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Birdman

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Entendemos que la evaluación de un largometraje se debe hacer considerando todos sus ítems, individual y colectivamente. Atendiendo esto último, también sabemos que existe un producto final, el que será resultante de la necesaria cohesión entre todos sus elementos. Es en este contexto que cabe hacer una pregunta capaz de ordenar las relevancias adecuadas dentro de un trabajo cinematográfico: ¿A quién, finalmente, pertenecen las películas? ¿A los productores que ponen el dinero, quienes simultáneamente son los encargados de recibir los premios cuando corresponde? ¿A los actores que, en su exposición, son los responsables de enganchar al espectador? ¿A los guionistas, determinantes para la lógica de una historia? ¿O es al director, la figura en la que se deposita toda la importancia del “cómo”? El estreno de un título como “Birdman”, en el peor de los casos, probablemente genere discusión en torno a esta interrogante.

BIRDMAN 01Riggan Thomson (Michael Keaton) es un actor que se encuentra quemando los últimos cartuchos de un pasado lleno de fama, consecuencia de la encarnación de Birdman, un rol que lo marcaría de por vida. Ahora, convertido también en director y guionista, pretende montar una obra de teatro bajo las luces de los siempre difíciles escenarios de Broadway. Una tarea que parece común, de a poco se irá transformando en un mal sueño para Riggan, quien aparte de luchar contra sus propios demonios personales para llegar a hacer un estreno exitoso, también tiene que atender los problemas con Sam (Emma Stone), su hija adolescente, y Mike Shiner (Edward Norton), el petulante actor de reparto en su obra, sin olvidar que la crítica espera para valorar o hacer pedazos su trabajo.

Autorreferencia es el primer concepto que se puede desprender de una cinta del tipo de “Birdman” que, a partir de su concepción, está dispuesta como una crítica rebosante de la más genuina ironía, lo suficientemente madura como para ser capaz de autoflagelarse e incluirse a sí misma en la visión de una industria que se ha permitido apostar por la cantidad, en lugar de la calidad. La historia de un actor sujeta en la decadencia de una carrera que, si en otros tiempos estuvo cargada hacia a los éxitos, ahora se abandona a los últimos réditos que puedan obtenerse de su one hit wonder fílmico. A este respecto, la película se encarga de aterrizar la realidad efectiva de las muchas entidades que conforman los entornos del cine, el teatro o la televisión.

BIRDMAN 02Dentro de estos círculos no todo es miel sobre hojuelas; no todos son invitados a contar su vida en el late de turno, ni pueden comprar una mansión en cada continente, y tampoco quieren adoptar niños huérfanos de Tanzania. Por el contrario, esto parece representar sólo una parte del medio, en donde la idealización de la fama o la fusión entre un rol y la persona, pueden acabar con los proyectos de cualquiera. Esta lectura tiene todo su asidero en el perfil de Riggan –seguramente el excelente cometido que tuvo Michael Keaton con este papel se deba precisamente a que la historia de Thomson es muy similar a la propia como actor-, un personaje a todas luces fascinante que, en su necesidad de reinvención, se encuentra perdido entre sus incertidumbres y su desdoblamiento, acentuados por la presión de lo que puede ser la única oportunidad para triunfar en la meca de la escena teatral neoyorquina.

Si lo anterior está propuesto en un extremo, entonces, ¿qué viene luego? Luego están los críticos, parte de una misma industria colmada de egocentrismos. “Un crítico se convierte en uno porque no puede ser actor; el actor arriesga”, “¿Qué tiene que pasar en la vida de un crítico para hacerse tal?”, dicen Mike Shiner –un sobresaliente Edward Norton-, y Riggan Thomson, respectivamente. El tono sarcástico de los diálogos, enmarcados en situaciones que logran coincidir acertadamente con instancias reales, revelan que por más que las relaciones de las partes involucradas en el mundillo del entretenimiento –donde la competitividad y la autocomplacencia funcionan como motores- sean inestables, muy poco se puede hacer sin que las contrapartes se validen. El ácido humor que se establece con toda propiedad en aquellas escenas (y en todo el ancho del filme), logra encajar de la mejor manera para que se concreten pasajes realmente brillantes.

BIRDMAN 03Para que una película aborde de manera consistente su conflicto central y desarrolle de la misma manera el número indeterminado de historias que lo secundan, es necesario que el tacto del director sea el correcto; es en este punto que “Birdman” tiene la carrera completamente ganada. Alejandro González Iñárritu, quien se desentiende del drama de sus intervenciones anteriores para llevar a su actual largometraje por el camino de la comedia negra, y que sabe hacer de la conjugación de sus múltiples relatos algo lógico en una misma cinta, ahora explora otras posibilidades, totalmente arriesgadas en su forma. Lo que aquí hace el cineasta mexicano, se puede entender como todo un homenaje a los trabajos de cámara. En “Birdman”, las tareas se realizan bajo el precepto de lo que parece ser una sola gran toma para toda la película, de un único y devastador plano secuencia (falso, por cierto), que nos arrastra por cada uno de los lugares que forman parte del armado visual del filme y de las varias posibilidades de actividad en un sitio como el teatro, otorgándonos la oportunidad de ver en tiempo real qué es lo que está pasando en todos sus alcances. La cámara va dibujando la mayor cantidad de perspectivas posibles, a partir de distintas miradas, transformándose así en una protagonista más, recordando de igual forma lo que en 2002 hiciera la rupturista “Russkiy Kovcheg”. Asimismo, las transiciones se van maquillando sobre el mismo recurso, resultando en todo un notable efecto de continuidad que, sumado al nunca incesante ritmo del relato, permiten que la presentación de cada uno de los escenarios argumentales tenga su espacio asegurado.

