnon, Rudolf Martin, Ward Horton, Bridie Latona, Lachlan Buchanan


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