BIRDMAN 04La enorme lista de elementos audiovisuales de los que González Iñárritu dispone, se terminan fundiendo de manera perfecta con la impecable estructura narrativa que el realizador va forjando en el metraje. Un ejemplo de aquello es marcar con igual valoración los diferentes monólogos que toman forma en los personajes de Emma Stone y Michael Keaton, junto a las ya mencionadas transiciones del montaje, como puntos de inflexión en el relato. Los sendos trabajos de Antonio Sánchez en música –quien lleva la percusión a otro nivel-, y de Emmanuel Lubezki en fotografía –permanente colaborador en las películas del también mexicano Alfonso Cuarón, insigne reivindicador del plano secuencia- acaban por rematar un título que para las generaciones venideras será fundamental.

A pesar de que “Birdman” se burla descarnadamente de todo lo que se relacione con el cine, incluso dándose el tiempo de repasar al cine de autor más arrogante, la Academia le ha entregado 9 nominaciones a los Oscar 2015, quizás obedeciendo a la lógica del “somos un Hollywood incluyente y podemos reímos de nosotros mismos”. Como sea, lo que Alejandro González Iñárritu aquí nos ofrece, posee todo el crédito para convertirse en una joya inmediata y en un clásico atemporal. El responsable de decidir aquello será el público, sector al que inobjetablemente, en medio del fuego cruzado entre artistas y críticos, pertenecen las películas.

Por Pablo Moya

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El Llamado Salvaje

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El Llamado Salvaje

El CGI (Computer Generated Imagery) en el cine es a menudo un tema controversial al ser a veces mal utilizado, o ser técnicamente deficiente. A veces el efecto que genera es simplemente espantoso, como en el caso de “Cats” (2019), en otras busca ser casi lo único valioso en una película, más que historia o personajes, como en el caso de “Avatar” (2009). Esto se debe en gran medida a que es un recurso relativamente nuevo en la historia del cine, y las capacidades técnicas de los efectos especiales siempre están evolucionando. Algo notable de “El Llamado Salvaje” desde un principio es el uso de CGI para generar personajes casi en su totalidad, lo que es definitivamente una apuesta arriesgada. Sin embargo, el resultado, a pesar de no ser perfecto, es un buen camino a seguir para la industria en el futuro.

La historia sigue a Buck, un perro grande y afable, criado por una acaudalada familia en California, que es secuestrado y vendido durante la Fiebre del Oro, y enviado a Yukon, al norte de Canadá. Ahí vivirá diversas aventuras y conocerá a diferentes perros y personas que lo acercarán a su lado más salvaje, lo que finalmente lo llevará a su destino.

“El Llamado Salvaje” es una sólida película de aventuras, en gran medida porque el personaje principal es profundamente querible. Pese a que puede ser sumamente difícil generar empatía con un protagonista que no habla, por lo que se vuelve difícil entrar en su mundo interior, el film toma las decisiones adecuadas de utilizar una voz en off que a menudo nos dice lo que piensa, y hacer uso del CGI para darle al animal un gran rango de emociones y personalidad. Inmediatamente somos capaces de conectarnos con Buck, y además de entender su relación con los otros animales que conoce, los que también son sumamente expresivos.

Y ese es uno de los grandes aciertos de la película. El uso que le da al CGI tiene más que ver con construir personajes expresivos y queribles que con buscar un fotorrealismo que sea técnicamente sorprendente, o con generar un mundo de fantasía que sea el gancho de la cinta. A diferencia de “The Lion King” (2019), acá los personajes caninos están llenos de expresividad y personalidad, incluso a pesar de no tener voz, y esto es casi en su totalidad a lo efectivo del CGI.

Aunque, claro, la falta de prolijidad técnica en la animación de los personajes se siente, y en algunas escenas casi llega a distraer de la historia. Hay momentos en que estos no alcanzan a mezclarse bien con su ambiente y se sienten como personajes de videojuego, moviéndose por un ambiente de manera desconectada. Sin embargo, el film completo genera una sensación de fantasía y plasticidad que se complementa bien con este aspecto.

Básicamente, todo es un poco plástico, pero al menos de manera coherente. Se siente como un film animado, tanto por su textura visual como por su puesta en escena, lo que tiene sentido, considerando que es la primera película live action del director Chris Sanders, famoso por “Lilo & Stitch” (2002) y “How To Train Your Dragon” (2010) y “The Croods” (2013). Esto lleva a que los momentos en que el CGI falla se vuelvan menos choqueantes y nunca lleguen a ser más llamativos que la historia en sí.

“El Llamado Salvaje” no es una película perfecta, tiene algunas falencias de guion, algunos de sus personajes (particularmente los villanos) son algo caricaturescos y el final se vuelve sobre explicativo, alargándose y siendo innecesariamente cursi. Sin embargo, al igual que el viaje de Buck, es una película con altos y bajos: una vez terminada, es un viaje que valió la pena tomar. Y no sólo eso, es también un buen ejemplo de las posibilidades narrativas que puede tener el uso de CGI en el cine, si dejamos de centrarnos en el aspecto técnico y volvemos a concentrarnos en la historia y los personajes.


Título Original: The Call Of The Wild

Director: Chris Sanders

Duración: 105 minutos

Año: 2020

Reparto: Harrison Ford, Dan Stevens, Bradley Whitford, Karen Gillan, Omar Sy, Jean Louisa Kelly, Terry Notary, Cara Gee, Colin Woodell, Wes Brown, Anthony Molinari, Brad Greenquist


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